Cuándo llevar a un niño a urgencias

Síntomas como fiebre de más de 39,5 ºC o diarrea con sangre aconsejan una consulta urgente al médico.

 

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Valorar su estado general

Una cosa es que el niño esté malito y precise que lo valore su médico y otra muy diferente es que su enfermedad o su estado requiera que lo vean en un servicio de urgencias. Aunque tu instinto te haya ayudado mil veces para desenvolverte con tu pequeño, la preocupación puede jugarte malas pasadas.
Según explica el doctor Juan Casado, jefe del Servicio de Pediatría y Cuidados Intensivos Pediátricos del Hospital Niño Jesús, de Madrid: “El agobio puede hacer que nos equivoquemos al valorar los síntomas que presenta nuestro hijo. Por ejemplo, el motivo más frecuente de consulta en urgencias es la fiebre alta, cuando no siempre existe una relación directa entre fiebre y gravedad. Además, los bebés más pequeños aún no regulan bien su temperatura corporal y esta puede subir mucho sin que haya una causa acuciante”.
Entonces, ¿cómo saber si la situación de tu hijo realmente es urgente? Una de las claves es observar su estado general: “Si el niño está activo, es poco probable que tenga algo grave”, asegura el doctor Casado.

Los lactantes son especiales

Aun así, ante la duda, si crees que tu hijo no está bien, llévalo al médico (a consulta y, si no es posible, a urgencias). Hasta que atiendan al pequeño no le des medicamentos, incluso aunque se los hayan recetado en ocasiones anteriores.
Recuerda que, todos los síntomas son más graves en niños de pocos meses, ya que ellos tienen menos recursos para luchar contra la enfermedad.
Por eso algunas dolencias que suelen resultar más leves en mayores de 6-8 meses, como la bronquiolitis, en lactantes pueden ser graves. Y tampoco es igual una fiebre de 40 ºC en niños que ya tienen un año, que una temperatura alta en menores de 3 meses.

Qué hacer ante un signo de alarma

El procedimiento más adecuado, en caso de que surja algún síntoma de alarma es:

- Si el pediatra del niño os puede atender, lo mejor es acudir a su consulta. Él conoce a tu hijo perfectamente, así que sabrá diagnosticarle muy bien.

- Si esta posibilidad no existe y crees que tu hijo podría padecer algo importante, realiza una consulta telefónica a un pediatra de urgencia. Según el doctor Casado: “Este facultativo sabrá indicarte si lo que le explicas puede esperar a la consulta de su médico o si es motivo de urgencia”.

- Si ninguna de estas dos opciones es viable, comprueba si el centro de salud más cercano a tu casa cuenta con pediatras de guardia. Si es así, dirígete a él lo antes que puedas.

- Si no dispone de este servicio, no dudes en acudir a las Urgencias Infantiles de un hospital grande. Es primordial que quien examine a tu pequeño sea un pediatra, no un facultativo de otra especialidad, y en los grandes centros hospitalarios los hay cualquier día, incluso aunque sea festivo, y a cualquier hora.

Descubre si lo que tiene es grave

Dependiendo de la edad, los síntomas pueden ser más o menos graves. Los niños de meses son más vulnerables y tienen menos recursos contra la enfermedad que los mayores.

Entre los síntomas que sí precisan una consulta urgente al médico están:
Fiebre alta.
Es motivo de consulta urgente, a cualquier edad, a partir de 39,5 ºC o cuando la temperatura elevada no baja con las medidas físicas y los antitérmicos o cuando se acompaña de otros síntomas, como convulsiones.

- Es consulta de urgencia cuando un recién nacido tiene fiebre o por el  contrario una temperatura inferior a 35,5 ºC.
- Si se trata de un menor de 3 meses con fiebre elevada sin causa aparente o cuando la temperatura va acompañada de decaimiento, irritabilidad y rechazo del alimento.
- Cuando la fiebre va acompañada de dificultad para respirar.
- Cuando a cualquier edad, además de la fiebre, surgen manchas rojas en la piel que no desaparecen al presionarlas.

Hay que tener en cuenta que la fiebre “nos alarma mucho, pero no debemos empeñarnos en bajarla a menos de 38 ºC, porque la mayoría de las veces la fiebre se debe a que existe una infección y el organismo de los niños lucha mejor contra ella con una temperatura algo más elevada de lo normal”, explica el doctor Casado.

