Dolor de garganta en niños: causas y soluciones

Virus, bacterias, irritantes y alergias son las causas principales del dolor de garganta, una molestia que en los niños provoca además inapetencia.

 

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¿Por qué le duele la garganta?

La garganta es una zona que comparten el aparato digestivo y el respiratorio. Además de conducir el aire hacia la tráquea y la laringe, lleva hacia el esófago la saliva y el alimento. Por esta razón, cuando duele la reacción lógica del niño es dejar de comer.

Así que si un bebé o un niño pequeño rechaza el alimento y se muestra decaído, aunque no tenga fiebre alta, hay que pensar en la garganta.

Conectada con la boca, nariz y oídos

Denominada técnicamente faringe, la garganta es una cavidad unida a un tubo de tejido muscular de unos 13 cm. Anatómicamente se divide en dos zonas: la bucofaringe y la nasofaringe. La primera está justo después de la boca y va hasta la epiglotis, la válvula que separa el aparato digestivo del respiratorio. En ella están ubicadas las amígdalas palatinas o anginas.

La nasofaringe está en la parte posterior de la cavidad nasal y en ella se encuentran las adenoides o vegetaciones. Por tanto, la garganta está conectada con la boca, la nariz y, además, con los oídos: a ambos lados de la parte superior de la faringe hay dos orificios donde desembocan las trompas de Eustaquio.

Toda esta explicación anatómica viene a cuento para comprender mejor que, como dice el dicho popular, “casa con muchas puertas, difícil es de guardar”. Éste es el motivo por el que los niños son tan propensos a tener problemas de garganta. Cualquier catarro, gripe, dolor de oídos, infección de la boca, de las anginas, etc., puede aparecer acompañada de dolor de garganta.

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Evitar el contacto

Toda la faringe se encuentra recubierta por una superficie mucosa cuya misión es retener los gérmenes que puedan llegar hasta ella, envolverlos, deglutirlos y mandarlos al estómago, donde el ácido clorhídrico se encargará de destruirlos.

No obstante, algunos de estos microorganismos aprenden a defenderse y, con el tiempo, llegan a habitar en la mucosa faríngea, conviviendo con las defensas en equilibrio perfecto.

La protección, esencial

El problema es que, aunque al niño no le afecten, sí puede transmitirlos a otras personas por las gotas de saliva de un beso, de la tos o tras un estornudo (que sale a una velocidad de 160 Km/ h y contamina una zona de 5 m2).

De ahí la importancia de enseñar a los niños y recordar a los adultos que hay que protegerse la boca y la nariz si están malos y lavarse bien las manos antes de comer o de llevárselas a los ojos o a la boca, para no contagiar ni reinfectarse.

Posibles problemas

El dolor de garganta es una de las consultas más frecuentes en pediatría (hasta los 6 años) y el que más absentismo origina en guarderías y colegios. Para defenderse de los agentes externos, la garganta cuenta con la mucosa y con las anginas, “compuertas” cuya misión es filtrar y detener las infecciones. Si alguna de ellas falla, aparecen los síntomas.

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Un fallo de la mucosa

Si ésta se seca, se reduce su espesor, pierde poder y aparece la irritación. Si en estos momentos se produce un contagio es fácil que se rompa el equilibrio entre invasor y defensa y se facilite el camino para que gérmenes oportunistas se instalen en ella y la infecten.

Los síntomas

Molestia al tragar y una sensación desagradable de aspereza, que resulta más intensa al despertarse y que mejora a lo largo del día.

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Un fallo de las anginas

Pertenecen al sistema linfático y se inflaman con facilidad. Si al observarlas ves que son más grandes de lo habitual y están de un color rojo brillante, es que se encuentran en plena faena defensiva (están reconociendo al germen y creando anticuerpos). Si tienen placas blancas o ves que la zona está cubierta de un velo blanquecino, no te quepa duda, hay una infección.

Los síntomas

Dolor intenso al tragar, inapetencia acusada, fiebre, decaimiento, ganglios inflamados, dolor de cabeza, náuseas y, en los niños pequeños, dolor de tripa.

Valora además que la comunicación que tiene la garganta con la nariz y los oídos es una vía de doble circulación, y por eso no es extraño que una infección en ella se complique con otitis o pueda bajar hacia el pecho. En todo caso, la visita al pediatra resulta obligatoria y seguir sus indicaciones, también.

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Los culpables del dolor de garganta

Ni caminar descalzo por la casa, ni tomar helados muy deprisa, ni dormir con la boca abierta, ni gritar causan infección de garganta. Aunque sí pueden irritarla, igual que ocurre con otros agentes ambientales como el humo del tabaco (sí, un niño fumador pasivo en un ambiente viciado puede ver su garganta afectada). La irritación prepara el camino. Pero los verdaderos atacantes son virus y bacterias. Y no es nada fácil saber de cuál se trata.

Virus, bacterias, alergia...

Los virus del resfriado suelen ser los principales causantes del dolor de garganta (¡hay más de 200!) y se sospecha su presencia porque, además del dolor, aparecen síntomas catarrales como rinitis, estornudos, lagrimeo y febrícula.

