Alergias respiratorias en niños

El polen, los ácaros, los hongos... No se ven, pero en muchos niños causan alergias y llegan incluso a provocar asma.

 

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Síntomas que hacen sospechar

Si un niño realiza más de cuatro estornudos seguidos, tiene mocos acuosos y transparentes y le pican y lloran los ojos (pero no tiene fiebre ni malestar general), piensa en una alergia respiratoria. Las causas más frecuentes suelen ser los pólenes, los ácaros del polvo doméstico, los hongos y los epitelios de animales (gato, perro, conejo...).

En los casos graves, estas alergias también pueden provocar asma, aunque en menores de 4 años esta afección suele deberse a hiperreactividad bronquial. Estos niños suelen tener “pitos” en el pecho que se agudizan con las infecciones respiratorias. “Si no se agudizan, sospechamos de alergia”, indica Paloma Ibáñez, alergóloga del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, en Madrid.

También ante inhalantes

También pueden tener crisis de asma al oler una sustancia irritante (amoniaco, pintura, lejía, perfumes, insecticidas...). “Esto no ocurre por mecanismo alérgico, sino porque determinadas sustancias irritantes pueden originar una estimulación en los bronquios o en la mucosa de la vías altas y desencadenar asma y estornudos”, dice la alergóloga.

A partir de los 4 años la causa de los síntomas respiratorios sí suele ser la alergia a inhalantes. “Cada vez vemos a niños más pequeños sensibilizados a inhalantes y muchos debutan con una sensibilización a los epitelios de animales”, apunta la especialista.

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Pequeños más propensos

No se nace con la alergia respiratoria, sino con la predisposición genética a desarrollarla. Para que los pequeños se hagan alérgicos deben entrar en contacto con el alérgeno (lo que produce la alergia).

Los más propensos son los que tienen antecedentes (padres o hermanos con alergia o asma) y también los bebés con alergia a la leche o al huevo, o con dermatitis atópica. Si tu hijo es alérgico a algún alimento (frutos secos, frutas, legumbres, etc.), tiene muchas probabilidades de desarrollar también una alergia respiratoria.

En estos casos, para evitar nuevas sensibilizaciones, conviene que no tenga contacto con gatos, perros, conejos o hámsters. “Los pequeños con predisposición alérgica que se exponen constantemente a un animal aumentan las probabilidades de desarrollar una alergia a ese animal”, advierte Paloma Ibáñez.

Alergias cruzadas

Existe una relación entre determinados alimentos y las alergias respiratorias, es lo que se conoce como reactividad cruzada. “Los pequeños que empiezan pronto con polinosis (alergia al polen), con el tiempo pueden hacerse también alérgicos a algunas frutas”, dice la alergóloga. En España se ha encontrado relación entre la alergia a las gramíneas (hierba común) y al melocotón, y entre la alergia a ácaros y a gambas.

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Los alergenos de cada lugar

El clima influye mucho. En el interior de la Península son frecuentes los pólenes (gramíneas y olivo), que producen síntomas sólo en época de polinización (abril-junio). Los síntomas comunes son la conjuntivitis, presente casi siempre, la rinitis, el picor en el paladar y, en los casos graves, asma.

Los ácaros del polvo crecen en lugares cálidos y húmedos (son más habituales en Canarias y Galicia) y producen síntomas constantes (rinitis y asma, la conjuntivitis es rara).

Hongos y animales

Los hongos son frecuentes en la zona costera de Alicante, pero crecen en cualquier zona, en baños con poca ventilación, habitaciones con moho en las paredes o sobre la tierra de las plantas de interior. También “espurulan” cuando llueve y hace calor (provocan una rinitis más persistente en cualquier época del año y un asma más agresiva de difícil control).

En el caso de los animales, los síntomas aparecen cuando el niño entra en contacto con el animal o comparte con él la casa y suelen ser: rinitis, conjuntivitis, asma y urticaria.

