Las pruebas médicas para diagnosticarlos

Tras la valoración del pediatra pueden ocurrir dos cosas: que estime que la rinitis es tan leve que no precisa el diagnóstico de un alergólogo o, por contra, que le remita a este especialista.

Para el Dr. Escudero Díez, incluso en las rinitis más leves es importante la exploración por parte del especialista. “La rinitis alérgica en niños puede evolucionar a asma hasta en un 80% de los casos, por ello es fundamental realizar un seguimiento de estos pacientes y valorar la indicación de inmunoterapia con vacunas alergénicas para impedir la progresión de la enfermedad”.

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Otro problema añadido es el déficit de alergólogos en nuestro país, ya que según la OMS, debería haber uno por cada 50.000 habitantes, y en España el porcentaje es de uno por cada 150.000.

Esta circunstancia provoca que la espera para el alergólogo siga siendo larga (aunque se ha reducido mucho en los últimos años). Desde la visita al pediatra hasta la cita con el especialista pueden transcurrir varios meses.

Durante la consulta, el médico especialista en Alergología estudia el primer diagnóstico del pediatra, valora al niño y realiza preguntas a los padres. Posteriormente prescribe la realización de las pruebas cutáneas para determinar con exactitud los agentes responsables de la alergia.

Estas pruebas consisten en poner una pequeña cantidad de las sustancias sospechosas de producir la enfermedad en la cara interna del antebrazo, y punzar con una pequeña lanceta para que penetre en la piel. No es un procedimiento doloroso, aunque sí molesto, ya que provoca picor. Si pasados 20 minutos se produce una inflamación o enrojecimiento, el alergeno está identificado.

En los casos en los que el niño ha tenido algún proceso asmático, se realizan también análisis en sangre y, en mayores de seis años, espirometrías y pruebas de esfuerzo, ya que requieren la participación del pequeño. Las alergias que causan asma suelen afectar a mayores de cinco años, ya que, si bien anteriormente pueden padecer asma bronquial, ésta se produce más por infecciones respiratorias que por alergias.

El siguiente paso es esperar el informe del especialista. En él se detallan las sustancias que provocan la alergia y el grado de reacción que producen, y se prescribe el tratamiento a seguir. También se suele fijar la fecha en la que el niño debe acudir a revisión.

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Tratamiento, en qué consiste

Por un lado, en administrar medicamentos que alivien los síntomas de la alergia, y por otro, en curar y/o prevenir el avance de la enfermedad mediante la utilización de diversas vacunas alergénicas, según los casos.

  • Para poner remedio a los estornudos, picores y demás molestias, los especialistas suelen recetar antihistamínicos orales, sprays nasales con corticoides y colirios oculares. Los sprays con corticoides han evolucionado mucho y en la actualidad son seguros y aptos para los pacientes infantiles.
  • Para curar y/o prevenir complicaciones a causa de la alergia, se recetan las vacunas. Este tratamiento suele durar entre tres y cinco años, ya que en estos plazos de tiempo se consigue el máximo de efectividad posible. Las vacunas tienen hoy mucha importancia, no tanto para curar los síntomas de la rinitis, ya que esto solo se consigue de forma parcial, sino para evitar que evolucione a asma.

    Tanto la rinitis alérgica como el asma alérgico son enfermedades que no se curan, pero pueden atenuarse los síntomas cuando, gracias a la vacunación, se produce un cambio en el sistema inmunológico. En la actualidad las vacunas se administran también a menores de cinco años y está comprobado que, además, sirven para prevenir otro tipo de sensibilizaciones.

    Y ahora, el porqué

    El doctor Escudero Díez da respuesta a esta cuestión: “Los alergenos son sustancias, normalmente de naturaleza proteica, que sensibilizan al paciente provocando las reacciones alérgicas. Se encuentran en diversas fuentes, como pólenes, ácaros del polvo doméstico, animales, esporas de hongos, fármacos, alimentos, etc. Estos elementos poseen características que ocasionan la respuesta defensiva del sistema inmune en la persona susceptible.

    La reacción alérgica, por tanto, puede considerarse como una reacción exagerada e inadecuada del sistema inmunitario frente a una sustancia extraña, pero en teoría inofensiva para el organismo, que afecta a personas predispuestas genéticamente. El sistema inmunitario de estas personas tiene tendencia a producir inmunoglobulinas de tipo E, anticuerpos necesarios, pero que juegan un papel inadecuado, desencadenando la reacción alérgica”.

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