El exceso de higiene es perjudicial para la salud de los niños

Si ver a tu hijo descalzo o con las manos sucias hace saltar tus alarmas… ¡Calma! Los microbios no son sinónimo de enfermedad; de hecho, pueden ayudar a su desarrollo inmunológico.

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Los niños de países en vías de desarrollo, que crecen solos o al cuidado de otros niños, rebozándose en la suciedad de barrios no muy limpios, tienen menos alergias que los occidentales. La razón: ellos están en contacto con todo tipo de antígenos (sustancias que desencadenan la formación de anticuerpos); nuestros peques, no.

Hace 150 años que sabemos que los microbios son capaces de causar infecciones; desde ese momento, nuestra obsesión ha sido matarlos y evitar que nuestros hijos estén expuestos a ellos. El problema es que no es tan simple: hay bacterias ‘malas’ causantes de infecciones y enfermedades como la neumonía, pero otras como las bifidobacterias o los lactobacilos, son beneficiosas para nuestra salud.

¿Obsesión por la higiene?

Los expertos canadienses B. Brett Finlay y Marie-Claire Arrieta, autores del libro Let Them Eat Dirt (‘Déjales comer suciedad’), afirman que “estar expuestos desde pequeños al mayor número posible de microbios, hace que nuestros hijos crezcan más sanos y enfermen menos”. Según ellos, “la obsesión por la higiene está saboteando nuestra salud”. Una postura que puede parecer radical, pero que no lo es tanto: “En el siglo XXI la esterilización de los utensilios del bebé ya no es una práctica tan estricta como antes. Para la limpieza de cosas del bebé, por ejemplo, los expertos recomiendan un lavado con agua y jabón, con eso es suficiente. La ciencia avanza y las recomendaciones cambian”, reconoce la doctora Conchita Pérez-Jorge Peremarch, microbióloga y adjunta del Servicio de Microbiología Clínica del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Si un niño no está expuesto a determinados microbios, su sistema inmune siempre será inmaduro.

Buenas costumbres

No ocurre siempre, pero los críos que crecen demasiado protegidos de bacterias tienen sistemas inmunológicos que no saben cómo responder cuando se encuentran algún microorganismo por primera vez, lo que les hace más proclives a desarrollar enfermedades como la dermatitis, el asma y otras afecciones respiratorias. “La microbiota (conjunto de microbios que viven en el intestino humano) juega un papel importante en el desarrollo de ciertas alergias, de la obesidad y del asma, por lo tanto, favorecer su biodiversidad estimulará la madurez del sistema inmunitario.

El contacto con bacterias adecuadas favorece una respuesta inmunitaria tolerante, no generando una actividad inmunológica como la que se desencadena con las alergias y las enfermedades autoinmunes como la celiaquía”, señala la microbióloga. Visto lo visto, fuera paranoias: para conseguir un nivel de higiene razonable y favorecer la inmunidad, a los padres les toca ser más permisivos con la suciedad. La clave es no perder de vista tres pilares básicos:

1.Cuidar la dieta del bebé y la lactancia. “La dieta es uno de los factores determinantes en la maduración del microbioma intestinal, sobre todo durante los dos primeros años de vida”, explica la doctora Pérez-Jorge; por eso, entre otros motivos, es tan importante la lactancia materna, ya que hace más rico el microbioma del bebé.

    2. Lavarse las manos. Con agua y jabón mejor que con limpiadores higienizantes o toallitas. Hay que hacerlo al llegar del parque, después de que hagan sus necesidades –si van solitos al baño–, antes de comer y después de tocar un animal.

    3. ¡Tener suerte en el parto! Si no es por cesárea, lograrás que los primeros microorganismos con los que tomará contacto tu hijo sean los de tu vagina. “Esta exposición, según últimas investigaciones, es importante para que el sistema inmunológico del recién nacido madure antes y mejor”, afirma la doctora Pérez-Jorge.

    Así que, ahora que llega el buen tiempo, no te lleves las manos a la cabeza si ves a un niño descalzo en un jardín o en el parque. Es más, ¡anímate a que tu hijo viva esa experiencia! Mira alrededor, y tu sentido común te dirá lo que es mejor para tu bebé. “Más allá de los aspectos culturales –no es lo mismo una zona de juegos en la ciudad que en un ambiente rural– ,cuando un niño está jugando en el parque puede hacerse pequeñas lesiones en la piel, alterando de esta manera una de las principales barreras de defensa del organismo”, señala la microbióloga. Así que, con sentido común y un poco de valentía, tú decides.

    Te pasas de limpia si...

    Al llegar a casa, antes de abrazar a tu bebé, te cambias de ropa.
    Para darle el pecho con tranquilidad te pasas antes una toallita.
    Tiras el chupete si se cae al suelo
    en un lugar público.
    Esterilizas sus cositas
    .
    Te dan sudores fríos cuando ves a tu hijo gatear en casa –no sobre la mantita que tienes para él–.
    Te niegas a que toque la arena del parque
    .
    No le dejas jugar con otros niños que tienen mocos
    .
    Jamás has permitido que toque un perro, un gato, una hormiga...

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