Al niño se le mueve un diente

No te sorprendas si a tu hijo se le empieza a mover algún diente. Ya tiene edad para ello... y para que el Ratoncito Pérez entre en su vida. ¿Qué significa este simpático y entrañable personaje para los niños?

A Rubén, de casi 6 años, se le ha caído su primer diente y se lo muestra orgulloso a su abuelo: “Mira, ahora estamos iguales. ¿Tú también pones debajo de la almohada los dientes que se te caen?” Y el abuelo le responde: “No hijo, lo mío es diferente”.

Y a continuación le explica que el diente de Rubén es de niño, que en breve le saldrá otro de mayor y que esto es algo tan bueno que hasta el Ratoncito Pérez irá a su casa a celebrarlo. Rubén se siente feliz y éste es justo el objetivo de la fantasía del Ratoncito Pérez.

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¡Enhorabuena!

La creencia en una magia compensadora (el ratoncito cambia los dientes por monedas o regalitos) y hace que los niños vivan la caída de sus dientes como algo positivo. No es un logro fácil, pues suelen vivir la pérdida de cualquier parte de su cuerpo con bastante angustia. Por eso no quieren que les cortemos el pelo ni las uñas.

Sin embargo, al comprobar que al perder algo obtienen una recompensa, se tranquilizan. Parece que hay un orden superior que se responsabiliza de que la pérdida de su diente sea recompensada. No sería lo mismo si fueran los padres quienes les dieran el regalito, porque los niños ya saben que los padres pueden dar y quitar. La existencia de un ser mágico los reconforta mucho más, como ocurre con los Reyes Magos o con Papá Noel.

Por todo ello es bueno dejar que los niños crean en estos seres superiores y no revelarles el secreto hasta que ellos mismos empiecen a dudar.

“No te lo toques”

Algunos pequeños están todo el día tocándose el diente que se les mueve. Por un lado desean perderlo (saben que es señal de que se están haciendo mayores) y por otro les da miedo (por lo desconocido). Puede que incluso lleguen a obsesionarse con el tema. Lo mejor es mantener la paciencia, ilusionarnos con ellos y advertirles que no se lo toqueteen tanto ni intenten arrancárselo, porque además de dolerles, pueden hacerse una herida en la encía y, en el peor de los casos, dañar el diente que tienen debajo.

Una vez que pierden el diente hay que recordarles que no se toquen la mella con las manos sucias. Dejar que el diente nuevo crezca a su aire es el modo más eficaz de prevenir que se les tuerza y de evitar infecciones.

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