¿Ola de calor? Mantén hidratado al niño

Te contamos por qué es tan importante y te damos ideas para lograrlo.

¿Sabes por qué en verano comemos menos que en invierno? Porque, como hace más calor, nuestro cuerpo no necesita la energía que le proporcionan los alimentos para poder mantener su temperatura ideal. Sin embargo, esto no puede hacernos olvidar que durante el periodo estival tenemos que aumentar la ingesta de agua, sobre todo cuando los termómetros se disparan. Así lo recomienda la Cátedra Internacional de Estudios Avanzados en Hidratación, que explica además que deben tener especial cuidado los niños, lactantes, personas mayores, embarazadas y aquellos que estén tomando fármacos como diuréticos.

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Aunque puede que a ti no te suponga ningún esfuerzo beber más agua esta temporada, si tus hijos no están acostumbrados la tarea puede ser algo ardua. Pero no tienes que preocuparte porque… ¡tenemos una buena noticia! Por supuesto, el agua ocupa la primera posición en la lista de recomendaciones de los especialistas para combatir el calor. Pero también existen otras fuentes de hidratación:

  • Bebidas: té, café (solo para adultos) y refrescos sin azúcar, limonada, zumos de frutas o verduras naturales sin azúcar, consomés y leche.
  • Sólidos: Sandía, melón, fresa, naranja, manzana, uva, pepino, lechuga, tomate, brócoli, zanahoria, yogur, queso, helados sin azúcar, arroz caldoso, cereales, pasta, legumbres cocidas, atún, sardina, merluza, calamar, huevos, gazpacho, sopas frías, cremas de verduras y carnes magras.

    Eso sí, conviene tener en cuenta que entre el 70% y el 80% de los líquidos que tenemos que ingerir proceden de las bebidas y solo el 20-30% restante viene de la comida.

    Ojo a los riesgos

    Entre los principales riesgos que trae consigo una ola de calor, los expertos destacan la lipotimia, la deshidratación y los golpes de calor, todos ellos motivados por una gran sudoración, que se suele producir cuando las temperaturas oscilan entre los 25 y los 40 ºC.

    Aunque existen varios niveles de deshidratación (leve, moderado y grave), no hay que llegar ni siquiera al primero (especialmente peligroso en lactantes). Sus síntomas son: sequedad de boca, poco o ningún volumen de orina, pesadez, pulso cardiaco rápido y falta de elasticidad de la piel.

    Buenas medidas

    Hidratarnos es muy sencillo. Hay que empezar evitando la sensación de sed. Llevar una botellita siempre a mano con agua es una idea estupenda, pues al final acabamos consumiéndola sin darnos cuenta. Y ¿qué tal si les propones a tus hijos ir a buscar juntos su botella del verano? Comprad una que puedan beber y reutilizar muchas veces (mejor, si la pueden llevar colgada) y pronto le cogerán el gusto.
    Explícales que el verano mola más sin poner en riesgo la salud y no olvides dar ejemplo: cuida también la tuya.

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