¿Crees que el niño necesita gafas?

Si tu hijo guiña los ojos cuando mira la tele o se acerca mucho al papel cuando pinta, es posible que tenga alguna dificultad en la visión. Llévale al oculista para confirmarlo.

 

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La vista, un sentido fundamental

La vista es fundamental en el desarrollo socio-educativo de los primeros años de vida; aproximadamente el 80% del aprendizaje del niño menor de 12 años llega a través de este sentido. Por eso, comprobar la salud visual del pequeño y ofrecerle la corrección adecuada, en caso de necesitarla, es muy importante.

Además, no hay que olvidar que parte del desarrollo visual tiene lugar antes de los 7 años y que la plasticidad del cerebro en esta etapa facilita la asimilación de los cambios en la visión; es, pues, el momento perfecto para que el peque se adapte a llevar gafas.

Cuidar la alimentación también es esencial en estos años: ofrecer al niño una dieta rica en frutas y verduras le aportará vitaminas y minerales necesarios para un correcto desarrollo visual.

Por otro lado, hay que preservar los ojos infantiles de los rayos solares con gafas de sol de calidad o con viseras. Según el último informe sobre salud visual de Transitions Optical, mientras que el cristalino de un adulto de 30 años deja pasar el 30% de la radiación UV, el de un menor de 10 años deja pasar más del 75%; por esta razón hay que proteger los ojos de los más pequeños, incluso en días nublados (el 90% de las radiaciones nocivas traspasan las nubes y llegan a nosotros).

La visita al oftalmólogo

Salvo que existan antecedentes en la familia que aconsejen realizar un control temprano o que se aprecie algún problema visual en los primeros meses de vida, se recomienda que el niño vaya al oftalmólogo una vez al año a partir de los 3 años.

El examen oftalmológico suele durar unos 20 minutos y en ocasiones requiere la utilización de gotas para la dilatación de la pupila. Los niños pequeños que todavía no saben las letras harán un examen ocular adaptado a sus conocimientos (colores, figuras, puntos, etc.). También hay exámenes pasivos, en los que no se precisa la colaboración del pequeño. Es importante tener muy presente que los problemas oculares no detectados a tiempo pueden ser una causa de fracaso escolar.

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Síntomas de problemas de visión

Durante la infancia el niño estrena sus sentidos. Todo es nuevo para él y como no posee experiencias previas, no tiene con qué comparar sus percepciones, por lo que no es capaz de saber si ve bien o no. Por tanto, no tiene por qué quejarse de que algo le sucede en la vista. Observa a tu hijo, su comportamiento te dará pistas sobre su salud visual.

Presta especial atención si...

- Parpadea o guiña los ojos con frecuencia. Es posible que lo haga porque le cuesta ver cosas que tiene demasiado cerca o demasiado lejos.
- Se acerca mucho al papel cuando dibuja, escribe, etc. Esto puede significar que no ve bien de lejos, que tiene dificultades para enfocar los objetos alejados.
- No le gustan las actividades al aire libre. Si no es capaz de seguir una pelota con la vista o ver animales que están lejos en el zoo, perderá el interés enseguida.
- Le pican los ojos y le duele la cabeza. El esfuerzo que tiene que hacer para ver mejor le resulta cansado, provocándole molestias (picores) y/o dolor de cabeza
- Se cae, se tropieza, tira cosas sin querer... Si no ve bien, sus movimientos serán más torpes. Los problemas de vista pueden hacerse patentes cuando el peque gana independencia y empieza a andar solo, a coger cosas...
- Guiña un ojo cuando le da la luz. Entrecerrar los ojos para protegerlos de la luz es algo instintivo. Sin embargo, hacerlo cuando la luz no es muy intensa o directa puede denotar dificultades en la visión (el ojo se cierra para enfocar mejor).

No te relajes; si observas alguno de estos síntomas en tu hijo, coméntaselo a su pediatra. Él le hará el primer examen al niño y te indicará si tiene que verlo el especialista.

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Trastornos habituales de la visión

Un niño puede tener los mismos defectos visuales que un adulto, como hipermetropía, miopía y astigmatismo, y también algunos trastornos de la visión propios de la infancia, como el ojo vago o el estrabismo, que son menos frecuentes.

Hipermetropía

Esta patología, que dificulta la visión de lejos y de cerca, suele mejorar con la edad. No obstante, si persiste es fácilmente corregible con gafas o con lentillas. Si el niño tiene pocas dioptrías no necesita utilizar corrección, siempre y cuando posea una buena agudeza visual para su edad. Curiosamente, casi todos los recién nacidos, incluidos los que después no tendrán ningún defecto de refracción, nacen ligeramente hipermétropes.

