¿Qué hacer si el niño pierde el conocimiento?

Cuando un niño se desmaya se genera una gran ansiedad en su entorno. La mayoría de la veces se trata de un síncope común, sin importancia.

 

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¿Qué es un síncope?

El síncope vasovagal, también llamado síncope común, es con diferencia la causa más frecuente de pérdida transitoria de conocimiento en niños y adolescentes.

El síncope, más conocido coloquialmente como desmayo, desvanecimiento, lipotimia o vahído es una pérdida de la conciencia y del tono muscular de inicio brusco, de breve duración (generalmente segundos) y con una recuperación rápida.

En niños menores de 6 años es poco frecuente. Es más habitual que se produzca en adolescentes, sobre todo chicas. Se estima que entre un 15-20% de los adultos jóvenes lo han experimentado al menos una vez en la infancia o adolescencia.

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Estos son los síntomas

Antes de desmayarse, la persona que lo sufre puede sentir algunas manifestaciones como:

- Palpitaciones
- Sudoración fría
- Náuseas
- Pérdida de visión o visión nublada,
- Zumbido en los oídos 
- Sensación de debilidad muscular.

Aunque la recuperación de la conciencia suele ser rápida, es frecuente que durante las horas siguientes la persona que lo ha sufrido presente dolor de cabeza, sensación de mareo y aturdimiento.

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¿Por qué se produce?

En la mayoría de los casos se deben a una bajada transitoria de la tensión arterial que no está producida por ninguna enfermedad del corazón.

Tienen diversos desencadenantes, algunos de ellos muy típicos y conocidos:

- La visión de sangre
- El dolor propio o el ajeno
- El ayuno prolongado
- La falta de sueño
- Permanecer durante mucho tiempo de pie o en lugares muy concurridos y con mucho calor en el ambiente
- Los cambios de postura bruscos (sobre todo al levantarse de la cama), etc.

A pesar de esta aparente benignidad, hasta que se realiza una valoración médica para descartar que los síncopes tengan otra causa, pueden generar una gran angustia familiar y personal y conducir a una restricción de la actividad física y absentismo escolar.

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Evaluación médica

El objetivo de la evaluación de quien ha sufrido un síncope es diferenciar al paciente con una causa benigna, la mayoría de los casos, de aquel con una causa potencialmente grave o mortal (síncopes cardiacos, neurológicos). 

En primer lugar, mediante la entrevista con el paciente. La descripción que realizan tanto él como las personas que lo presenciaron ofrece la información más importante para identificar un síncope de causa benigna.

Mediante la exploración física y técnicas diagnósticas como el electrocardiograma y la ecocardiografía pueden descartase algunas enfermedades cardiacas que pudieran haber producido el síncope. 

En algunos casos muy concretos puede estar indicado realizar otras pruebas diagnósticas, como la ergometría (prueba de esfuerzo cardiaca), el estudio electrofisiológico o la prueba de mesa basculante.

En el caso de los más pequeños, los espasmos del sollozo, las arritmias cardiacas y los trastornos con convulsiones, son las principales consideraciones a realizar cuando se produce una pérdida de consciencia.

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Tratamiento para el síncope

Los síncopes, no debidos a enfermedad, que son la mayoría de los casos, no precisan ningún tratamiento.

Su evolución natural es ir mejorando con el paso del tiempo. Durante los siguientes años desde su aparición se hacen menos frecuentes y los mareos menos intensos.

No obstante, es importante ofrecer a quien los han sufrido en varias ocasiones una serie de recomendaciones para intentar que tengan la menor repercusión posible sobre su calidad de vida. 

En cuanto aparezcan los primeros síntomas que preceden al síncope (sensación de debilidad y mareo, visión borrosa, sudoración, náuseas...) es necesario que el niño se tumbe lo antes posible (da igual si es en la calle) para evitar la pérdida de conciencia y la caída al suelo y respirar lenta y profundamente

En caso de que tu hijo pierda el conocimiento es conveniente elevarle las piernas y ponerle la cabeza de lado para que respire mejor.
Cuando se recupere y desaparezca la sensación de malestar y debilidad puede incorporarse muy lentamente.

Aunque, como ya hemos indicado, la gran mayoría de los síncopes son benignos, existen otras causas (trastornos neurológicos como la epilepsia, cardiacos, pisquiátricos y metabólicos, muy poco frecuentes) que el médico debe valorar. Ante la más mínima duda, acude a su pediatra.

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Consejos para el día a día

Hay que evitar situaciones desencadenantes del mareo como:

- Permanecer en lugares cerrados, muy frecuentados y poco ventilados donde haga calor
- Evitar la visión de sangre o de heridas (propias y ajenas).
- El niño debe saber que no debe levantarse de forma brusca de la cama o después de haber estado sentado o tumbado durante mucho tiempo. Es importante que lo haga poco a poco para dar a su cuerpo un tiempo para que se adapte al cambio de postura.
- Tiene que evitar estar de pie durante mucho tiempo. Si no le queda más remedio (por ejemplo, haciendo una cola), es recomendable que aprenda a ejercitar los músculos de las piernas para favorecer el retorno de la sangre de las piernas hacia el corazón. Un ejercicio sencillo consiste en ponerse de puntillas y talones con ambos pies de forma alternativa.
- Es recomendable que el niño descanse y duerma un número de horas suficiente durante la noche.

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Otros consejos prácticos

- No debe salir de casa por la mañana sin desayunar ni permanecer durante mucho tiempo sin comer.
- Salvo que el niño padezca de hipertensión arterial (un problema poco frecuente en niños), puede comer con algo más de sal y desayunar alimentos consistentes: como embutidos, queso, tostadas con aceite y sal...
- Beber agua abundante, al menos ocho vasos grandes (dos litros), durante todo el día.
- Practicar ejercicio físico de forma regular.
- Muchas enfermedades, así como la presencia de fiebre o dolor, pueden aumentar su predisposición a presentar un síncope.
- El estrés psicológico, sobre todo el que en ocasiones generan las manifestaciones previas al síncope, puede agravar los síntomas. 

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