Cómo saber si mi hijo necesita gafas

El 20% de los niños de esta edad necesitan gafas. Averigua si el tuyo es uno de ellos y cómo puedes ayudarle a aceptarlas sin demasiada dificultad.

¿Tu hijo está más torpe cuando juega, se cansa enseguida de ver cuentos o se queja de dolor de cabeza y de que no ve bien la pizarra del cole? Es probable que necesite llevar gafas; para salir de dudas debes consultar al oculista enseguida.

Cita con el oftalmólogo

Las prisas se explican porque los ojos del niño no maduran completamente hasta la adolescencia, así que, cuanto antes empiecen a tratarse las patologías visuales, más altas son las probabilidades de corrección.

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Ten en cuenta también que el 85% del aprendizaje de tu hijo le llega a través de la vista, de ahí que sea tan importante cuidarla (ver bien le facilitará el aprendizaje de las letras).

Para valorar la agudeza visual de tu pequeño, el oftalmólogo empleará tests adaptados a su desarrollo intelectual (con formas y colores, no con letras). Al resultarle curiosos, tu hijo se mostrará más colaborador y así, al médico le será más fácil diagnosticarle bien.

Elegir juntos sus gafas

En caso de que tu hijo necesite llevar gafas, déjale participar en su elección (cuanto más le gusten, más feliz las llevará). Él decidirá el color y tú, lo demás.

A su edad es mejor que la montura sea de pasta, ya que es un material más seguro frente a los posibles golpes y caídas. En cuanto a las lentes, tienen que ser de policarbonato, un material ligero y casi irrompible.

Su inconveniente es que se raya con facilidad, así que tendrás que explicar a tu hijo que no puede limpiarlas en seco. Si tu pequeño es muy inquieto será buena idea sustituir las patillas por bandas elásticas (aseguran la sujeción), mientras que si es tranquilo, unas patillas con bisagras elásticas, que se adapten a su crecimiento, serán las ideales para él.

No te olvides de explicarle por qué necesita llevar gafas a diario. Entenderlo le ayudará a aceptarlas mejor.

Patologías visuales más comunes en los niños

  • Miopía. El pequeño ve mal de lejos y bien de cerca, por lo que prefiere jugar en casa a hacerlo en un espacio abierto, en el que no se siente seguro. Necesita gafas y es probable que la graduación aumente hasta estabilizarse en la adolescencia.
    • Hipermetropía. El niño ve bien de lejos y mal de cerca, así que prefiere jugar fuera de casa a realizar actividades en las que deba fijar la vista. Aun con una graduación elevada en la infancia, las probabilidades de corrección total son muy altas.
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      • Astigmatismo. Es la visión un poco borrosa. Se corrige con gafas.
        • Estrabismo o bizquera. Se intenta corregir con unas gafas especiales que fuerzan al ojo a mantenerse alineado. Si éstas no funcionan, hay que recurrir a la cirugía.

          ¡Qué práctico!

          Algunos consejos para que a tu hijo le duren más las gafas:

          • Recuérdale que debe quitárselas siempre que vaya a realizar deporte o alguna actividad física muy movida.
            • Explícale por qué no debe guardarlas en el bolsillo trasero de sus pantalones.
              • Recuérdale que cuando las meta en su mochila, tiene que dejar ésta en alto, nunca en el suelo (si se la pisan, le romperán las gafas).

                Nos ha asesorado en este artículo el doctor Jorge Torres Morón, que es especialista en Oftalmología Pediátrica y Estrabología. Puedes pedir cita con él en Corporación Vissum. C/ Santa Hortensia, 58, Madrid. Tfs.: 915 106 635 y 902 181 828. www.vissum.com

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