Curar raspones y heridas en niños

Los niños están continuamente jugando, saltando... y se caen a menudo. Descubre qué debes hacer ante lesiones leves y ante las más importantes.

 

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Percances habituales a esta edad

La inquietud innata de los niños, los juegos en el parque que propician movimientos más rápidos y bruscos, el contacto con otros peques y su “atracción por el peligro”, unidos a la falta de equilibrio propia de estas edades, favorecen las caídas durante la edad infantil.

En muchos de estos percances es fácil que la piel se rompa y aparezca sangre (ya sea un arañazo, un raspón superficial o un corte más profundo), algo que suele alterar mucho a los niños.

Ante todo, tranquilidad

La presencia de sangre resulta muy escandalosa y a vosotros, como padres, os toca mantener la calma, calmarle a él y actuar correctamente para curar la pupa, ya que una herida abierta, por pequeña que sea, conlleva una posibilidad de infección.

Si la primera vez que el niño se hace una herida con sangre lo vive con normalidad, no le dará importancia, pero si hacéis un drama, cada vez que sangre montará el show.

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Qué hacer cuando la lesión es leve

Ante pequeños cortes, raspaduras o arañazos debes transmitir al niño tranquilidad, decirle que no pasa nada. Si el incidente ocurre en casa o cerca de ella, tendrás tu botiquín a mano, pero si sucede en la calle, aunque los principios son similares, es conveniente que actúes con calma.

Buenas pautas

Lo primero que debes hacer es observar si el sitio en el que ha tenido lugar el incidente que ha generado la herida es susceptible de causar otros problemas añadidos (mira si hay arena sucia, astillas, presencia de óxido, de cristales, etc.). Y después...

- Lo adecuado es lavar la herida con agua al chorro y jabón, pero al no estar en casa, tendrás que buscar una fuente o conseguir una botella de agua o suero fisiológico. Lava a conciencia para eliminar restos de gravilla o suciedad, pero no arrastres nada por la lesión.
- Si es posible, debes levantar la zona herida por encima de la altura del corazón de tu hijo; de esta manera se reduce el sangrado.
- Si la herida sangra, tápala con un paño o con lo que tengas a mano (pañuelos de papel, foulard, etc.) y presiona para ayudar a taponar la sangre.
- ¡Atención! Si sospechas que puede haber algún cristal dentro, NO aprietes la herida, mantenla en alto con el pañuelo y lleva al niño al médico más próximo. Si continúa sangrando y la sangre traspasa el paño, no lo levantes para ver cómo va, ya que puedes despegar el coágulo que se está formando. Pon más pañuelos encima, sigue presionando y acércate al médico por si tu hijo precisa algún punto.
- Si la herida ha sido por punción, no te fíes del tamaño externo, porque la lesión puede haber llegado a zonas profundas. Actúa de la misma forma: lávala bien, tápala y ve al médico. Si el niño tiene más de 18 meses y ha completado su pauta de vacunación estará protegido contra el tétanos. Si está cerca de cumplir los 4 años (última dosis de la infancia, la siguiente será a los 14 años), es posible que le adelanten la vacuna.
- Si el sangrado es por la nariz, no le pongas la cabeza hacia atrás, porque tragará sangre y es posible que vomite, que aspire el vómito o que los esfuerzos aumenten el sangrado. Mantén su cabeza recta, presiona las aletas de la nariz con tus dedos y un pañuelo y controla el tiempo.
- A los cinco minutos deja de presionar. Si la hemorragia no ha parado y os ha dado tiempo a llegar a casa, coloca una gasa empapada en agua oxigenada dentro del orificio sangrante, dejando una punta para tirar de ella. Si en cinco minutos más no se detiene, llévalo al médico.
- En cualquier herida, al volver a casa aplica un antiséptico y déjala al aire, salvo que esté expuesta a roces. En ese caso cúbrela con una venda (o ponle una tirita), que destaparás a las ocho horas para ver su evolución.

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Actúa así si la lesión es más grave

Si la herida afecta a una gran zona o si tiene los bordes separados y la pérdida de sangre es muy acusada, es importante que actúes con calma y de la forma más conveniente.

Antes de nada, valora el estado general del niño. Si está muy blanco y crees que puede marearse, túmbalo en el suelo y mantén levantada la zona herida.

Pasos a seguir

Llama a los servicios de urgencia. Mientras llegan...

- Junta los bordes de la herida y presiona con un paño o pañuelo limpio. Mantén la presión durante 10 minutos, si es necesario usa más pañuelos, pero no levantes lo que has puesto.
- Si la hemorragia no se detiene,presiona la arteria de la zona (la humeral, situada bajo el bíceps del brazo, en la parte interior de éste; o la femoral, a la altura de la ingle, si es una herida en la pierna).
- Si hay algo clavado en la herida NO lo quites, podría estar sobre un vaso sanguíneo importante. Sujétalo para que no se mueva y presiona la herida a su alrededor con un paño.
- Hasta que llegue la ayuda, mantenle despierto, háblale con calma, no hace falta que conteste, basta que mueva la cabeza. Si se agita, aumentará el ritmo cardiaco y perderá más sangre.

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Te conviene tener en cuenta...

No todo lo que tenemos en el botiquín es adecuado para una herida. Ante la duda: agua, jabón y un antiséptico estándar. Además, te conviene saber qué es adecuado hacer y qué no:

Esto sí

- Lávate las manos con agua y jabón antes de tocar cualquier herida.
- Para lavar la herida y arrastrar la suciedad puedes utilizar agua oxigenada al chorro. Este producto tiene propiedades antisépticas, pero no es perfecto. Para que lo sea se ha de emplear varias veces al día. Sin embargo es un buen hemostático, lo que quiere decir que contribuye a detener el flujo de sangre, y por esta razón se utiliza en heridas abiertas.

Esto no

- Nunca pongas alcohol sobre una herida abierta, resulta dolorosísimo y puedes quemar los tejidos circundantes. El alcohol desinfecta por inmersión: así, si has de usar unas pinzas o unas tijeritas, mantenlas unos minutos sumergidas.
- Evita usar algodón: deja restos de tejido en la lesión y puede favorecer una infección.
- Jamás apliques pomadas ni polvos sobre una herida si no es con el consentimiento de un médico.

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