¿Tu hijo se ha roto un hueso?

Que tu hijo no pare quieto es muy positivo para su desarrollo, pero conlleva el riesgo de que se caiga y sufra una fractura. Por si le ocurre, te contamos cómo debes actuar.

Tu hijo se ha caído o se ha dado un golpe y no para de quejarse y, además, no puede mover el miembro afectado. Llévale enseguida a urgencias, porque es probable que se haya roto un hueso.

Una vez allí, el médico le realizará unas radiografías para determinar el tipo de lesión que se ha hecho.

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¿Férula o escayola?

Si la fractura es pequeña bastará con ponerle una férula, que no es más que un dispositivo de yeso, cartón, tela, aluminio o plástico que se fija con esparadrapos y sirve para mantener inmovilizado el miembro afectado.

A diferencia de la escayola, no rodea toda la zona cercana al hueso roto, sino sólo la parte necesaria para que el miembro descanse, por lo que resulta bastante menos aparatosa.

Cuando hay mucha inflamación conviene poner una férula durante unos días, antes de colocar la escayola, para que la hinchazón se reduzca y el yeso pueda ajustarse mejor.

La escayola se reserva para roturas más importantes, que sólo se solucionan manteniendo el miembro entero completamente inmóvil.

Cuidados diarios

Tanto si a tu hijo le ponen una férula como si le escayolan, es muy importante que durante las primeras horas compruebes que puede mover bien los dedos de la mano o del pie escayolado.

Si le duelen o se le amoratan, llévale de nuevo al médico, porque el dispositivo le está oprimiendo demasiado y es necesario aflojarlo.

Para que no tenga molestias y pueda conciliar el sueño tendrás que darle el analgésico que te indique el médico.

Si lleva la férula o escayola en el brazo, conviene que le hagas un cabestrillo con un pañuelo para que se sienta más cómodo y seguro, mientras que si se ha roto una pierna o un pie tendrá que ir en una sillita de ruedas o, si es posible, el médico le adaptará un mecanismo en el talón para que pueda caminar, pero no le darán muletas.

A la hora de bañarle lo más cómodo es que le compres un “cubreescayolas” en la farmacia para evitar que el yeso se reblandezca o que el algodón de relleno se empape. Estos plásticos permiten un sellado protector que evita posibles complicaciones.

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Es normal que a tu hijo le pique el miembro que tiene escayolado, porque el yeso impide la transpiración normal de la piel. Para aliviarle puedes soplarle por dentro de la escayola o acercarle el chorro de aire frío del secador, pero no se te ocurra introducirle ningún objeto para rascarle, podrías hacerle un arañazo.

Lo habitual es que el niño tenga que permanecer escayolado de dos a tres semanas. Durante este tiempo, deja que tu hijo y sus amigos decoren su yeso con rotuladores. Viendo los dibujos la espera se le hará más llevadera.

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