Niños, sol y calor: ojo a los riesgos

Para evitar contratiempos en esta época, recuerda: mesura y protección ante el sol, vestuario fresco acorde con las temperaturas y una correcta hidratación.

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D.R.
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Protege a tu hijo del sol en verano
D.R.

El verano es una época maravillosa: hace calor y no es preciso que los niños lleven tanta ropa; los días son más largos y apetece salir de paseo con ellos; los papás suelen tener vacaciones o más tiempo libre y es frecuente que hagan salidas al campo, a la piscina o a la playa.

Además, el hecho de que España sea un país soleado favorece que existan menos casos de niños con bajos niveles de vitamina D (es la encargada de regular el paso del calcio a los huesos y es sintetizada por el organismo gracias a la acción de los rayos UV del sol sobre la piel).

Siempre con precaución

Eso sí; aunque el sol sea muy positivo, hay que tomarlo con mesura y tener presente que cada organismo responde de manera diferente ante las altas temperaturas.

Precaución especial con los bebés y niños pequeños, ya que ellos son más débiles y están más indefensos ante las agresiones.

Sirva como referencia este dato: un bebé tiene suficiente con 10 minutos de exposición solar diaria para que su cuerpo “se recargue” de vitamina D y su ánimo (si se trata de un niño irritable) mejore.

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Frente a las altas temperaturas

El cuerpo humano tiene la facultad de mantener su calor constante, tanto si el ambiente es frío como si es caluroso, aunque admite ligeras variaciones dependiendo de la temperatura exterior. Y para mantener este equilibrio dispone de varios mecanismos.

Así, en el verano o cuando se ve sometido a mucho calor, se produce una dilatación de los vasos sanguíneos periféricos (las venas están más hinchadas y es muy común que la cara se ponga roja). Además aumenta la sudoración, lo que permite al cuerpo refrigerarse.

Distinto en niños pequeños

Sin embargo, el organismo de los niños pequeños tarda más en sentir la alerta del calor y en poner en funcionamiento estos mecanismos, de ahí el riesgo de que a ellos les afecte más y que las consecuencias sean peores.

En este sentido, si la temperatura del ambiente es elevada, hay mucha humedad y el niño está al sol corriendo y jugando, es fácil que pierda agua y sales minerales y que se inicie un proceso de exceso de calor corporal y de deshidratación.

Y no hay que fiarse de la brisa: disipa el sudor y la sensación de agobio es menor, pero si el niño no repone los líquidos perdidos y no se protege contra el sol, el balance entre la pérdida de agua y el ingreso será negativo.

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¡Que no le falte el agua!

La falta de agua y de sales contribuye a que los músculos pierdan capacidad de recuperación y aparecerá la sed acusada, los calambres y la insolación. Por eso durante el verano con un niño conviene tener siempre a mano agua fresca (un termo o una neverita portátil pueden servirte para tener su biberón o su botella de agua siempre apetecibles).

Ofrécesela cada 30 minutos de juego, aunque no tenga sed; cuando aparece la sed es porque el cuerpo ya siente la falta de agua. Si se trata de un lactante de pecho, ofréceselo también fuera de las horas establecidas para sus tomas. Por otro lado, recuerda que tenga la edad que tenga tu hijo, si está al sol su cabeza debe estar cubierta con un gorro o visera.

Sin embargo, si le mojas el pelo déjasela al descubierto hasta que se le seque; si se la cubres se creará un ambiente cerrado de evaporación y aumento acusado de temperatura que no le dejará dispersar el calor corporal, generando un efecto contrario al que pretendes.

¿Y qué ocurre si está bañándose?

Cuando se hace ejercicio se consumen calorías y se genera calor. Y aunque en el agua esta sensación es mucho menor, el gasto de agua interior y de sales minerales del organismo es idéntico y el riesgo de calambres es el mismo.

Por tanto, el niño necesita beber aun estando en la piscina o en el mar. Además, como él no controlará su propia resistencia, han de ser los papás quienes le indiquen que salga del agua cada hora para descansar y reponer fuerzas.

Por último, para evitar el exceso de calor si no hay sombra donde vais a permanecer llévala tú y, siempre que sea posible, mantén bajo ella al bebé o niño pequeño. Existen cunitas o sombrillas específicas con tejidos tratados para filtrar los rayos ultravioletas del sol.

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Uso responsable del sol

Respecto al sol, como medida de precaución frente a futuros problemas dermatológicos y oncológicos, los pediatras recomiendan que los niños menores de 3 años no se expongan directamente a él.

