Cómo mejorar las defensas de tus hijos

¿Eres de las que adoran el otoño o cuentas los días para que termine? En cualquiera de los dos casos, si tienes hijos ya sabrás que en esta estación toca reforzar su salud para que el frío, los madrugones y los virus que pululan por el ambiente no les afecten.

Mamá, toma nota: bacterias y virus encuentran el hábitat ideal en nuestro cuerpo cuando detectan que el sistema inmunitario ha bajado la guardia. Y los niños están especialmente expuestos. “Hay dos tipos de inmunidad, la natural y la adaptativa, que es la que se desarrolla al entrar en contacto con la infección”, explica Marta Simó, pediatra del Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona. El sistema inmunitario identifica, destruye y crea una memoria para clasificar a los agentes externos. “Pero los niños, a diferencia de los adultos, tienen esta memoria en blanco, inmadura”, añade.

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Para confirmarlo, un dato: se calcula que un niño sano puede padecer unos diez procesos infecciosos al año (la mayoría, leves), muchos de ellos en otoño y en invierno. ¿La buena noticia? Que puedes prevenir bastantes reforzando la salud de tu hijo.

Comer para estar fuerte

Nada influye más en las defensas naturales que una dieta sana y equilibrada. Incluye hidratos de carbono como principal fuente de energía, proteínas en la proporción justa y un bajo consumo de grasas saturadas. Y, claro, mucho líquido. El otoño es ideal para dar al niño frutas de temporada como uvas, naranjas o granadas. Y no olvides el hierro, que fortalece sus defensas. “Un filete de carne roja es un estupendo aporte”, cuenta Simó. Además, los probióticos, presentes en los productos lácteos, protegen su flora intestinal.

¡Hurra por las vitaminas!

¿Sabías que son imprescindibles para aprovechar la energía de los alimentos? La estrella del otoño es la C, en cítricos y en vegetales. Tu hijo necesita unos 200 mg diarios, no más. Y no tiene sentido que se la des en exceso, ya que su organismo expulsará la que no necesite. La vitamina E es antioxidante y está presente en el aceite, los frutos secos, el huevo o el trigo. La vitamina A protege la piel, la primera barrera del sistema inmunológico; está en el atún o las zanahorias, por ejemplo. Y la D, gran inmunorreguladora, permite absorber el calcio y el fósforo. Para que no le falte, sácale al parque a disfrutar de la luz.

¡A lavarse las manos!

Es una norma de higiene y, también, una forma de evitar que los gérmenes ganen la batalla a su sistema defensivo. Antes de exigirle que lo haga, piensa si tú le das ejemplo. Sin él, ninguno de los consejos que le des servirá de nada. “No sólo por higiene, sino como un mecanismo de aprendizaje”, dice la experta.

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Higiene, la necesaria

En efecto, la higiene resulta esencial pero el exceso no conviene. Está demostrado que obsesionarse con lavar demasiado a un niño puede perjudicar el pH de su piel y predisponerle a sufrir alergias y atopías. Y lo mismo ocurre con la esterilización de sus biberones y chupetes. “A partir del sexto mes, incluso antes, basta con lavarlos con agua y jabón”, añade Marta Simó. El contacto con el mundo real ayudará a tu hijo a inmunizarse mejor y más rápido.

¡Qué gusto verle dormir!

Los recién nacidos pueden dormir hasta 18 horas al día, a los 12 meses suelen descansar unas 14 horas y a partir de los 4 años, les basta con unas 9 horas. El sueño es esencial para mantener un buen sistema de defensas. Se ha demostrado que los niños que no duermen adecuadamente son más propensos a sufrir enfermedades del sistema respiratorio, entre otros trastornos. “El mejor termómetro para saber si tu hijo ha descansado lo suficiente es su estado de ánimo al despertar. Si está irritable o se frota los ojos, tal vez necesite descansar más”, cuenta la doctora.

La luz del sol, una aliada

La serotonina varía según la cantidad de luz solar: cuanto más altos sean los niveles, mejor es el estado de ánimo, según han puesto de manifiesto numerosos estudios que relacionan de manera directa los efectos de la luz con las emociones positivas. Y eso redunda siempre en unas mejores defensas. Además, como ya te hemos contado, la exposición a la luz del sol (no al sol directamente), siempre con la protección adecuada y evitando las horas centrales del día, ayuda a sintetizar la vitamina D, esencial para el crecimiento. España es un país con muchas horas de sol al día, aprovéchalas para salir con el niño, llevarle al parque...

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Y ejercicio físico

La actividad física es fundamental para las defensas de tu hijo, pero sin caer en el exceso y eligiendo las horas más convenientes, para evitar que le excite en lugar de relajarlo. Es muy buena opción que lo estimules con ejercicios diversos; anímale a que gatee, corra, pedalee o nade. Cualquier actividad que implique movimiento fortalece su cuerpo, elimina su estrés y refuerza sus defensas.

El secreto está en la felicidad interior

Ya nadie duda de que el buen humor es un excelente aliado para una vida feliz y que esa felicidad redunda en una mayor fortaleza. La OMS define la salud no sólo como bienestar físico sino también psíquico. “Reírse y estar de buen humor beneficia a la salud de los niños”, asegura Marta Simó. Cuando tu hijo está animado, contento e ilusionado segrega endorfinas y estás ayudan a la creación de leucocitos naturales que combaten las agresiones del exterior. Por eso, “la risa es una terapia perfecta para aumentar las defensas de los niños”, insiste la doctora. La vuelta al cole le puede provocar cierto estado de ansiedad y nada es mejor que animarle a que se ría para combatir esa situación de estrés. Otra manera de reforzar su sistema inmunológico es a través del contacto directo. Las caricias, los arrumacos, los besos o los susurros son un estupendo remedio. No dejes nunca de ponerlos en práctica.

¿Debo vacunar a mi hijo?

Ni lo dudes. “Las vacunas son absolutamente necesarias, estimulan nuestro sistema defensivo para que esté preparado cuando lleguen los gérmenes”, defiende la pediatra. En este sentido, son un eficaz sistema de prevención contra ciertas enfermedades. Existe un calendario de vacunaciones que es importante mantener al día (el pediatra irá apuntando en la cartilla de tu hijo cada dosis, según la edad que tenga). Pero recuerda que este calendario varía según las distintas comunidades autónomas y que algunas vacunas deben pagarse aparte porque no figuran en los calendarios oficiales.

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