Tu niño: delgadito, pero sano

Un niño que se cría delgadito no tiene por qué sufrir ningún problema de salud, siempre y cuando sus curvas de peso y estatura sean ascendentes, aunque avancen muy despacito.

El tema del peso es un asunto que obsesiona a los padres, pero lo cierto es que, salvo en casos contados, no hay motivo por el que deban preocuparse. Aunque tu hijo esté en el percentil 3 (es decir, 97 niños de cada 100 están más gorditos que el tuyo), no te agobies. Es verdad que está delgado, pero ello no implica que esté enfermo.

“Hay pequeños que se mantienen en este percentil desde que nacen y no pasa nada, porque son así de constitución. Otra cosa es que el niño pase en poco tiempo de un percentil alto a otro mucho más bajo o que la bajada sea continua, porque entonces sí puede haber un problema”, explica el doctor Julio Guerrero-Fernández, endocrino infantil del Hospital Universitario La Paz, de Madrid.

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Primero, descartar

Ante una bajada significativa de peso, lo primero que hay que hacer es descartar enfermedades graves. Hecho esto, el siguiente paso es averiguar si el niño tiene alergia o intolerancia a algún alimento y si es así, actuar en consecuencia.

Otro aspecto que hay que considerar son los procesos infecciosos por los que pasan los pequeños que van a la guardería, porque muchas veces son los causantes de la escasa ganancia de kilos. “En este caso tampoco hay que angustiarse. Pasados los primeros años, los niños suelen recuperar peso, porque ya tienen el sistema inmunitario mejor preparado para luchar contra los agentes nocivos”, asegura el doctor Guerrero-Fernández.

Por suerte, los casos de niños que no engordan porque sufren un problema de salud grave son contados. Lo normal es que pierdan peso porque están pasando por una etapa de inapetencia o porque ahora se mueven más y esto supone un mayor desgaste calórico.

Después, observar

Pero, claro, una cosa es decirte que no te preocupes si tu hijo está delgadito y come poco y otra, muy distinta, que tú logres mantener la calma.
Para conseguirlo hay varios consejos que pueden venirte muy bien:

  • Repítete muchas veces lo que el especialista te ha confirmado: que tu pequeño está fuerte y sano.
  • Piensa que las fases de inapetencia suelen ser transitorias. Es probable que cuando tu hijo vaya al colegio “de mayores” coma mejor que ahora.
  • Observa cómo se comporta: que tenga ganas de jugar, esté contento y se muestre receptivo a los estímulos exteriores son los indicativos más concluyentes de que no le pasa nada, o al menos nada por lo que debas preocuparte, aunque esté tan delgadito.

    Si está en una fase inapetente

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    • Durante una semana apunta todo lo que come tu pequeño, aunque sólo sea un poco de zumo, una pinchadita de filete o media galleta. Sumándolo todo, tal vez te lleves la agradable sorpresa de que come más de lo que a ti te parece.
    • Procura que no se salte ninguna comida, aunque sea frugal.
      Salvo que el niño sea alérgico al polen, conviene que le des una cucharada de jalea real en ayunas todos los días (se trata de un estimulante natural del apetito, que además alimenta).
    • Pregunta a tus padres si tú comías poco cuando eras pequeña o si estabas delgadita (pide a tu pareja que haga lo mismo). En este asunto la genética juega un papel básico.
    • Y comprobar que tú te has desarrollado bien, a pesar de tu inapetencia o tu delgadez, te tranquilizará mucho.

      ¡Qué curioso!

      Los niños comen justo lo que necesitan y así lo demuestran estudios muy alentadores llevados a cabo en nuestro país. Según éstos, cerca de un 97% de los niños inapetentes llevan un desarrollo adecuado, a pesar de lo poco que comen. Y el 3% restante están por debajo de su peso por problemas de intolerancias o de alergias alimenticias, no porque sufran una enfermedad grave.

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