Miopía

Un 2% de los niños de hasta 6 años sufren este trastorno, y el porcentaje alcanza el 20% a los 15 años. Si tu hijo es miope, tendrá dificultad para ver bien de lejos. Este problema suele ir aumentando con el tiempo pero las gafas detienen su avance, por esta razón se recomiendan desde una edad temprana. En determinados casos la miopía se controla con lentes de contacto nocturnas (ortoqueratología).

Astigmatismo

Quienes lo padecen tienen dificultades para enfocar y ven las cosas deformadas. Los esfuerzos que hacen los niños astígmatas para ver con nitidez suelen causarles frecuentes dolores de cabeza. El astigmatismo se asocia a menudo a la miopía o a la hipermetropía, presentando síntomas de ambas patologías. Este problema visual se corrige con gafas graduadas.

Ojo vago

Este trastorno consiste en la pérdida parcial de la visión de uno de los ojos. El diagnóstico precoz (antes de los 7 años de edad) suele ser una garantía de éxito en la curación. Si no se trata pronto, estimulando el ojo vago, éste puede llegar a perder la capacidad de visión. Se corrige con tratamiento temprano y muy constante, con ayuda de lentes o de parches.

Estrabismo

Supone la pérdida del paralelismo de los ojos (hacia fuera, hacia dentro, hacia arriba o hacia abajo). Este problema debe ser evaluado lo antes posible por un especialista. Será él quien decida, según el caso, el tratamiento más adecuado (gafas, inyección de toxina botulínica u operación). Algunos bebés de pocos meses tuercen los ojos porque ejercitan los músculos para aprender a mirar, pero esto no significa que vayan a ser estrábicos.

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¿Te han dicho que debe llevarlas?

En los primeros años de vida las gafas son el mejor sistema de corrección visual. Se pueden usar a partir de los 6 o 7 meses de vida, dependiendo del número de dioptrías que tenga el niño. Las de los bebés y los menores de 3 años deben ser de silicona, un material muy suave, analérgico, atóxico y lavable, con el que pueden incluso dormir.

Las lentes de contacto, en condiciones normales, se recomiendan a partir de los 11-12 años. Sin embargo, algunos casos de miopía progresiva pueden requerir este tipo de corrección antes de los 7 años. Otras patologías oculares más serias (catarata congénita, anisometropía, miopía muy elevada...) también se tienen que controlar con lentillas. Pero éstas precisan un estudio y un control constante de su evolución, aparte del mero control visual.

Es esencial que las utilice

Recuerda que si tu hijo debe llevar gafas, éstas son tan necesarias para corregir su problema como los medicamentos recetados contra cualquier enfermedad. El tratamiento indicado por el oftalmólogo es por su bien y no hay que hacer dramatismos ni permitir que sea el niño quien decida si un día las lleva y otro no.

Si tu hijo te ve firme, comprenderá que no hay otra opción. Los primeros días asegúrate de que no le rozan en ningún lugar y le resultan cómodas. Y no olvides acudir con el niño a las visitas que el especialista te haya pautado.

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¿Cómo elegir sus gafas?

Desde los 3 años tu hijo ya puede elegir sus gafas de vista o de sol (con dibujos, con colores llamativos, con apliques y formas divertidas...). La mejor garantía de uso es dejar que participe en la elección y que se vea guapo con ellas. El color y forma de la montura o la decoración de la patilla puedes dejarlos a su elección.

Detalles que debes considerar

Fíjate en aspectos como estos a la hora de elegir las gafas de tu hijo:

- De los 3 a los 6 años es más recomendable que la montura sea de pasta, pues en caso de accidente este material resulta más “blando” y seguro.
- Mejor reservar las metálicas para los niños más mayores, aunque depende mucho del tipo de metal en que estén fabricadas (su ductilidad,su resistencia, su peso..).
- Generalmente las lentesde las gafas infantiles están realizadas en material orgánico; esto significa que son más resistentes y ligeras, pero también más fáciles de rayar.
- Para evitar que se produzcan daños es recomendable que los niños pequeñosse quiten las gafas (o se pongan unas especiales, más blandas) cuando practican juegos en grupo, sobre todo con balón.
- En algunas gafas infantiles se sustituyen las patillas por bandas elásticas que aseguran la fijación e impiden así que se caigan y se pierdan.
- Por último, existen gafas con patillas y bisagras elásticas que se adaptan al rápido crecimiento del niño.

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