Respira con dificultad

Cualquier alteración de la respiración. Ya sea respirar muy deprisa o muy despacio, con sensación de asfixia, con quejido... Todos estos casos requieren consulta urgente. Podrían indicar bronquiolitis o neumonía.

Hay que acudir a urgencias si respira mal y:

- Se trata de un lactante de menos de dos meses o tiene 4 meses y nació prematuro.
- Tiene una enfermedad crónica o algún problema cardiaco.
- No se mueve apenas, le ves sin fuerzas, no está participativo y no tiene ganas de que le saques de la cuna.
- Respira muy deprisa o tiene pausas respiratorias en las que parece que no coge aire.
- Tiene una tos tan seguida que no le da tiempo a respirar.
- Se le han puesto los labios azulados
- Se le hunden las costillas al respirar y le aletea la nariz al intentar coger aire.
- Se queja cuando realiza el movimiento respiratorio de expulsar el aire.
- No come ni admite agua.

Petequias

Son unas manchas rojas pequeñas (de un milímetro de diámetro) que en unas horas se hacen más numerosas, un poco mayores (de varios tamaños) y que no desaparecen al estirar la piel con los dedos ni al aplicar sobre ellas una superficie transparente como un vaso. Si además de la fiebre, tu hijo presenta estas manchas debajo de las mamillas llévale a urgencias sin demora: puede tratarse de una infección grave.

Otros síntomas que pueden acompañar a estas manchas y que recomiendan acudir a urgencias

- Inmovilidad y llanto intenso que se alterna con un gran decaimiento.
- Fiebre, sin causa aparente, petequias y frialdad en piernas, pies y manos.
- Somnolencia exagerada, no hay forma de despertar al niño.
- Fiebre, exantema y orina de color oscuro.
- Dificultad para respirar

Vómitos

Es normal que el bebé expulse algo de leche tras las tomas o al echar los gases. También es normal si el vómito aparece tras un golpe de tos o acompaña a otros síntomas catarrales, si está relacionado con una mala digestión o un dolor de tripa. Pueden ser relativamente normales los vómitos en los casos de niños diagnosticados de reflujo gastroesofágico. Pero hay que considerar que estamos ante una situación grave si:

- Llevan sangre o si son continuos  (riesgo de deshidratación)
- Si los vómitos salen “en escopeta”, con gran fuerza (a cualquier edad, pero sobre todo si surgen en el primer mes de vida).
- No admite el pecho, agua ni ningún otro líquido (atención a la presencia de ojos hundidos, lengua y labios secos, orina escasa... son síntomas de deshidratación).
- Si no para de vomitar y además tiene fiebre alta.
- Si el vómito va acompañado de diarrea.

Traumatismos

Traumatismos. Los golpes más peligrosos son los producidos en la cabeza y el abdomen. Tiene que verle un médico si después de golpearse en la cabeza:

- El niño hijo tiene más sueño de lo normal, vomita o disminuye su nivel de conciencia.
- Sale sangre por los oídos o por la nariz y no se ha dado allí el golpe.
- Aparecen convulsiones.
- Surge un hematoma alrededor de los ojos.
- Aparecen las pupilas dilatadas, o una mayor que otra o no reaccionan a la luz.
- Presenta un hundimiento en los huesos de cráneo.
- Tiene tras el golpe dificultad para respirar.
- Palidez en labios y conjuntiva. Si observas estos signos en tu hijo, dirígete a urgencias, porque puede tener una hemorragia interna.

Acude a urgencias si se ha dado un golpe en el abdomen y:

- Tiene dificultad para respirar o notas que siente dolor al hacerlo.
- Su pulso está débil o tiene la piel azulada.
- Al toser expectora sangre.
- El abdomen está rígido como una tabla.

Convulsiones febriles

Las convulsiones febriles son un trastorno muy común en edad pediátrica. Como su nombre indica aparecen en procesos con fiebre (cuando hay fiebre alta o cuando esta surge de repente). Son como descargas eléctricas, apenas duran unos minutos, son benignas, no dejan secuelas y generalmente no están relacionadas con enfermedad grave ni con trastorno cerebral de ningún tipo. Aunque cuando aparecen por primer vez conviene que el niño sea estudiado para descartar otros trastornos y para prescribir la medicación y las pautas a seguir en caso de que se repitan (tienen cierta tendencia a repetirse) y los papás han de saber cómo actuar: asegurar la abertura de la vía aérea, procurar que el niño no se dañe, quitarle la ropa, aplicarle la medicación pautada, colocarle en posición de seguridad una vez finalizada la convulsión...

