Las enfermedades que vuelven

Tosferina, tuberculosis, paperas, sarampión… Aunque hay vacunas para ellas, los pediatras siguen encontrándose con infecciones que creían erradicadas. ¿Por qué reaparecen?

 

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Surge la alarma, pero...

Cualquier noticia sobre un brote de estas infecciones puede alarmarte, pero no es lo normal que tu hijo se contagie de las enfermedades llamadas “antiguas”. Al haber un porcentaje muy elevado de población vacunada, se produce el fenómeno de grupo o rebaño; es decir, que al estar la mayoría de los niños inmunizados, ya no se transmite la enfermedad y se protege al resto, aún cuando algunos no estén vacunados.
Aún así, cada año aparecen nuevos casos, bien porque un niño se haya contagiado a una edad a la que no estaba indicada la correspondiente vacuna, o bien porque la inmunización no ofrece una protección completa o duradera en el tiempo. Lo importante, si tu hijo comienza a presentar síntomas, es diagnosticar rápido y seguir el tratamiento adecuado.

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Tosferina, grave en los muy pequeños

Causada por la bacteria "Bordetella pertussis", es muy contagiosa, al transmitirse por el aire. Comienza con estornudos y mocos, fiebre no muy alta y tos leve –puede confundirse con un resfriado, por eso se tarda en diagnosticar–. En dos semanas evoluciona a tos convulsiva con espasmos que provoca un silbido agudo e incluso llega a ocasionar vómito o desmayo.
La tosferina no es peligrosa en adultos, pero son ellos los que la contagian y el problema surge si se infecta un recién nacido o de pocos meses, que aún no han completado la inmunización.

¿Hay vacuna?

Sí, la primera dosis se administra a los 2 meses, pero la inmunización no es completa hasta que se pone la tercera dosis (a los 2, 4 y 11 meses). En algunas CCAA ya se vacuna a las embarazadas en la semana 32 para que el bebé nazca protegido. Hay un refuerzo de la vacuna a los 6 años, pero a los 10 años de esta disminuye la inmunidad y es posible que aparezcan casos entre adolescentes y adultos que, aunque de menor gravedad, pueden ser contagiosos.

¿Cómo se trata?

La enfermedad se combate con antibióticos, tanto para el niño como para los familiares. Estos acortan el tiempo en el que el niño puede contagiar pero no alivian los síntomas, salvo cuando se aplican muy precozmente.

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Paperas, afecta a niños más mayores

Un virus de brote cíclico es el que causa la inflamación de las glándulas parótidas, las encargadas de producir la saliva, situadas delante y debajo de cada oído. Se contagia por el aire, pero también si el niño toca una superficie con gotas infectadas y se lleva la mano a la boca.
Además de la inflamación, que resulta muy dolorosa, las paperas suelen provocar malestar general, dolor de garganta y de cabeza y fiebre moderada.

¿Hay vacuna?

La triple vírica es la que protege de las paperas, sarampión y rubéola. La primera dosis es a los 12 meses y la segunda entre los 3 y los 4 años. La triple vírica protege de los virus que causan las paperas, aunque también pueden ser provocadas por bacterias, y para esta parotiditis no hay vacuna; en este caso se trata con antibiótico.
Las paperas suelen afectar a niños mayores de 5 años y, sobre todo, mayores de 15. Uno de los motivos de los brotes que se han producido últimamente en España ha sido la llegada de personas de otros países que venían parcialmente vacunados. Y otro, que a partir de los 14 años de edad comienzan a bajar las defensas de la triple vírica.

¿Cómo se trata?

Hay que aislar al niño desde que las glándulas comienzan a inflamarse hasta cinco días después, aunque los síntomas duran hasta diez días. No hay un tratamiento específico, salvo hacer todo lo posible para que el niño se encuentre más cómodo, controlando la fiebre con ibuprofeno y ofreciéndole agua y zumos para que esté hidratado.

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Tuberculosis, a la baja pero no erradicada

Se trata de una enfermedad provocada por una bacteria que afecta a los pulmones y que se contagia por inhalar gotitas contaminadas. Los niños rara vez transmiten esta enfermedad, porque no suelen eliminar bacilos a través de las secreciones respiratorias. Por esta razón, cuando un niño llega a la consulta con tuberculosis, los pediatras saben que hay un adulto cerca que padece la enfermedad.

Los síntomas en niños son cansancio, tos, fiebre y pérdida de apetito. A los pequeños contagiados y a los que están con riesgo de contagio y familiares cercanos se les hace la prueba de la tuberculina: se inyecta una sustancia en el antebrazo con una aguja muy fina y a las 72 horas se mide la reacción. Si sale positivo, se radiografía el tórax para comprobar el alcance, se hace un estudio bacteriológico y se inicia el tratamiento con el medicamento adecuado.

¿Hay vacuna?

A día de hoy, aunque existe una en fase de estudio muy desarrollada, no hay una vacuna que asegure la total inmunidad. Por ello en España se optó por eliminar la vacuna de Bacillus Calmette-Guerin, BCG, del calendario vacunal (sí se pone en el País Vasco), porque apenas había casos de tuberculosis y porque su aplicación alteraba el diagnóstico de la prueba de la tuberculina, generando un problema al interpretar los resultados.

¿Cómo se trata?

En principio no presenta un cuadro clínico muy alarmante y puede pasar inadvertida, pero los niños actúan como reservorio de la enfermedad futura y puede que con los años la desarrollen. Por eso es muy importante diagnosticarla a tiempo y tratarla con los fármacos antituberculosis. Además, hay que tener especial cuidado con los menores de 2 años, ya que en ellos es más frecuente que la tuberculosis derive en meningitis.

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Sobre el sarampión y la difteria

Respecto a estas dos enfermedades también hay cosas que debes tener en cuenta.

Hay que vacunar de sarampión

Con el 95% de los niños vacunados en España, la enfermedad del sarampión está prácticamente erradicada. Entonces, ¿para qué vacunar? Es lo que se plantean muchos antivacunas, pero los médicos contestan que los niños ya no tienen sarampión precisamente por la alta tasa de inmunización. Es decir, que aunque vengan niños de otros países sin vacunar, no se producirá una epidemia ni brotes graves, al ser casos aislados. En cambio, si los niños no estuvieran vacunados en su mayoría, el virus comenzaría a extenderse y eso sí generaría un problema de salud pública. La vacuna del sarampión se pone en España a los 12 meses, la primera dosis, y entre los 3-4 años, la segunda.

La difteria, hoy es rara

El único caso de difteria ocurrido en España en las últimas tres décadas fue un niño de Olot (junio de 2015) y surgió a consecuencia de una falta voluntaria de vacunación por parte de los padres (la vacuna se pone a los 2, 4 y 11 meses de vida, a los 6 años y en adolescentes como refuerzo). Esta enfermedad es rara pero muy peligrosa porque la bacteria que la provoca no solo afecta a las vías respiratorias, también produce una toxina que puede afectar gravemente a los riñones, al cerebro y al corazón.

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