Cómo aliviar el dolor de tripa de tu hijo

Averiguar el posible motivo de su dolor es el único modo de poder aliviarlo cuanto antes. Lo más probable es que no sea nada serio, pero aun así, nunca hay que pasarlo por alto.

Las causas por las que a tu pequeño le duele la tripa pueden ser de dos tipos: físicas y psicosomáticas. Analizamos primero las de carácter físico.

Si ha comido mucho, tal vez esté empachado. En este caso, además de tener dolor estará pálido y le dará asco ver y oler la comida. Intenta que esté tranquilito y no le des nada de comer hasta que él te lo pida. Sí debe beber agua a sorbitos para no deshidratarse.

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Si le notas la tripa dura e hinchada es que tiene gases. Para aliviarle, túmbale sobre el costado izquierdo, con la pierna izquierda estirada y la derecha flexionada, y presionándole el abdomen. Así no tardará mucho en expulsarlos.

En caso de que no mejore, pide cita con el pediatra. Tal vez necesite ponerse en tratamiento.

Una cuestión emocional

La tripa es el centro de las emociones y a veces son éstas, y no algo físico, las que producen dolor, en este caso un dolor psicosomático.

¿A tu hijo le molesta la tripa ante situaciones “estresantes”, como ir al pediatra u organizar las vacaciones? Lo que le ocurre es que como no sabe explicar lo que siente, su temor o su entusiasmo exagerados le acaban pasando factura. En cualquier caso, préstale atención, enséñale a expresar con palabras sus emociones y dale un masaje en la tripa (es un placebo que funciona).

También le aliviará que le ayudes a enfrentarse a la situación que le inquieta (déjale ir al médico con su peluche, por ejemplo). Verás cómo su dolor irá mermando a medida que él se vaya sintiendo más confiado.

Puede inventárselo para llamar la atención

Inventarse un dolor de tripa es una de las estrategias más habituales de los niños para llamar la atención. La emplean, sobre todo, cuando acaban de tener un hermanito, ante la separación de sus padres, cuando no quieren ir al colegio...

Si tu hijo recurre a esta artimaña, habla con él sobre lo que crees que le ocurre, para intentar solucionarlo, y dedícale más tiempo (levántale un cuarto de hora antes para desayunar juntos y charlar un rato, por ejemplo).

No está enfermo, pero a su modo te está diciendo que no se encuentra bien. Pronto, tras enfrentarse a su problema y comprobar que puede contar contigo, dejará de quejarse de la tripa.

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¡Qué curioso!

  • Las dolencias abdominales son bastante más frecuentes en las niñas que en los niños.
    • También afectan más a los pequeños tímidos que a los extrovertidos.
      • Muchas veces esta dolencia se debe a que los niños tienen agujetas, por no haber calentado antes de hacer ejercicio. En este caso mejoran dándoles un masaje en la tripa con unas gotas de aceite de lavanda.
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