¿A qué es alérgico?

Si quieres saber qué causa alergia a tu hijo, debes acudir a un especialista para que le haga las pruebas. Sirven para descubrir el alergeno y poner el tratamiento adecuado.

Siempre que sospeches que tu hijo presenta síntomas de alergia, debes llevarlo al pediatra para que lo derive al alergólogo.

Este especialista examinará al niño y se fijará en la información que los papás le deis: síntomas que tiene, momento o época del año en que aparecen, cuánto duran, etc.

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Si intuye que puede ser alérgico, le hará unas pruebas para saber cuáles son las sustancias o alergenos que le ocasionan la reacción. Conocer la causa sirve para evitar que el niño esté en contacto con el alergeno y para elaborar una vacuna.

A la hora de realizar las pruebas de alergia, recuerda que el pequeño no debe haber tomado antihistamínicos por lo menos siete días antes. La repetición de las mismas depende de cada caso; por ejemplo, en el de la alergia a la leche, se suelen repetir una vez al año. En los centros privados el coste suele rondar los 130 €.

El especialista siempre comienza por las pruebas más seguras para el niño. “Se hacen primero las cutáneas y los análisis de sangre; si dan negativo se pasa a las de provocación”, explica Javier Ruiz Hornillos, alergólogo del Hospital Infanta Elena, de Madrid.

Test en prick

Antes de comenzar, es importante que la enfermera explique al niño lo que va a hacer como si se tratara de un juego. La técnica consiste en colocar en el brazo una serie de gotas con el extracto de los alergenos.

Suele dejarse una distancia de 3 centímetros entre cada gota para evitar que se mezclen. Inmediatamente se introduce una lanceta de punta muy fina (1 mm) a través de la gota y se presiona en la piel durante sólo un segundo.

En cada gota debe utilizarse una lanceta diferente. No es doloroso para el niño, lo que siente es similar a la picadura de un mosquito. “Si se sabe llevar al niño, jugando, no lo nota. De hecho, los bebés ni se enteran”, explica el alergólogo.

Hay que esperar entre 15 y 20 minutos para observar la reacción en la piel. Si antes de este tiempo aparece inflamación y picor en los pinchazos, hay que decírselo a la enfermera. Pasado el tiempo estipulado, el médico observará si hay habones (zona inflamada), dibujará su contorno y medirá su diámetro. Se considera positivo (es decir, es alérgico a esa sustancia) si el habón es mayor de 3 milímetros.

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En la prueba se utilizan extractos comerciales de cualquier alergeno (pólenes, hongos, alimentos, ácaros del polvo, epitelios de animales, medicamentos...). Y en el caso de la alergia a alimentos también existe la posibilidad de utilizar alimentos frescos.

Por ejemplo, si se sospecha que el niño es alérgico al huevo, se le dice a la madre que lleve de casa el huevo fresco o cocido, se moja la lanceta en el alimento y después se le pincha en la piel.

La prueba en prick se puede realizar a cualquier edad, aunque en los menores de 4 años las pruebas cutáneas de alergia a los pólenes salen negativas la mayoría de las veces. Según explica Javier Ruiz, “esto ocurre porque los síntomas de asma que muestran algunos niños durante los primeros años no suelen estar provocados por la alergia al polen, sino porque tienen hiperreactividad bronquial”.

No debe realizarse esta prueba si la piel ha sido tratada recientemente con corticoides, ya que los resultados no serían fiables. Ni tampoco si el niño presenta dermatitis en los brazos: ha de hacerse sobre piel sana para poder observar con claridad la reacción.

En caso de que los resultados sean dudosos, el alergólogo le hará análisis de sangre para confirmar que existen anticuerpos frente a alergenos. Algunas clínicas privadas emplean un método menos traumático que la extracción: consiste en dar un pequeño pinchazo en la yema del dedo para obtener una gotita de sangre que luego se analiza; en 20 minutos se sabe si existe sensibilización.

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