Beneficios de la siesta en los niños

Echarse uno o dos sueños a lo largo del día relajará a tu pequeño y le ayudará a estar de mejor humor y a reponerse de su actividad matutina.

Con 2 años lo ideal es que el niño duerma alrededor de 13 horas diarias, unas 10 por la noche y tres por el día, repartidas en dos siestas, una a media mañana y otra a media tarde.

Si no puede dormir tanto durante el día, al menos debe echarse la siesta de después de comer. Prescindir de ella puede acarrearle falta de sueño y agotamiento, algo que a su vez alterará su descanso por la noche y propiciará la aparición de problemas como insomnio y terrores nocturnos.

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¿De cuánto tiempo debe ser la siesta?

La siesta ayuda al niño a reposar la comida, a recuperarse del esfuerzo matutino, a estar más contento y a aguantar hasta la noche sin desfallecer.

Para fijar la duración de la siesta de tu hijo debes tener en cuenta cuánto ha dormido la noche anterior y la actividad física que ha realizado hasta ese momento. Es evidente que si un día le despiertas antes de lo habitual para iros de vacaciones, deberá echarse una siesta más larga.

El ambiente adecuado para dormir la siesta

¿El problema es que a tu pequeño no le gusta dormir por el día? Entonces, convierte la siesta en un placer irresistible para él:

  • Llévale a un lugar cómodo. Su cuarto y su cama constituyen el entorno perfecto. Al conocer todo lo que le rodea y asociarlo al hábito de dormir le será más sencillo relajarse. Si estáis de vacaciones, busca un lugar confortable, sin mucha luz ni mucho ruido y con una temperatura agradable.
    • Respeta sus rutinas. Procura que todos los días se eche la siesta en el mismo sitio y más o menos a la misma hora. Otras costumbres como ponerle música bajita o darle su “peluche del sueño” también le invitarán a sestear.
      • No te vayas lejos. El objetivo es que si se despierta y te llama puedas atenderle de inmediato. Si tardas, se sentirá “olvidado” y no querrá volver a echarse la siesta.

        Estas estrategias enseñarán a tu hijo a dormirse solo, sin que participes directamente en el proceso, no sólo a la hora de la siesta, sino también por la noche. Utilízalas.

        Dormir para crecer más y pensar mejor

        Durante el ciclo sueño-vigilia se modulan las funciones cardiovasculares, respiratorias y endocrinas. En la infancia, además, se regula la liberación de la hormona del crecimiento, que es esencial para el desarrollo.

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        Y se ha comprobado que el sueño, en todas sus etapas, contribuye a la organización de la información que se ha obtenido durante la vigilia, lo que favorece la maduración del cerebro.

        Así, dormir no sólo sirve para reponer fuerzas y favorecer el crecimiento, sino que además ayuda en los procesos de aprendizaje: a fijar los nuevos conocimientos, a agudizar la memoria...

        ¿Has visto cuántas buenas razones tiene tu hijo para seguir echándose la siesta?

        Más información: Nos ha asesorado en este artículo el doctor Miguel Ángel Saiz, que es especialista en Neurofisiología clínica y dirige el Centro Médico del Sueño Noctis Center, en Madrid. Tel: 912 794 460 y 914 351 823

        www.noctiscenter.com

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