Gripe y catarros en niños

Te contamos todo sobre las dos infecciones de las vías respiratorias más comunes entre los niños en otoño.

 

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Gripe y catarros, no son lo mismo...

Se estima que alrededor del 20% de los niños contrae la gripe cada año en España, una tasa superior a la de los adultos. El Ministerio de Sanidad incluso habla de porcentajes cercanos al 50% en los grupos de población cerrados, como los internados escolares, y la Organización Mundial de la Salud asegura que se han detectado epidemias de gripe que han afectado hasta al 42% de la población infantil. Los resfriados son incluso más numerosos: se calcula que un niño puede sufrir una media de seis en el mismo año.
Pero ¿qué diferencia una gripe –en general una infección viral más agresiva– de un resfriado o catarro, cuyos síntomas suelen ser más leves? De entrada, es importante que tengas claro que ambas son enfermedades de las vías respiratorias provocadas por virus, no por bacterias. Y que las dos tienen, en sus primeras fases, unos síntomas parecidos. Sin embargo, hay que tratarlas de diferente forma.

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¿Qué virus las provocan?

Aunque los resfriados están provocados por centenares de virus, los más habituales son los llamados rinovirus y coronavirus. La gripe, en cambio, tiene al virus influenza como responsable. De este virus existen tres tipos distintos: A, B y C. El primero es el más numeroso (culpable de la mayoría de las epidemias) y agresivo para los humanos, mientras que el B se presenta en brotes más localizados. 

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¿Por qué son tan habituales en otoño?

Por un lado, porque en verano, debido a las altas temperaturas, estos virus se destruyen con más facilidad y, cuando empieza el frío, en otoño, se mantienen vivos durante más tiempo. Por otro, porque en esta época los niños vuelven a convivir en espacios más reducidos (guarderías, escuelas, etc.) lo que facilita la proliferación y el contagio.

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¿Cómo se contagian?

Tanto en el caso de la gripe como en el de los catarros, el contagio se produce de la misma manera: cuando un niño grita, estornuda, llora, habla, ríe, tose o juega, expulsa microgotas de saliva infectada que se quedan flotando en el aire y que otros niños sanos aspiran al respirar. De esta manera, llegan hasta las vías respiratorias, donde se reproducen con mucha facilidad. El otro gran mecanismo de contagio es a través de las manos, que se convierten en vehículos para propagar estos virus. De ahí la necesidad de enseñar a los niños a mantenerlas siempre limpias (sobre todo, a lavarlas después de toser o estornudar).

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¿Cuándo aparecen los síntomas?

La incubación de estos virus es muy corta y la misma tanto en la gripe como en los catarros. Entre las 12-72 horas tras el contagio, aparecen los primeros síntomas.

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¿Cuáles son los síntomas?

En el catarro los más habituales son estornudos, secreción nasal, irritación ocular y, por supuesto, tos. En ocasiones hay fiebre pero no es corriente. A veces deriva en sinusitis y otitis. “Muchos padres tratan de cortar de raíz los mocos, y es un error. Hay que dejar actuar al cuerpo. Los mocos poseen gran cantidad de anticuerpos que ayudan a combatir los microbios”, dice Nicolás Cobos, consultor de la Unidad de Neumología Pediátrica del Hospital Vall d’Hebron, de Barcelona.
En la gripe, la alteración de la mucosa respiratoria es más severa. Suele comenzar de forma brusca, con fiebre, congestión nasal, dolor de cabeza, molestias en la garganta, tos seca, dolores musculares y gran malestar general. “Los niños, a estas edades tempranas, no manifiestan los dolores asociados. No hablan de dolor muscular o de cabeza sino de malestar general”, explica Cobos. “Por eso al darles un analgésico, no sabemos dónde le calmamos el dolor, pero sabemos que es efectivo”, añade. En ellos es bastante frecuente que la gripe vaya acompañada de otitis media y de molestias abdominales (náuseas, vómitos o diarrea).

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¿Provocan fiebre?

Un resfriado puede ir acompañado de fiebre alta pero no es lo habitual: como mucho, 38ºC. Si supera esta temperatura debe verlo su médico, pues podría ocultar otra afección. En cambio si tu hijo tiene gripe, lo normal es que tenga fiebre (alrededor del 80% de los casos de gripe cursan con fiebre) y puede subirle a 40 ºC. Sea como sea, ante una fiebre de 39ºC lleva al niño al pediatra para que valore los síntomas, confirme la enfermedad y descarte complicaciones (38ºC si es un lactante).

