Estimula las defensas de tu hijo

El otoño y el frío y el estrés de la guarde o el cole pueden afectar al ánimo de tu hijo y debilitar sus defensas. ¿Sabes cómo fortalecerle?

 

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Tu gran aliada, la alimentación

Durante los primeros meses muchos bebés se mantienen sanos por las defensas que les transmite la madre en el embarazo y, en el caso de los alimentados a pecho, por los beneficios de la leche materna, que fortalece sus defensas.

Sin embargo, a partir del sexto mes su sistema inmune, en fase de maduración, empieza a actuar con mayor independencia.

La alimentación es la pieza fundamental para fortalecerlo, por ello es esencial vigilar que su dieta sea equilibrada, suficiente y variada, y que incluya hidratos de carbono como fuente básica de energía, pocas grasas saturadas, una cantidad adecuada de proteínas, alimentos naturales nutritivos, vitaminas y minerales y abundantes líquidos.

Las vitaminas

Son sustancias que el organismo no produce, por eso se obtienen por vía digestiva. Y son sustancias imprescindibles en el proceso metabólico.

No aportan energía, pero sin ellas el organismo no sería capaz de aprovechar la energía de los alimentos. Un aumento de las necesidades biológicas (por ejemplo, la etapa del crecimiento) requiere un incremento de estas sustancias. Aquí tienes las más habituales:

- Vitamina C: Se encuentra en los vegetales y también en las frutas frescas (naranja, mandarina, pomelo, tomate). No se acumula en el organismo, por eso se aconseja consumir estos productos a diario. Es muy sensible a la luz, a la temperatura y al oxígeno, por eso hay que consumir los productos de inmediato (un ejemplo: un zumo de naranja pierde casi toda su vitamina 20 minutos después de ser preparado). La cantidad diaria para un niño oscila entre 100 y 200 miligramos al día.
- Vitamina A: Protege la piel y las mucosas, las primeras barreras del sistema inmunológico, y fortalece las células. Su ausencia multiplica la posibilidad de infecciones. La encontrarás en zanahorias, espinacas, huevos, lácteos, atún...
- Vitamina E: Mejora el funcionamiento del sistema inmunitario, regenera los tejidos y es un excelente antioxidante. Su déficit provoca anemia. La encontrarás en: aceites de oliva, girasol y maíz, frutos secos, aguacate, soja, trigo, brócoli, huevo...
- Vitamina D: Es vital para la absorción del calcio y el fósforo. Se forma en la piel gracias a los rayos ultravioletas. Si el niño sale al parque a diario, la recibe de la luz solar y no hace falta buscarla en la dieta. Aún así, está en sardinas, atún, leche y yogur vitaminados, quesos...

Y los minerales

Hay muchos necesarios para la buena salud del niño. Entre ellos:

- Hierro: Es un mineral –junto con el zinc– esencial para el buen desarrollo del sistema inmunitario, además de ser un excelente antioxidante. La carne, las legumbres y las verduras son ricas en este mineral.
- Calcio: Tu hijo lo necesita para crecer, porque la mitad de su masa ósea se forma durante la infancia. Debes darle al día 2-3 raciones de lácteos durante la infancia y 3-4 raciones diarias en la adolescencia. Lo encuentras en la leche (si no le gusta, prueba a dársela chocolateada o a camuflarla en sus platos con otros alimentos), los lácteos, las verduras de hoja verde, las sardinas en lata, el lenguado, el salmón, las legumbres, los frutos secos...
- Magnesio: Es esencial para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Su déficit afecta a la memoria, por eso es fundamental que el niño lo tome para rendir más en el cole y mantener una buena salud. Se encuentra en el cacao, los frutos secos, las legumbres, los cereales...

Refuerza su salud

La risa y la actitud positiva es la medicina más barata del mundo y está al alcance de cualquiera. Si pasa un catarro tras otro, no te dejes vencer por el desánimo ni se lo transmitas al niño.

Y en cuanto tu hijo pueda, llévatelo a que corra al aire libre y a que haga ejercicio. Además de sentirse mejor (el ejercicio genera endorfinas, hormonas relacionadas con la sensación de bienestar y vitalidad), dormirá a pierna suelta.

Muy buen humor

Sentirse de buen humor fortalece el sistema inmunitario, ya que el cuerpo segrega endorfinas y contribuye a la creación de linfocitos naturales, células que ayudan a combatir las agresiones externas. Además, el sistema nervioso central controla los estados de ánimo, que influyen de manera directa en el sistema inmunitario.

Ejercicio físico y descanso

El ejercicio físico es básico para reforzar sus defensas. Haz que suba a casa por las escaleras en vez de en ascensor, llévalo al parque a correr...
El movimiento ayuda a eliminar estrés y fortalece su cuerpo, pero recuerda que el equilibrio entre ejercicio y descanso es vital. Y es que, si el niño no duerme lo suficiente, su sistema inmunitario se debilita.
Para que te hagas una idea, los niños de 1 a 3 años deben descansar un máximo de 12 horas al día. A partir de los 4 años, bastan con 8 o 9 horas.

Las vacunas

Han sido la mayor aportación a la salud durante el siglo XX, al disminuir de forma drástica la mortalidad infantil. En nuestro país la cobertura vacunal es excelente. Además de las del calendario oficial que te indicará su pediatra, hay otras que no son obligatorias. Pregunta al pediatra si tu hijo necesita alguna en concreto.

Bendito sol

La luz solar es fundamental para la síntesis de la vitamina D, pero también para la de muchos neurotransmisores. Así, la luz solar varía los niveles de serotonita, por eso influye en los estados de ánimo. Este otoño sácalo siempre que puedas a que le dé el sol.

Esencial, en otoño y en invierno

El sistema inmunitario es el conjunto de mecanismos encargados de proteger al organismo de las agresiones de estos agentes externos.

La forma en que nuestro cuerpo actúa frente a este grupo de invasores es sencilla: los identifica, los destruye y crea una “memoria” para reconocerlos y combatirlos con mayor eficacia si vuelven a atacar. Sin embargo, a diferencia de los adultos, en los niños el sistema inmunitario está en fase de maduración.

Niños más sensibles

Los pequeños son más sensibles a todo, por esta razón hay que estar en guardia. Se calcula que un niño sano padece una media de 10 procesos infecciosos al año, la mayoría catarros sin importancia.

El otoño y el invierno concentran muchos de los ataques de virus y bacterias, porque es en los ambientes fríos donde proliferan. Si a ello unimos que en las aulas tu pequeño comparte gran parte del día con otros niños, entenderás por qué es vital que su sistema inmune esté preparado.

¿Qué defensas tiene tu hijo?

La número uno es la piel. Por eso los niños con dermatitis atópica son más propensos a padecer alergias y otras enfermedades inmunes. Junto a la piel, en esta primera gran barrera están las mucosas respiratorias y digestivas: la saliva, los mocos, los jugos gástricos...

Si los gérmenes logran traspasarlas, se encuentran con un segundo frente: las defensas orgánicas internas, es decir, las celulares (sanguíneas, linfáticas) y humorales (basan su acción en los linfocitos B, así las células comienzan a fabricar anticuerpos para combatir a los invasores).

Pero además, la buena alimentación, el ejercicio o el buen humor refuerzan este sistema defensivo.

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