Por los niños como Aiuri

Los padres de una pequeña con espina bífida luchan por los niños con diversidades funcionales. 

Aiuri tiene unos padres valientes. Muy valientes. Quizá por este motivo, a sus dos añitos, pese a haber pasado varias veces por quirófano (una incluso antes de nacer), es una pequeña sonriente y muy feliz. Aiuri, como otros 5.000 niños de la Comunidad de Madrid y más de mil millones de personas alrededor del mundo, tiene una diversidad funcional, lo que significa que para llevar a cabo tareas cotidianas necesita un extra de ayuda que no siempre se le da o tarda en llegar.

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La pequeña tiene espina bífida. Su cerebro, su médula espinal o la cubierta que los protege no se han desarrollado del todo. Sus padres luchan hoy por darle una vida mejor. Han escrito una carta y quieren difundirla para así recoger firmas y conseguir que se preste la debida atención a todos los niños con diversidades funcionales como la de su peque.

Una llamada de atención

Entre ocho y diez de cada 1.000 personas nacen en España con alguna malformación en el tubo neural, la estructura cilíndrica situada a lo largo del eje central del embrión que se forma durante las primeras semanas de gestación.

Esta dificultad no ha conseguido que Aiuri deje de sonreír sin descanso. Tampoco ha frenado su pasión por la música, esa que comparte con muchos niños de su edad. Aiuri significa en vasco "aullido de lobo" y sus padres aúllan hoy al mundo para dar una vida mejor a todos los niños que se parecen a su hija. Para ello llevan más de 1.850 firmas recogidas a través de change.org.

Y seguro que muchos de los que apoyan esta iniciativa han leído la ilustrativa frase entrecomillada en la home de la web de la Federación Española de Espina Bífida e Hidrocefalia: "Todos somos iguales, todos somos diferentes, todos somos especiales, porque somos buena gente”.

Es una proclama de Emilio Soler extraída del cuento "El secreto de Pablo", que nos ayuda a entender que, a veces, en la vida, nos quejamos en vano y que hay muchas personas en el mundo que atraviesan circunstancias más complicadas que aquellas a las que a diario nos enfrentamos. En nuestra mano está ayudarnos los unos a los otros y transmitir esta filosofía a nuestros hijos para, poco a poco, hacer de este mundo un lugar mejor. Dejemos de pensar que no podemos cambiarlo. Porque cualquiera podría ser Aiuri.

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