Cómo explicar a un niño que tiene que ser operado

Si tienen que ingresar a tu hijo en el hospital para una intervención que no es grave, estas pautas os servirán para vivir la situación con más tranquilidad.

Ingresar en el hospital para someterse a una operación supone un fuerte impacto emocional para los niños... y para sus padres. Todos están llenos de temores y se hacen miles de preguntas: sobre el dolor, los efectos secundarios, la estancia... "Es normal que se sientan así. Lo desconocido siempre da miedo, por ello lo primero que deben hacer los padres del niño que va a ser ingresado es despejar todas las incógnitas. Los médicos les informarán pero, aún así, no deben cesar de preguntar hasta que les quede todo claro. Una vez que se informen bien de por qué y cómo le van a intervenir, el estrés disminuirá. Entonces estarán más tranquilos y sólo así podrán calmar a su hijo y explicarle lo que le van a hacer”, explica el Dr. José Gimillo Asensio, psiquiatra infantil del Hospital Quirón, en Madrid.

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Amígdalas, frenillo...

En la infancia se presentan problemas de salud que es necesario solucionar en quirófano. Aunque hay casos que precisan operaciones más complicadas o mayor tiempo de estancia en el hospital, la mayoría de los trastornos no son graves, las intervenciones son rápidas y sin complicaciones y el niño suele irse a casa poco después (como máximo a las 48 horas). Es lo que ocurre en las operaciones de frenillo, amígdalas, hernia inguinal, fimosis, adenoides (vegetaciones), criptorquidia (testículos subidos) y, de urgencia, en las apendicitis. En estas intervenciones lo que más temor causa a los padres –y a los niños más mayorcitos– es la anestesia general.

Cuenta la verdad sobre su operación al niño

“Siempre es bueno dar al niño toda la información que él pueda llegar a comprender, porque no es lo mismo operar a un niño de 1 o 2 años, a los que no hay que explicarles nada, que a uno de 4 o 5 años.

No debemos extendernos en detalles, pero tampoco omitir nada importante y sí, a partir de estas edades, darle la información fundamental, sobre todo en qué consiste la operación y cuánto tiempo se quedará ingresado en el hospital”, indica el doctor José Gimillo.

Debes hablarle claro, usando un tono calmado y controlando tus expresiones (evita frases como “el doctor te cortará”, “te coserá”...) y los gestos que demuestren que estás asustada. Lo importante es transmitirle tranquilidad, que entienda que va a ser algo sencillo y sin consecuencias.

El día del ingreso del niño en el hospital

Los médicos ya os habrán indicado la hora del ingreso, si el niño tiene que ir en ayunas o si tenéis que llevar algo. Salid de casa con tiempo, hablad de la operación sin preocupación y del hospital con entusiasmo (“¿sabes que hay payasos?, ¿y que hay una biblioteca...?). Ya veréis cómo, al mostrarle las cosas positivas, vuestro hijo empieza a pensar más en ellas y menos en lo que pueda asustarle.

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Y gracias a esta “técnica de distracción” también vosotros, aunque la procesión la llevéis por dentro, os sentiréis más seguros y confiados en que todo saldrá bien.

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