Fiebre en niños, lo que sí y no hay que hacer

La fiebre es un mecanismo de defensa del organismo frente a las infecciones, por eso no hay que bajarla de inmediato. Valora más el estado general del niño que la temperatura y sigue estas pautas.

 

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¿Fiebre o febrícula?

La fiebre, principal causa de consulta médica en los niños, se dispara en invierno debido a las infecciones (otitis, gripe, laringitis, bronquitis, etc.). “Dentro de éstas, las causadas por virus son las más frecuentes: representan más del 90%”, apunta el doctor Roi Piñeiro, miembro del Comité de Medicamentos de la Asociación Española de Pediatría y Jefe Asociado del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba. Pero a veces lo que tiene el niño es febrícula (de 37º C a 37,5º C) y no necesita ser tratada. Según el pediatra, se considera fiebre si el termómetro marca más de 37,5ºC en la axila y más de 38º C en el recto.

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¿Hay que bajar rápido la fiebre?

Cuando afecta a un hijo, la temperatura elevada asusta mucho (según un estudio publicado en “Journal of Pediatrics and Child Health” el 84% de los padres cree que si no se trata rápido el niño sufrirá daños cerebrales).

Lo más habitual es que, en cuanto el termómetro marca 38º C, se administre sin demora un antitérmico. Sin embargo, los consejos de los expertos van por otra línea: “El cuerpo eleva la temperatura para defenderse de los virus y bacterias que provocan la infección. Si el pequeño presenta buen estado general (no tiene escalofríos, ni somnolencia, ni decaimiento), no hay que bajarla para dejar que cumpla su función. Hay que tratar a los niños, no al termómetro”, indica el pediatra.

Porque el antitérmico puede ser un arma de doble filo: hace que el niño se encuentre mejor al disminuir la temperatura, pero al mismo tiempo evita el mecanismo natural de defensa contra la infección. “Muchas veces, la infección se alarga en el tiempo porque se baja de manera sistemática la fiebre y no se deja que actúe”, explica el doctor Piñeiro. Eso sí, “por encima de 39,5 o 40 ºC el niño no suele mostrar buen estado general, por lo que se debe administrar el antitérmico”, aclara.

Tampoco está demostrado que la alta se corresponda con infección bacteriana y que la moderada responda a una vírica. Por ejemplo, la gripe (vírica) suele producir fiebre alta y la meningitis bacteriana puede cursar con febrícula. “Por eso es más importante valorar el estado general del niño que su temperatura. Cada niño responde de distinta manera a las infecciones: ante un mismo virus, unos pueden cursar con fiebre y otros con febrícula o incluso sin nada”, explica el doctor.

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Excepción a la regla

Hay niños que presentan convulsiones cuando tienen fiebre (se desconoce la causa, aunque un descenso brusco de la temperatura corporal podría provocarlo). En estos casos, sí se recomienda controlar la temperatura con más frecuencia y administrar el antitérmico en cuanto empiezan con febrícula. Las convulsiones suelen alarmar mucho a los padres porque se caracterizan por pérdida de consciencia junto a movimientos corporales incontrolables, rigidez generalizada o flacidez de todo el cuerpo. Si le ocurre a tu hijo, túmbalo sobre una superficie blanda, con la cabeza de lado, alejado de muebles u objetos con los que pueda golpearse. Y no le des ningún medicamento mientras dura la convulsión, espera a que pase.

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Si tiene fiebre, no hagas esto...

La principal recomendación con un niño con fiebre es no exponerlo a cambios bruscos de temperatura: no le pongas paños de agua fría ni lo bañes en agua fría, porque el contraste de temperatura es tan fuerte que, en algunos casos, puede provocar convulsiones. Además, muchas veces, tras el baño hay un efecto rebote: la temperatura vuelve a subir con más fuerza.

Tampoco le des friegas de alcohol porque el pequeño puede intoxicarse al inhalarlo. Ni mucho menos alternes dos antitérmicos (paracetamol/ibuprofeno) para bajar la temperatura, porque hay mayor riesgos de aumentar los efectos secundarios de los fármacos y caer en errores al darle las dosis. “Los antitérmicos tienen potencia para bajar de uno a dos grados, no más”, dice Piñeiro.

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Esencial, cuidar su bienestar

Hasta hace poco se recomendaba desnudar al niño con fiebre para ayudar a bajar la temperatura. Actualmente, esta medida también se cuestiona. Se recomienda no desnudar al pequeño por completo, pero tampoco abrigarle en exceso. La clave está en huir de los extremos y buscar siempre su bienestar.

Es muy frecuente que el niño febril sufra escalofríos, que aumentan cuando le quitamos la ropa o le dejamos solo con la camiseta. En este caso, si el pequeño quiere taparse un poco, lo más conveniente es dejar que lo haga. “Un niño con fiebre dentro de casa debe estar como cuando no la tiene, ni con más ni con menos ropa. Si sufre escalofríos, puede taparse, siempre que no sea en exceso, y cuando comience a sudar, si tiene calor, hay que desabrigarlo”, aclara el pediatra.
Se trata, en definitiva, de perderle el miedo. Hay que recordar que es un signo que se detecta con el termómetro y que a veces produce síntomas (decaimiento, escalofríos, somnolencia). Estos síntomas son los que hay tratar, no la fiebre en sí misma.

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¿Llevo al niño al médico?

Depende de la edad que tenga tu hijo y también de otros factores:
Menor de 3 meses
Si el niño tiene fiebre y es menor de esta edad o sufre alguna patología de base (cardiopatía, enfermedad inmunológica, etc.) es conveniente acudir al médico en menos de 24 horas.
Mayor de 3 meses
En un niño sano y mayor de tres meses no se requiere tanta urgencia, siempre que el pequeño muestre buen estado general. Aunque, si la fiebre se prolonga más de dos o tres días, sí se recomienda acudir al pediatra.

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