Así, cuando vayas con tu hijo a la piscina o a la playa, procura que tome el sol de forma moderada y progresiva (20 minutos los primeros días son suficientes), nunca en las horas de mayor rigor solar y siempre con un protector apropiado para su tipo de piel: hipoalergénico, estable, con un factor de protección por encima de 25 y, a ser posible, que cubra un amplio espectro de radiación solar (UVA, causantes de manchas, alergias y arrugas; UVB, causantes del bronceado y de las quemaduras, e Infrarroja-A, que penetra hasta las capas más profundas de la piel y destruye el colágeno).

Buenas medidas

Los niños con pieles atópicas también pueden y deben tomar el sol para mejorar su trastorno y cuentan con productos solares específicos; pregunta en la farmacia.

Otra medida adecuada es que el niño expuesto al sol lleve ropas amplias, ligeras y claras, de tejidos transpirables. Actualmente existen prendas infantiles con tejidos que incorporan filtros para que el niño pueda bañarse con ellas y estar al sol con la protección correspondiente que indique el fabricante. Recuerda que el factor de protección del tejido viene indicado con las siglas UPF más un número, el máximo es 50+.

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Cuida sus ojos

También debes proteger sus ojos con gafas de sol, que filtren la radiación (UVA y UVB) y la reverberación sobre el césped o la arena. Para ello sus lentes han de estar homologadas, por lo que debes comprarlas en un establecimiento especializado; las que ofrecen en los chiringuitos playeros y en los puestos ambulantes no lo están y su uso es más peligroso que no llevar nada.

Otras precauciones

Por último, recuerda que si el niño no va a la playa pero sale al parque, a jugar a la calle o a hacer ejercicio, debes mantener las mismas precauciones. La piel conserva memoria de toda la radiación que recibe y el 80% de ella se asume en los primeros 18 años de vida. Cuanto más elevada sea esa dosis, mayor será el riesgo de aparición de cáncer en la edad adulta.

A este respecto, una medida fundamental con bebés pequeñitos en el hogar:cuidado con el sol que incide sobre las ventanas de su cuarto. El cristal puede actuar como lupa y quemar su piel, ya que los más pequeños no saben voltearse y cambiar de postura en la cuna.

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Ojo a los problemas del calor

La insolación y el golpe de calor pueden surgir en numerosas circunstancias. Una precaución que muchas veces olvidamos es evitar quedarse parado bajo el sol con el coche del bebé. Si has de hacerlo (el menor tiempo posible), baja la capota para que circule el aire en su interior y ponle la sombrilla para quitarle el sol.

Si la capota no lleva ventana o el tejido no dispone de aireación o sistema de recirculación de aire, puede producirse bajo ella un ambiente térmico muy elevado. Por la misma razón, no pongas el cubrepiés del cochecito.

Cuidado en el coche

Otra norma muy importante: un niño jamás debe permanecer en un vehículo cerrado, aunque esté aparcado a la sombra. Bastan unos pocos minutos en un coche parado y sin aire acondicionado para que se genere un ambiente de altísima temperatura que podría originar una rápida deshidratación y provocar un golpe de calor, del que te hablamos en el recuadro superior.

Y en cuanto al automóvil, hay otro cuidado esencial cuando se va con niños: si tu vehículo no tiene cristales tintados, coloca cortinillas en las ventanillas de los asientos traseros y en el del portón, así tu hijo no se quemará en los viajes. Si va en el asiento del copiloto, pon un toldillo a su silla o llévale siempre con visera.

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Cómo actuar si tu hijo sufre una insolación

Tu hijo puede sufrir este trastorno por haber permanecido mucho tiempo al sol o por haber realizado un gran esfuerzo jugando en un ambiente caluroso. Supone un agotamiento intenso del organismo, ya sea por exceso de calor o porque éste se ha deshidratado

Cuáles son los síntomas

Hay varios, y debes estar muy atento a ellos.

- El primer síntoma de alerta puede ser un calambre en algún músculo (generalmente en piernas o brazos). Indica que el niño ha perdido agua y sales minerales y que su organismo se está adaptando mal al esfuerzo y a la temperatura ambiental.
- Después, cansancio acusado, necesidad de sentarse, torpeza de movimientos, piel muy caliente (puede llegar a los 40 ºC), rostro muy enrojecido y sudoración copiosa; puede que veas deslizarse muchas gotas por su cara y su espalda.
- Visión doble o blanquecina.
- Sed acusada. Puede indicar que tiene ganas de vomitar o sensación de náuseas.

Cómo debes actuar

Prioritario: situar al niño a la sombra, en un lugar fresco, y mantenerlo semisentado y con la cabeza ligeramente hacia atrás para favorecer así la respiración. Después...

