2 años, la época de los chichones

En torno a los 2 años, el afán investigador de los niños, unido a su natural torpeza, les hace más propensos a sufrir golpes y coscorrones. ¿Sabes cómo actuar ante ellos?

Cuando un niño se da un golpe en la cabeza, se produce una leve hemorragia en los capilares.

Y como entre el cráneo y la piel de esa zona hay poco tejido, la sangre se le acumula enseguida, formando un chichón. Éste, por sí solo, no denota gravedad, aunque su tamaño puede resultar muy alarmante.

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Dos días en observación

Más que en el tamaño y en el aspecto del chichón, para saber si el pequeño está bien hay que observarle durante las 48 horas siguientes (en este tiempo prohíbele realizar actividades movidas).
Si pierde el sentido, llora de continuo, se marea, parece somnoliento, vomita varias veces seguidas, se muestra torpe o se queja de que le duele la cabeza, es imprescindible llevarlo a urgencias (evitando que se duerma por el camino o que coma o beba algo), para que comprueben si tiene algo más serio que un simple chichón.

Por suerte, la mayoría de las veces el susto se queda en nada. Sólo en el caso de que sufra un traumatismo o una hemorragia interna deberá quedarse en el hospital. Y si ocurre, conviene recordar que a pesar de lo duros que resultan estos cuadros, en niños pequeños suelen tener buen pronóstico.

Remedios que alivian

En cualquier caso, para mitigar el dolor y la inflamación conviene...

  • Presionarle suavemente la zona con hielo (envuelto en un pañuelo para que no le queme la piel) durante 10 minutos, dejarle descansar otros 10 y volver a apretarle los 10 siguientes. Así los capilares se contraen y dejan de sangrar.
  • Aplicar sobre el chichón crema de árnica (es antiinflamatoria).
  • Administrar al niño un analgésico tipo ibuprofeno.
  • Al día siguiente, una vez que el chichón ya está totalmente formado, resulta muy efectivo colocar sobre él compresas calientes; la razón es que el calor contribuye a la reabsorción del hematoma.

    A medida que pasen los días el chichón irá cambiando de color, de rojo o negruzco a verdoso, hasta que adquiera una tonalidad amarillenta antes de desaparecer.

    ¿Qué hago para que no vuelva a golpearse?

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    Hasta que los niños adquieren más soltura al andar, es normal que se caigan y tropiecen a menudo.

    Aun así, para disminuir el número de traspiés y como consecuencia, de moratones y chichones, debemos adaptar la casa a sus necesidades (cubrir los picos de los muebles, quitar las esterillas y las alfombras o pegarlas al suelo con cinta antideslizante, recoger los cables y los juguetes que haya por medio...), comprarles zapatos que sean justo de su número y ponerles calcetines con suela antirresbalones cuando andan descalzos por la casa.

    También es recomendable llevarles de la mano en las excursiones al campo y a la montaña y cuando se empeñan en caminar por lugares “peligrosos”, como un bordillo, un banco, un murete, etc.

    ¡Qué curioso!

    • Algunos pequeños se golpean la cabeza adrede contra el suelo cuando están nerviosos. Para que no se hagan daño debemos cubrir la zona con almohadones e intentar desviar su atención hacia otra cosa.
    • Puede que horas después de hacerse un chichón, al niño se le pongan los ojos morados. Es porque la sangre acumulada en el chichón va drenando a otras zonas de la cara.
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