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¡Qué difícil resulta para los más pequeños adaptarse a este mundo! Cuando tu bebé estaba en el útero no tenía problemas de asimilación de nutrientes ni de estreñimiento ni de cólicos ni de molestias abdominales. Pero ahora, a pesar de encontrarse en tus amorosos brazos, tiene que empezar con el proceso de la digestión, para el que su organismo no se ha entrenado, y todos los comienzos son difíciles.

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En realidad, su sistema digestivo no actúa únicamente como órgano de absorción y secreción, sino que también se encarga de la regulación hormonal y ejerce como barrera defensiva anti-infecciones. Para convertirse en la máquina perfecta que es, aún tiene que superar un lento proceso de maduración que alcanzará su óptima funcionalidad hacia los 5 años. Esta es una de las razones por las que hay que cuidar con tanto esmero su alimentación y por la que esta se estructura en función del grado de desarrollo de su sistema digestivo

Como sabes, la leche materna es el mejor alimento que le puedes ofrecer a tu hijo. Es un alimento vivo y único, muy fácil de digerir que cuenta con los nutrientes indispensables y en la cantidad precisa para favorecer el adecuado desarrollo físico y mental del niño. Además, siempre está a la temperatura correcta y con ella le transmites una serie de defensas que van a ayudar notablemente a su sistema inmunológico.

Cuando el bebé es más frágil y vulnerable la leche materna en exclusiva es la mejor opción. Después, cuando ya produce más saliva y enzimas digestivas, puedes empezar con la alimentación complementaria (frutas, verduras, cereales, carne, pescado) de forma progresiva, valorando siempre cómo le sienta cada alimento y siguiendo el orden y las pautas que te indique su pediatra.

La OMS, UNICEF y las sociedades científicas más relevantes aconsejan la lactancia materna en exclusiva durante los primeros 6 meses de vida y después, mantenerla en combinación con la alimentación diversificada, hasta los 2 años (o hasta que la madre y el niño así lo decidan).

Los ingredientes de tu leche, claves en la digestión

Tu bebé solo toma pecho y ¡también tiene cólicos del lactante! Sí, puede suceder, pero quédate tranquila, tú no estás haciendo nada mal. Estos dolores abdominales periódicos, tan comunes en los niños de pocos meses, están relacionados con numerosos factores, entre ellos con la inmadurez de su sistema digestivo. Y ya te hemos contado que va a tardar un tiempo en conseguirlo. Aunque sí parece evidente que los cólicos de los niños de pecho suelen ser menos intensos y su duración en el tiempo es menor. ¿Por qué? En tu leche está la clave.

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En la leche materna existen ciertos nutrientes que favorecen el desarrollo digestivo de los más pequeños. Entre ellos destacan, por su influencia en la salud y evolución del niño, la grasa láctea (rica en ß palmitato) y los galactooligosacáridos (GOS). El beta palmitato, supone hasta el 70% del ácido palmítico presente en la leche materna (el palmítico es el segundo ácido graso en importancia en la misma, solo por detrás del oleico).

Como ves, se trata de un ácido graso de gran importancia para tu hijo, ya que favorece el tránsito digestivo (contribuye a evitar el estreñimiento, la acumulación de gases y las molestias derivadas); interviene en el crecimiento de la flora intestinal beneficiosa (las defensas de tu hijo dependen directamente de que esta flora se encuentre a pleno rendimiento) y mejora el aprovechamiento de las grasas y la absorción de minerales imprescindibles para su crecimiento, como el calcio.

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Si te has preguntado alguna vez, por qué tu hijo hace deposiciones después de casi todas las tomas de pecho, ya conoces a uno de los causantes (el ácido palmítico), pero también contribuyen a ello los galactooligosacáridos, un tipo de fibras solubles propias de la leche materna.

Estas fibras son auténticos prebióticos que mejoran el estreñimiento y la diarrea (sí, ambos problemas, ya que regulan el tránsito intestinal). Además, intervienen en la absorción del calcio y el magnesio y estimulan el crecimiento de las bacterias beneficiosas (como lactobacillus y bífidus) que conforman la microbiota intestinal, encargada de mejorar el sistema inmunológico de tu hijo. ¡Con tu leche, todo son ventajas!

Por el bienestar digestivo de tu bebé

Puede suceder que los planes no salgan como tú esperabas y que no esté en tu mano ofrecer el pecho a tu hijo. Si por cuestiones de salud, por recomendación médica, por circunstancias que no te permiten llevar a cabo la lactancia materna o no puedes mantenerla tanto tiempo como te gustaría, puedes encontrar estos dos nutrientes indispensables (grasa láctea con ß palmitado y GOS) en determinadas fórmulas infantiles muy avanzadas que recrean la composición y funcionalidad de la leche materna. Antes de decidirte, cuenta con el asesoramiento de su pediatra, él te indicará el número de tomas y la cantidad de fórmula infantil que tienes que ofrecer a tu bebé en cada una de ellas, para que su alimentación sea adecuada y siga disfrutando de un correcto bienestar digestivo.

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