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Así se hacen las pruebas

Si sospechas que tu hijo tiene alergia, acude al pediatra para que le remita al alergólogo y éste le realice las pruebas pertinentes. Es muy importante identificar el alérgeno que le afecta para elaborar la vacuna.

La primera prueba es cutánea y consiste en colocar en el brazo una serie de gotas que contienen el extracto de los alérgenos. Después se introduce una lanceta de punta muy fina a través de la gota y se pincha la piel. No duele y se realiza tan rápido que el niño ni se entera. Tras 20 minutos se observa la reacción en la piel: si está sensibilizado surge una zona inflamada en el pinchazo. El médico dibuja el contorno de la reacción y mide su diámetro. Es positivo si la inflamación supera los 3 milímetros.

Diagnóstico definitivo

Para confirmar el diagnóstico se puede realizar un análisis de sangre que detecta los anticuerpos que producen la alergia (IgE). En algunos centros se sustituye la extracción por un pinchazo en el dedo para obtener una gota de sangre que se analiza.

También existe una prueba que determina el perfil de sensibilización. Se hace (solo en algunos hospitales) mediante análisis de sangre y con ella se sabe si el niño está sensibilizado a un alérgeno concreto o si su sensibilización es a proteínas presentes en varios de ellos.

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Evitar lo que le da alergia

Una vez descubierto el alérgeno que le provoca los síntomas a tu hijo, la recomendación es evitarlo. Te decimos cómo hacerlo:

Si tu hijo es alérgico al polen...

- Procura que durante la época de polinización no salga mucho a la calle, sobre todo si hace viento, y mantén cerradas las ventanas.
- No dejes que juegue en el césped ni que realice actividades al aire libre entre las 5 y las 10 de la mañana ni entre las 19 y las 22 horas.
- No seques su ropa en el exterior los días de recuentos altos de polen.

Contra ácaros y esporas de hongos...

- Elimina de tu hogar las alfombras grandes y las moquetas.
- Pon una funda antiácaros en su colchón y en su almohada.
- Prescinde de los peluches y lava su ropa de cama a 60º C cada 10 días.
- Coloca deshumidificadores en la casa para eliminar la humedad y ventila bien el baño, la cocina y donde se concentre la humedad.
- Si hay moho en la pared, límpiala con lejía.
- Evita las plantas de interior, ya que los hongos crecen en la tierra.

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¿Es alérgico a epitelios de animales?

Si el niño es alérgico a los epitelios, se aconseja sacar al animal del interior de la casa.

Si esto no es posible...

- No dejes que el animal comparta habitación con el pequeño y mucho menos, su cama.
- El niño no debe jugar con la manta, la cesta o donde se acueste la mascota.
- Quita de la casa las alfombras y las moquetas, pon fundas impermeables en los sofás y limpia con frecuencia los muebles y sillones con un paño húmedo.
- Mejor aspirar que barrer la casa. Procura que el electrodoméstico tenga un buen filtro. Los hay que aspiran y friegan al mismo tiempo.
- Ten al día la desparasitación y la vacunación del animal.
- Si juegan o están juntos, después lava al niño las manos y la cara.

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Prevenir y aliviar

En muchos casos es casi imposible evitar el alérgeno, de ahí que sea necesario aliviar los síntomas con fármacos. El alergólogo suele recomendar antihistamínicos para tratar la conjuntivitis y la rinitis. Si el niño además tiene asma, es importante tener a mano un broncodilatador.

En todo caso, recuerda que los especialistas insisten en que la vacuna es el mejor tratamiento para controlar la alergia. Mejora los síntomas, evita que el niño se sensibilice a otros alérgenos y previene la evolución de la rinitis a asma. “Entre un 70% y un 80% de los niños mejoran con la vacuna. Es la única herramienta terapéutica que puede llegar a curar”, indica la alergóloga.

Una buena idea

Comenta al alergólogo la posibilidad de que tu hijo asista a campamentos para niños con asma y alergia. En ellos un equipo de alergólogos ofrecen educación sanitaria de una manera divertida y enseñan a los niños a controlar su asma en plena naturaleza.

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