Todo lo que ayuda a tu hijo a crecer bien

En sus tres primeros años de vida tu hijo crecerá más que nunca. La herencia genética condicionará su talla, pero también lo harán la alimentación, el descanso, el ejercicio físico,la estimulación emocional...

 

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Así se va desarrollando

Durante el primer año, el bebé crece alrededor de 25 cm (unos dos al mes) de media. En el segundo año, unos 12 cm. En el tercer año, alrededor de 9 y entre el tercero y el cuarto, unos 6. A partir de esta edad su desarrollo estará en torno a los 5 cm anuales hasta alcanzar los12 años.

Distintas necesidades nutricionales

De ahí que sus necesidades nutricionales sean muy altas en su primer año y se mantengan elevadas hasta el tercero. "En cambio, entre los 3 y los 12 años su consumo calórico ha de ser menor", aconseja nuestro asesor.

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La alimentación, esencial

La leche materna es el alimento más completo que puedes dar a tu bebé. De hecho, la Organización Mundial de la Salud aconseja optar por la lactancia materna en exclusiva durante los primeros seis meses de vida y a partir de ahí continuar con ella si se desea, añadiendo los nuevos alimentos.

Y es que tras el primer semestre (aunque puede que el pediatra te aconseje empezar un poco antes) llega la alimentación complementaria, comenzando por los cereales y continuando por las frutas, las verduras...
Pero sin dejar nunca de lado el producto estrella: “Ha de consumir unos 400 ml de leche o lácteos al día en los tres primeros años de vida”, explica el pediatra Jordi Sapena.

Y partir del año...

La premisa es sencilla: una alimentación equilibrada y variada que incluya nutrientes como el calcio, el hierro, las proteínas y las vitaminas. Aunque el pediatra alerta: “Hay una ingesta excesiva de proteínas basada en la creencia equivocada de que mucha proteína ayuda al niño a crecer”. Carne, pescado o huevos, sí..., pero en su justa medida.

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Cariño y buen ambiente

La estimulación positiva de las emociones es uno de los factores más importantes para el crecimiento de tu hijo. “El niño es un espejo de las reacciones de sus progenitores”, explica Jordi Sapena. “Si los padres son cariñosos y alegres, hay muchas más probabilidades de que los niños también lo sean”, indica.

La estimulación permite desarrollar la capacidad cognitiva y emocional de los niños más pequeños. “El objetivo es reconocer y motivar su potencial, fortaleciendo su autoestima”, explica el pediatra.

Demuéstrale que le quieres tal como es

Un niño feliz mejora sus defensas naturales y eso redunda en un crecimiento óptimo. Además, a partir de los 3 años es bueno que empiece a aprender a gestionar sus propios conflictos. “Los niños tienen una muy baja tolerancia a la frustración y eso les genera inseguridad”, cuenta el pediatra.

Por esta razón hay que darles cariño y hacer que se sientan seguros. Y el mejor modo de lograrlo es jugar con ellos, hacerles reír y transmitirles que los aceptamos y queremos tal y como son.

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La importancia del ejercicio

Moverse, gatear, andar y correr le ayuda a crecer. “El ejercicio físico tonifica sus músculos y le aporta oxígeno”, cuenta Sapena. Además, los expertos han comprobado que la estimulación física proporciona unos huesos con más densidad mineral, es decir, más fuertes. “Muchos padres creen que el ejercicio programado (practicar algún deporte) es el más eficaz, pero se equivocan. Nada es más efectivo que brincar o correr por el parque”, añade.  Actividades físicas en las que haya mucho movimiento como saltar a la cuerda, trepar o jugar a la pelota en el parque, resultan ideales.

Ojo a las pantallas y al sedentarismo

Pero para ello hace falta disponibilidad. Dedica un rato cada día a activar sus músculos, te lo agradecerá.  “El sedentarismo de los niños está directamente ligado al de los padres”, avisa Sapena. Y no le falta razón. Actualmente vivimos en un entorno en el que cada vez cuesta más que los niños pequeños se muevan y hay que cambiar esa tendencia. Si a tu hijo le das camino, correrá. En cambio, si le das sofá, se apalancará. Tú decides. “Un niño no debería estar más de una hora diaria delante de una pantalla de ordenador o de la tele", recomienda el doctor Sapena.

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Y el descanso necesario

Dormir ayuda a crecer a tu hijo. La hormona del crecimiento se segrega sobre todo durante el sueño, por lo que es importante que el peque cumpla los periodos de descanso. Durante el primer año de vida, el bebé duerme una media de 15 horas diarias en un ciclo de 24 horas.  A partir del año, unas 12 horas.

“Los padres suelen tener la percepción de que su hijo duerme poco, pero se equivocan”, dice el pediatra. A los 2 años puede dormir unas 10 horas al día. “Con este periodo de tiempo tiene cubiertas sus necesidades de descanso”, añade.

Buenas condiciones

Fija una hora y comprueba que la habitación sea tranquila, oscura y a temperatura adecuada. La siesta, por otra parte, es fundamental en los primeros años. “Tiene un efecto reparador no sólo a nivel físico, sino también a nivel emocional”, explica el pediatra del Hospital Quirón Teknon.

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Los genes influyen...

La herencia genética juega un papel esencial en el crecimiento de los niños, hasta el punto de que condiciona más del 50% de su talla final. “Salvo excepciones, ligadas normalmente a enfermedades, si los padres son altos lo lógico es que el niño también lo sea”, concluye el doctor Jordi Sapena.

La importancia de los factores ambientales

Sin embargo, el experto hace una matización: “En nuestro genotipo no solo hay genes de nuestros padres, sino también de generaciones anteriores que normalmente permanecen intactos aunque antes hayan estado silenciados”.

Por esta razón, de unos padres bajitos también puede salir un hijo alto. Así, los factores ambientales modifican la expresión de nuestros genes interviniendo en el desarrollo.

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