Gripe en niños: el tratamiento

Si tu hijo coge la gripe deberá guardar reposo, tomar las medicinas que indique su pediatra y recibir en casa unos cuidados que le alivien.

Si tu hijo tose y tiene fiebre, decaimiento y dolores musculares y de cabeza, quizá esté pasando una gripe (los más pequeños, además, pueden presentar vómitos y diarrea).

Lo primero es ir al pediatra para que valore si es gripe o un resfriado (se diferencian en que la primera provoca más decaimiento, tos seca que puede ser sin mocos y la fiebre puede llegar a 39 ºC).

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La gripe es una infección muy frecuente en los meses de noviembre a marzo y resulta altamente contagiosa entre los niños, ya que éstos secretan más cantidad de virus y los “comparten” más que los adultos (por eso si tu hijo la coge no debe ir al cole o a la guarde).

La transmisión se produce a través de partículas de saliva que se diseminan en el ambiente al toser o estornudar y también a través de las manos: el niño toca un objeto contaminado y lo chupa o se lleva las manos a la boca o a la nariz.

Cómo se trata la gripe en los niños

La gripe suele durar unos siete días, pero hay síntomas como el cansancio o la tos que pueden mantenerse durante dos semanas. Hay que decir que en niños menores de 2 años o con ciertas patologías la enfermedad podría ser grave y requerir ingreso hospitalario (incluso antivirales), pero por lo general basta con tratar los síntomas: el médico recetará parecetamol para la fiebre y el malestar, suero fisiológico para ayudarle a limpiar la nariz y expulsar los mocos y reposo para el cansancio. No se emplean antibióticos (salvo que el pediatra lo indique), ya que es una infección viral y no bacteriana.

Eso sí, si el pequeño tiene fiebre alta (más de 38 ºC) durante tres o cuatro días, está decaído e inapetente, se lleva la mano al oído con expresión de dolor o presenta dificultad respiratoria, llévale de nuevo al médico para que lo ausculte y valore alguna otra infección secundaria a la gripe, como otitis, bronquitis...

Además de darle los fármacos que indique el médico, debes seguir unos cuidados en casa para aliviarle. Procura que beba mucho líquido y ofrécele las comidas en pequeñas cantidades y a menudo, pero sin obligarle a comer. La cebolla es un buen remedio contra la tos: si ya toma todas las verduras, puedes prepararle una sopa de cebolla y ofrecerle el caldo.

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Si vomita o tiene diarrea has de vigilar su hidratación: cuando observes que moja poco el pañal o no orina, que la orina es de color oscuro, que la fontanela de la parte superior de su cabeza se ha hundido o que las mucosas de la boca aparecen secas o pastosas, debes acudir al médico.

Para evitar la deshidratación ofrécele líquido con frecuencia, aunque el niño no te lo pida. Y dáselo a cucharadas, así es más difícil que vomite. Muchos pediatras recomiendan bebidas ricas en sales minerales, que suelen ser un buen sustituto del suero oral.

En los bebés hay que procurar realizar lavados nasales y aspirar los mocos tras cada lavado para evitar que se acumulen en las fosas y puedan producir otra infección, como la otitis.

Además, cuando el pequeño tiene taponada la nariz suele dormir y comer peor, por eso se recomienda realizar el lavado nasal antes de cada comida y antes de acostarlo. También podrá respirar mejor si mantienes cierta humedad en el ambiente, así le ayudas a fluidificar los mocos. Utiliza un humidificador, renovando el agua a diario para que no genere hongos.

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