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¿Cómo tratar estas enfermedades?

No existe ningún tratamiento específico para ellas, porque tanto la gripe como el resfriado están provocados por virus, no por bacterias. Por esta razón, los antibióticos no han de utilizarse nunca, incluso están contraindicados por sus efectos secundarios. “Las únicas medidas que ayudan de verdad a pasar la enfermedad son los analgésicos y los antitérmicos”, insiste el doctor Cobos. Junto a ellos, el suero fisiológico nasal, para mantener la nariz despejada, una correcta hidratación (beber muchos líquidos, evitando los zumos envasados por su alto contenido en azúcar) y el descanso, son los complementos perfectos.
Los efectos de los analgésicos son casi inmediatos. “Alrededor de una hora después de su toma empiezan a hacer efecto y el niño notará mejoría”, explica Cobos. Lo recomendable es darle la medicación cada 8 horas. “Si la fiebre es muy alta y su estado general es de abatimiento, puede tomar dos medicamentos de distintas familias: ibuprofeno y paracetamol, cada cuatro horas, de forma alterna”, propone el doctor. Recuerda que los niños no deben tomar ácido acetilsalicílico, ya que su consumo durante la edad pediátrica está relacionado con la aparición del Síndrome de Reye, un trastorno raro, pero grave.

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¿Cuánto tardan en curarse?

El resfriado dura de tres a cinco días, aunque la curación completa se puede alargar hasta los siete días. La gripe dura algo más: la fase aguda suele ser de una semana y el niño puede llegar a necesitar hasta 10 días para estar totalmente recuperado. Normalmente, pasados cuatro días desde el inicio de la enfermedad el niño, aún convaleciente, deja de ser portador del virus, por lo que ya no lo transmitirá a otras personas. “Aún así, lo recomendable es no llevarle a la escuela hasta que pasen un par de días más”, sugiere el neumólogo del hospital Vall d’Hebron.

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¿Pueden complicarse?

En el caso de los resfriados, existe una complicación que conviene tener en cuenta: la laringitis estridulosa, producida por los virus propios de los resfriados pero que afecta de repente y de forma muy concreta a la laringe. “El niño empieza con un simple resfriado, pero a las pocas horas parece que se ahoga de forma alarmante. La laringe experimenta un proceso inflamatorio y se obstruye de manera que aparece una tos muy ronca, que le ahoga”, explica el neumólogo. Es más frecuente en niños de edades comprendidas entre 2 y 4 años. En la gripe, las complicaciones son de otro tipo. “Cuando un niño tiene una infección vírica, su sistema inmunológico está centrado en eliminar ese virus. Las bacterias viven en sus vías respiratorias altas sin que por ello resulten agresivas. Pero, si surge la oportunidad, acceden a las vías respiratorias bajas, y pueden volverse más agresivas, llegando a los pulmones y derivando en bronquitis o neumonía”, explica el doctor. Es importante en estos casos que lo lleves cuanto antes a su pediatra para que realice el diagnóstico y la valoración adecuados.

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Contra el resfriado...

Además de una buena hidratación y el uso de antitérmicos y analgésicos, estas pautas le aliviarán:
• Dale baños de vapor que le ayuden a respirar.
• Usa un nebulizador de agua marina para lavar su nariz.
• Aplícale vaselina o crema reparadora peri oral bajo la nariz, para evitar las rozaduras.
• Si tiene edad, dale caramelos para calmar la tos de garganta.
• Usa humidificadores para aumentar la humedad en su cuarto.
• Ofrécele caldos. Son nutritivos, hidratantes y reconfortantes.

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La vacuna antigripal

La vacuna antigripal ha demostrado su eficacia total en el 80% de los niños. En España se recomienda la vacunación a los mayores de seis meses con factores de riesgo (asma, fibrosis...). Pero también está indicada para cualquier niño sano por su eficacia demostrada frente al virus influenza. La vacuna es gratuita y se administra en los centros de salud.  Es intramuscular y comienza a hacer efecto a las dos semanas de ponerla.

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