Cómo evitar el dolor de espalda en niños

Corrección postural, alimentación adecuada y ejercicio, tres reglas básicas para que los niños tengan unos huesos sanos y se eviten dolores de espalda y de articulaciones.

 

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Desde los primeros años

"¿Qué haces sentado así?” “No veas la tele tumbado.” “La mochila, en los dos hombros...” ¿Cuántas veces hemos oído y hemos dicho cosas así? Cuando las posturas son tan exageradas como las que adoptan algunos niños, que desafían la lógica y la anatomía, a los padres les desborda la preocupación. Está muy bien vigilar y controlar, pero no caer en alarmismos.Una postura que se mantenga unos minutos no influye en nada. El problema es si se convierte en costumbre.

Corregir malos hábitos

Hasta los 6-8 años no se consolidan los vicios posturales, por lo que los malos hábitos que tenga el niño son más fáciles de corregir antes de esta edad que en etapas posteriores. Por eso es entre los 3 y los 6 años cuando hay que actuar.

Según la Fundación Kovacs, hasta los 9 años la prevalencia del dolor de espalda es muy baja, pero a partir de entonces va en aumento y a los 15 años es similar a la de los adultos. De hecho, según el Colegio de Fisioterapeutas de Madrid, más del 50% de los escolares españoles de entre 12 y 15 años sufren dolor de espalda y más del 40% de los menores de 11 años, también.

Para no llegar a esta situación, vigila desde los 3 años qué posturas adopta tu hijo cuando se sienta, juega, hace sus deberes, etc. Y, aún a riesgo de parecer pesada, recuerda repetirle mil veces cómo debe hacerlo para prevenir lesiones.

¿Los niños son de chicle?

Más que de chicle, son de cartílago. Se podría decir que en el último mes de gestación el esqueleto del niño es más cartílago flexible que hueso, pero en pocas semanas comienza un proceso de osificación que finaliza sobre los 18-20 años en los chicos y a los 16-18 en las niñas.

Los niños y adolescentes tienen sus huesos más pequeños y flexibles que los adultos y poseen además zonas de crecimiento que se transforman en hueso duro con el tiempo (un recién nacido tiene 300 huesos y un adulto, 206). Cuando esto sucede la flexibilidad se reduce notablemente, aunque con ejercicio y actividad física se pueden conservar buenos niveles.

Medidas correctas

Al tiempo que se produce la osificación, las células de los huesos encargadas de darles forma y de reparar las fracturas, que mantienen una gran actividad durante la infancia y la preadolescencia, empiezan a perder eficacia en su trabajo.

Sin embargo, esta tendencia se puede modificar: para que los huesos estén sanos y no se curven o se rompan al soportar un peso excesivo o tras un golpe o maniobra brusca, hay que acostumbrar al niño a realizar una actividad física correcta y constante y a seguir una alimentación en la que se mantengan los niveles de calcio que sus huesos necesitan.

Ejercicio y alimentación

Para que te hagas una idea de lo importante que es la alimentación, basta con decir que en la sangre siempre ha de haber cierta cantidad de calcio, ya que todas las células lo utilizan para funcionar; lo usa el corazón para trabajar a su ritmo, los nervios para poder responder y, por supuesto, los huesos y los dientes para formarse y mantenerse.

Cuando ese nivel decae, los huesos ceden su mineral, una labor muy altruista. Pero si se prolonga en el tiempo el hueso se curva, aparece el dolor y la falta de masa ósea favorece que se rompa. De ahí que la dieta del niño deba incluir alimentos ricos en calcio que mantengan esas cifras (de 1 a 3 años necesita 500 mg; de 4 a 8 años, 800 mg, y de 9 a 18 años, 1.300 mg diarios).

Debe hacer ejercicio 

En cuanto a la actividad física, todo ejercicio genera músculo y para evitar que éste tire en exceso del hueso y lo rompa, los osteoblastos, unas células de los huesos, fabrican y segregan colágeno, calcio y fósforo para fortalecerlo. Por tanto,un niño que haga ejercicio bien dirigido tendrá los huesos más fuertes y flexibles que otro que no lo haga.

Por último, los huesos, y en especial los de la espalda, soportan el peso del cuerpo y otros pesos que el niño carga durante el día (la mochila, el hermanito a cuestas, etc.). Para aprender a mover y usar la espalda sin riesgos hay normas que se conocen como higiene postural.

Buenas y malas posturas

Aunque sabemos que es complicado mentalizar a un niño de lo importante que es mantener una postura correcta todo el tiempo. Te damos una serie de consejos para cada una de las situaciones más comunes en las que los más pequeños tienden a forzar su espalda.

- Tumbado boca arriba. Es la postura indicada para que el bebé duerma, pero cuando esté despierto debes ponerle boca abajo por lo menos tres veces al día (15 minutos). Así se fortalecen los músculos del cuello y se evitan deformaciones de la cabeza.
- Sentado con las piernas en w. La ponen algunos niños al jugar en el suelo. Esta postura hace rotar en exceso la rodilla y obliga a meter hacia dentro las puntas de los pies. Después estos niños tienen tendencia a tropezar con sus propios pies.
- Tumbado en el suelo para ver la tele. Mirar desde una postura tan baja obliga a una hiperflexión del cuello, bastante molesta, que suele compensarse poniendo los codos en el suelo y apoyando la cabeza en las manos. Las cervicales son las perjudicadas.
- Pintando con la hoja torcida. Fuerza a un ojo a trabajar más que el otro y obliga a torcer la espalda y el cuello.
- Durmiendo boca abajo. No es buena postura para nadie, ya que modifica la curvatura lumbar y mantiene el cuello girado durante horas. Se recomienda dormir boca arriba con una almohada fina que mantenga la espalda recta y otra bajo las rodillas. O de lado, en posición fetal o con una pierna adelantada, y una almohada que mantenga el cuello en línea con la columna.
- Jugando al ordenador. La pantalla debe estar a la altura de los ojos, de frente (no de lado) y sin reflejos. El teclado, bajo, para que piernas y brazos formen ángulos de 90º. Debe sentarse con la espalda y el culete apoyados en el respaldo. Si no llega, ponle un cojín en la zona lumbar y un reposapiés.
- En cuanto a la mochila del cole...Su peso no debe exceder el 10% del peso del niño. Con tirantes anchos acolchados y colocados en ambos hombros, ubicada en el centro de la espalda, en la zona lumbar y con tira para ajustarse al abdomen. Y mejor con ruedas o con carro y llevarla empujando, no tirando.

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