Qué es la hernia inguinal y cómo se trata en niños

Hay bebés y niños que al llorar y al toser con fuerza muestran un bulto en la ingle. Se trata de una hernia inguinal, que no suele ser demasiado molesta pero que en la mayoría de las ocasiones se ha de resolver con cirugía.

Durante el embarazo, los bebés varones poseen un pequeño canal a la altura de la ingle que permite que los testículos desciendan desde el abdomen hasta el escroto; en las niñas se encarga de alojar el ligamento que sostiene el útero. Este conducto, llamado peritoneo, suele cerrarse antes de nacer, pero a veces se queda abierto y origina una hernia inguinal.

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Síntomas evidentes de una hernia inguinal

“A través de este canal abierto puede introducirse parte del intestino y llegar a provocar dolor y, en el peor de los casos, obstrucción intestinal”, explica el doctor Luis Lassaletta Garbayo, jefe de Cirugía Pediátrica del Hospital Infantil La Paz, de Madrid. La hernia inguinal es congénita (está presente desde el nacimiento) y su síntoma más claro es un bulto en la zona de la ingle que aparece cuando el niño realiza un esfuerzo (tose, llora...) y desaparece al presionarlo.

La intervención es sencilla

Estas hernias son más comunes en niños que en niñas y se dan más en el lado derecho que en el izquierdo. Es rarísimo que se corrijan solas, por eso la solución suele ser quirúrgica. “Salvo excepciones, la operación no es urgente, pero hay que vigilar al pequeño desde que se le detecta el problema hasta que se le interviene, para asegurarnos de que la hernia no se le estrangula. Por eso lo ideal es intervenirle a la edad del diagnóstico”, comenta el cirujano.

Y es que el principal riesgo de la hernia inguinal es que se estrangule, es decir, que una parte del intestino se le salga y no pueda reintroducirse con los dedos. En este caso la hernia se vuelve dura y produce mucho dolor al pequeño. De darse esta situación hay que acudir a urgencias. La intervención se realiza con anestesia general, es corta y sencilla y su objetivo es cerrar el peritoneo. Suele ser ambulatoria y el niño puede volver a casa el día de la operación.

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Cómo cuidar en casa al recién operado de hernia inguinal

Además de llevar a tu hijo al centro de salud una semana después de la intervención, para que el médico controle su evolución (no suele ser necesario retirar los puntos), debes procurarle estas atenciones:

1.Cúrale la herida diariamente con el antiséptico que te haya recomendado el pediatra que le dio de alta en el hospital. Recuerda que los primeros días es normal que tenga inflamada la zona intervenida.
2.Procura que haga reposo relativo en casa
durante una semana (no hace falta que permanezca en la cama). Pasado este tiempo ya podrá salir a la calle, pero evita llevarle a los columpios y no le dejes practicar juegos ni hacer movimientos violentos (agacharse, correr...) hasta un mes después de la intervención.
3.Si la herida le sangra o le supura,
llévale urgentemente al hospital.

Existen otros dos tipos de hernias diferentes a la inguinal:

Hernia epigástrica: Se localiza en la línea media del abdomen y aparece porque parte de la grasa que cubre el intestino sale de su cavidad. No se corrige con el tiempo, por lo que se aconseja operar.

Hernia umbilical: Se forma porque a veces, tras el parto, la zona interior del ombligo no se cierra bien. Suele desaparecer sola antes de los 4 años.

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