Claves para afrontar las alergias respiratorias en niños

El polen, los ácaros del polvo, los epitelios de animales domésticos y los hongos son las principales causas de la alergia respiratoria. ¿Sabes cómo combatirla?

La alergia respiratoria afecta cada vez más a los niños pequeños. “Hace un par de décadas era raro encontrar a un menor de cinco años con alergia al polen, y ahora cada vez vemos a más niños con síntomas por debajo de esta edad”, dice Javier Subiza, director del Centro Asma y Alergia Subiza, en Madrid, y coordinador del Comité Aerobiológico de la Sociedad Española de Alergia e Inmunología Clínica. Además de los antecedentes (padres o hermanos con asma o alergia), haber sufrido otras alergias predispone a la respiratoria.

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“El paciente alérgico nace con la predisposición genética a desarrollar alergias a diferentes cosas. Cuando son bebés, la manifestación más común es la alergia a alimentos (leche, huevo) y también la dermatitis atópica”, explica Javier Subiza.

Síntomas parecidos a un catarro

La alergia respiratoria más frecuente es la provocada por el polen, que alcanza altas concentraciones en la zona interior de España. Después están los ácaros, más abundantes en la zona costera, y los animales domésticos. Los síntomas que desencadenan son similares: rinitis (picor y obstrucción nasal, estornudos, moqueo acuoso, no verde o amarillento), conjuntivitis (picor y enrojecimiento de los ojos, lagrimeo, párpados hinchados), picor en el paladar y, en los casos más graves, asma.

“En la alergia al polen es más frecuente la conjuntivitis, mientras que los ácaros suelen provocar más rinitis y asma”, dice el Dr. Subiza. Con los animales domésticos puede aparecer urticaria (picor y enrojecimiento de la piel) en las manos al tocar el animal. Y otro alergeno en aumento en zonas interiores de España es el hongo Alternaria. “Provoca rinitis más persistente, en cualquier época, y un tipo de asma más agresiva”, según Paloma Ibáñez, alergóloga del Hospital Niño Jesús de Madrid.

Pero a veces los síntomas pueden confundirse con un catarro. Para distinguirlo, observa la duración: si se prolonga más de dos semanas o va acompañado siempre de conjuntivitis, debes sospechar que es alergia. Además, estos niños suelen tener estornudos en salva (más de cuatro seguidos) y realizan el “saludo alérgico”, es decir, se frotan la nariz hacia arriba. “Siempre que se sospeche una alergia hay que acudir al especialista para que realice las pruebas cutáneas, que pueden hacerse a cualquier edad”, indica la alergóloga Paloma Ibáñez.

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Las pruebas de diagnóstico

Estas pruebas no son dolorosas, se realizan en unos 20 minutos y consisten en colocar una gota del extracto del alergeno en el brazo e introducirla bajo la piel con una lanceta. Si el niño está sensibilizado, a los pocos minutos aparece un habón en la zona. Se recomienda no tomar antihistamícos al menos diez días antes de hacerlas para evitar falsos negativos (resultados negativos cuando en realidad el pequeño sí es alérgico).

Un análisis de sangre también puede detectar en suero la presencia de los anticuerpos que producen la alergia (IgE). Actualmente, algunos centros emplean una técnica que evita el “susto” de la extracción: basta un leve pinchazo en el dedo para obtener una gota de sangre que se analiza después.

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