- Si está vestido, quitarle toda la ropa posible, calcetines y zapatillas.
- Refrescarle el cuerpo con agua a temperatura ambiente: mojarle la cabeza y el rostro, las axilas, las ingles, muñecas y espalda. Una vez mojado, favorecer la circulación de aire: abanicarle con un cartón o revista y evitar arremolinarse en torno a él, para dejarle espacio.
- Si el niño está consciente, es importante ofrecerle agua fresca.
- Si tiene sensación de mareo, hay que tumbarle en el suelo y estar atentos a las náuseas. Por si vomita, colocadle tumbado de lado, con una de sus manos bajo la mejilla.
- Si el pequeño no mejora o si aparecen dolores en el abdomen, conviene llevarle a un servicio de urgencias. Y en cualquier circunstancia, aunque con menor prisa, debe verlo un médico, por si precisa asistencia en la rehidratación.

Cómo prevenir

Hay que evitar que el niño esté al sol en las horas de más intensidad, mantener su cabeza cubierta, disponer de una sombra bajo la que refugiarle y ofrecerle agua cada poco tiempo. Si hace ejercicio, lo mejor es ofrecerle bebidas glucosadas. Y si aparece un calambre, actuar inmediatamente dejando al niño en reposo y a la sombra.

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Qué hacer ante una quemadura solar

Los niños son muy propensos a padecer quemaduras debido a que su piel es más débil y sensible y a que sus mecanismos de defensa son más pobres que en los adultos (menor producción de melanina).

Cuáles son los síntomas

La quemadura solar es una lesión en la piel que se inicia con un enrojecimiento acusado o eritema, que suele empeorar en las horas siguientes (por esta razón, por la noche el niño se encontrará mucho más molesto). Después de sufrirla, la piel se vuelve más sensible a las agresiones externas. Los síntomas son los siguientes:

- Enrojecimiento de la piel.

- Picor, escozor y a veces dolor al tacto y al contacto con la ropa.

- Formación de vesículas o de ampollas que en ocasiones pueden llegar a infectarse.

- Puede aparecer fiebre ligera.

Cómo debes actuar

Ante una quemadura, el primer paso es refrescar la piel con agua no salada. A continuación hay que aplicar paños mojados sobre la zona e ir renovándolos cada 10 o 15 minutos, aproximadamente.

- Conviene aplicar una crema con efecto refrescante, hidratante y reparadora, cada 20 minutos. Recuerda que las cremas after-sun y las que contienen aloe vera resultan muy efectivas.

- Si las molestias no remiten, ve al pediatra: existen pomadas antiinflamatorias con efecto calmante que le aliviarán.

Cómo prevenir

Además de evitar que los niños estén al sol en las horas de mayor rigor, es esencial proteger su piel con un producto solar de alto índice, que debe ser aplicado correctamente sobre todo en las zonas más propensas a quemaduras.

Por otro lado, si están bajo el sol es mejor que lleven gorra y camiseta amplia, de colores claros y secas; un tejido normal mojado deja pasar los rayos solares.

Y, por último, ten presente que los rayos solares acentúan su potencia sobre el agua: mucho cuidado si el niño está en una colchoneta o tiene la piel mojada.

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Y ante un golpe de calor...

El sistema de termorregulación de los niños pequeños es aún inmaduro y por eso pueden llegar a sufrir un golpe de calor, una situación más complicada que la insolación y que requiere una actuación inmediata.

Cuáles son los síntomas

El golpe de calor aparece ante un exceso de calor, ya sea por un prolongada exposición al sol o por permanecer en un ambiente térmico elevado. Sus síntomas:

- Sensación de debilidad muscular con o sin calambres.
- Mareo, en algunos casos acompañado de náuseas y vómitos.
- Piel caliente, seca y enrojecida
- Pulso rápido, pero débil.
- Respiración rápida y superficial.
- Dolor de cabeza agudo.
- En algunos casos, convulsiones.

Cómo debes actuar

Lo primero es tumbar al niño inmediatamente a la sombra y en lugar fresco. Y a continuación...

- Refrescarle el cuerpo con agua fresquita no helada, poniendo pañuelos mojados en el cuello, las axilas y las ingles (las zonas de mayor intercambio de calor corporal). Abanicarle.
- Si está consciente, darle agua a pequeños sorbos, NO darle comida.
- Si aparecen convulsiones no hay que sujetarle: asegúrate de que respira y túmbale de lado.
- En cualquier caso debe ser atendido en un servicio de urgencias.

Cómo prevenir

Si tu bebé tiene pocos meses o es recién nacido, debes tomar precauciones extremas. Sus prendas de ropa han de ser frescas, cómodas y holgadas y no debes taparle en exceso: tócale la nuca y el cuello; si están sudorosos, quítale prendas.

Si pasas de estar en la calle con calor a un lugar con aire acondicionado, espera unos minutos en la entrada para que su cuerpo se aclimate. Y no permanezcas con él bajo el chorro del aire.

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