Si la convulsión dura más de cinco minutos, no desaparece con el tratamiento farmacológico indicado, o se repite hay que acudir a urgencias.
No precisan consulta urgente si hay una epilepsia diagnosticada y a pesar de la medicación, el niño sigue teniendo estos episodios.

Diarrea

Diarrea. Es el aumento del número de deposiciones con una consistencia líquida o casi líquida. Suelen ser más pálidas, con olor fétido y con mucosidad. Si solo se presenta una o dos de manera puntual, el niño toma pecho o bebe no hay que alarmarse, se puede tratar en casa. Pero si son numerosas, muy voluminosas y explosivas sí precisa valoración de urgencia, porque existe un alto riesgo de deshidratación para el bebé.
También hay que ir a urgencias si:

- En las heces aparece sangre. En los lactantes puede ser signo de invaginación intestinal (un intestino se introduce dentro de otro) o de una infección.
- El niño no orina durante horas.
- No toma líquidos de rehidratación oral, no los tolera o vomita lo que le das.
- Está muy decaído, no está participativo y solo quiere que le dejen tranquilo y dormir.

Decaimiento

Decaimiento intenso
Si tu niño se muestra pasivo, somnoliento, no sonríe y no tiene fiebre (con fiebre es normal que esté tristón), ve a urgencias. El decaimiento (no quiere jugar, no está participativo, no quiere que le saques de la cuna, no pide brazos...) suele ir asociado a dolencias importantes.
Disminución del nivel de conciencia. Este síntoma precisa consulta urgente, sobre todo si se acompaña de fiebre, vómitos, cambios de coloración en la piel y en los labios y movimientos anormales.

¡Ojo con las picaduras!

Las picaduras de insectos no son muy frecuentes en bebés, pero hay que saber actuar ante ellas, porque conllevan el peligro de posibles reacciones alérgicas.
 Si a tu hijo le pica una abeja, retira tú misma el aguijón y lava bien la herida.
Has de llevar al niño a urgencias si:

- Sospechas que está sufriendo una reacción alérgica aguda (“anafilaxia”). Sus síntomas son hinchazón de la cara y los labios y serias dificultades para respirar (si sucede, has de acudir sin perder un instante).
- Ya sabes que es alérgico a ese insecto.
- La picadura se ha producido en la lengua o en la garganta.
- Si aparece fiebre, le ha salido un sarpullido rojo en la piel y sospechas que el insecto que le ha picado es una garrapata.
- Si se le infecta la herida (o la picadura se inflama mucho, enrojece y notas la zona con calor y afectación importante).

No es motivo para ir a urgencias

¿Qué síntomas no son graves en un niño?
Cuando vemos que algo no va bien, solemos interpretar los síntomas como más graves de lo que son. Hay algunos indicios engañosos que nos alarman sin motivo.

Tos
La tos nocturna o tos perruna,  alarma mucho porque parece que el niño no ventila. Se debe a infecciones de la laringe y no es grave. Según el doctor: “La mayoría de las veces la tos útil tiene como objetivo impedir que la mucosidad baje al pulmón”. En casos de laringitis leve basta con poner al niño en un ambiente húmedo y frío (pasear por un parque o jardín o en el ambiente húmedo de la ducha) para que la situación mejore. Si lo hace, conviene consultar al médico, aunque en su horario habitual. Si por el contrario, el niño no mejora y sigue la dificultad respiratoria, entonces sí, acude a urgencias.

Orina con sangre
Si ves restos de sangre en la orina de tu hijo, lo más seguro es que tenga una infección urinaria (vías urinarias, vejiga, inflamación de riñón). No es necesario ir a urgencias, pero sí consultar al médico al día siguiente.
Hemorragia vaginal
Algunas recién nacidas tienen pequeñas pérdidas de sangre, que son debidas a las hormonas maternas que todavía circulan por su organismo. No son importantes ni requieren ningún tipo de tratamiento.
Llanto fuerte
En los primeros tres meses de vida, los niños sanos pueden llorar hasta tres horas diarias. Este llanto intermitente suele ir acompañado de movimientos de piernas, ruidos abdominales y suele estar relacionado con los llamados cólicos del lactante. Sí hay que preocuparse si el llanto es agudo, no se calma con nada y se prolonga más tres horas seguidas.

Hemorragia nasal
Se considera una situación grave si el volumen de sangre es superior a dos cucharadas soperas o dura más de cinco minutos y no hay forma de contenerla. O si surge tras un golpe en la cabeza.

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