Otro virus implicado es el Epstein Barr, causante de la mononucleosis, también conocida como enfermedad del beso. Se manifiesta con dolor de garganta intenso, ganglios del cuello y axilas muy inflamados, dolor de cabeza y cansancio acusado. Si el pediatra estima que puede ser esta enfermedad, le palpará el abdomen para comprobar el tamaño del bazo y del hígado. Si están aumentados puede tratarse de mononucleosis e indicará una analítica para confirmarlo.

La alergia (rinitis alérgica) y la irritación de garganta que conlleva, también causan un molesto dolor. Pero, a diferencia de los otros dos casos, el estado general del niño es bueno. Además, el dolor es estacional, coincide con épocas de polinización o de presencia de hongos ambientales.

Las bacterias (la más habitual es el estreptococo) suelen ser los peores enemigos de una garganta sana. Su ataque ocasiona fuerte inflamación, focos de pus, fiebre alta y malestar general.

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Soluciones para el dolor de garganta

Como te habrá indicado el pediatra, la terapia para la infección por virus y para la irritación consiste en aliviar los síntomas. Analgésico tipo paracetamol para el dolor y la fiebre, antiinflamatorio para reducir el tamaño de las anginas y aliviar la irritación de la mucosa (no antes de los 6 meses), reposo en casa y muchos mimos. Contra la infección bacteriana sí están indicados los antibióticos; el pediatra te dirá cuál es el más oportuno.

Buenas medidas

Todo lo que sea facilitar la deglución reducirá la molestia. Vuelve a darle puré (tibio, pues los alimentos calientes lesionan la mucosa ya irritada). Los yogures, natillas, cremas, etc. son bien tolerados, pero si no quiere no insistas, si vomita se le irritará más. Y prescinde del tomate y los cítricos hasta que se le pase el dolor.

Si tiene edad para mantener una pastilla en la boca, ofrécele antisépticos bucales con efecto calmante (pregunta al farmacéutico). Y dale más líquidos para que se rehidrate la mucosa y vuelva a funcionar. Por lo demás, paciencia y descanso.

Reducir el contagio

Es aconsejable que el niño permanezca en casa una semana. Si no es posible, por lo menos debe estar alejado de sus compañeros durante las 48 horas posteriores al inicio del tratamiento con antibiótico (así el riesgo de contagio se reduce notablemente). Si la infección se repite con frecuencia, el peso y crecimiento del niño se ven afectados y su actividad diaria está condicionada por este problema, quizá su médico te plantee operarle de anginas.

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Más remedios contra el dolor

Sigue las indicaciones que te diga el pediatra de tu hijo y, además, toma buena nota de estos consejos:

Si se trata de un bebé

- Dale el biberón tibio y más ligero de lo habitual, reduce la cantidad de cereal para que trague mejor.
- Ofrécele un poco de agua fresca, no fría, entre las tomas.
- Coloca un humidificador en su dormitorio para evitar así que se le reseque aún más la garganta.

Si es más mayorcito

- Dile que haga gárgaras con agua que contenga una cucharada de sal. La sal es un buen antiséptico.
- Ofrécele una tisana tibia de agua mezclada con tres gotas de limón y una cucharada colmada de miel.
- Dale yogur, que mejora la flora; granada, que restaura los tejidos dañados o helado de crema, que le ayudará a bajar la inflamación (dile que se lo tome despacito).

La homeopatía es otra opción en la que muchas personas confían para aliviar el dolor y la irritación. Pregunta en farmacias.

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Qué es y cómo se hace un exudado

Cuando el pediatra sospecha que la garganta está infectada por estreptococos o el tratamiento pautado no funciona como se esperaba, indica que al pequeño le realicen un exudado.

Cómo se realiza

- La prueba es muy rápida y sencilla, pero resulta desagradable porque el niño debe vencer las náuseas y vómitos que causa. Quizá debas tenerlo sentado en tus rodillas y sujetarle las manos con las tuyas.
- No le des leche ni ningún antiséptico antes de la prueba.
- No debe utilizar colutorios ni enjuagues antes de la recogida de la muestra.
- Debe echar la cabeza hacia atrás, con la boca bien abierta, y no tener miedo (no duele).
- El médico (o la enfermera) tomará un hisopo con algodón y frotará la angina o la zona irritada y sospechosa de la faringe.
- Quizá se precise un palito para retirar la lengua que cierra el acceso a la garganta (puede causar vómito).

Los resultados

- La muestra recogida se envía al laboratorio, donde se espera al crecimiento de las bacterias. En unos 7 días se obtiene el resultado.
- Si no hay crecimiento bacteriano, se considera negativa. Si lo hay, se analiza el tipo de bacteria para poder determinar el antibiótico oportuno para combatirla.

Una vez que se haya establecido el tratamiento, debes terminar la pauta. No lo interrumpas a tu voluntad o las bacterias se harán resistentes, tu hijo volverá a enfermar y el próximo tratamiento será ineficaz.

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