¿Tener catarro o ser alérgico?

El catarro y la alergia tienen síntomas parecidos: estornudos, lagrimeo... Pero se trata de dos afecciones totalmente distintas, en su origen y en su tratamiento. Te damos las claves para que sepas distinguirlas y actuar a tiempo.

Si tu hijo se levanta por las mañanas estornudando y con síntomas catarrales, deberás vigilarlo con atención, ya que puede que no se trate de un resfriado común, sino de alergia. Para distinguir un proceso alérgico de un catarro, observa los siguientes síntomas: sus estornudos son de repetición, sufre picor, lagrimeo y enrojecimiento de ojos, y la mucosidad es líquida y clara, no amarilla ni verdosa.

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Además, ten en cuenta si empeora al salir a la calle, cuando hace viento o cuando hay mucha humedad en el ambiente. Otra característica de la alergia es que se produce de manera intermitente a lo largo de varias semanas, mientras que la rinitis infecciosa o catarro dura sólo unos días.

Primero, la visita al pediatra

El siguiente paso que debes dar es acudir a tu pediatra. Esta visita es muy importante, ya que con su evaluación y tus explicaciones podrá realizar un diagnóstico, fundamental para un correcto seguimiento de la enfermedad.

“Los pediatras de Atención Primaria realizan la primera valoración de los pacientes en aquellos que se sospecha una enfermedad alérgica. Una vez finalizada, determinan si el paciente debe ser remitido a un Servicio de Alergología para su estudio. Lo más relevante de esa primera consulta es la historia clínica del niño, los síntomas que padece y cómo se relacionan éstos con el ambiente, teniendo en cuenta si tiene animales en casa y si empeora en días lluviosos, en primavera, con la limpieza doméstica, etc. Una información que, junto a las pruebas complementarias, nos permite decidir el tratamiento más adecuado para cada paciente”, aclara el doctor Carmelo Escudero Díez, médico adjunto de la Sección de Alergología del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid.

Los antecedentes familiares también cuentan, ya que si el padre y la madre son alérgicos, su hijo tiene un 75% de probabilidades de serlo; el porcentaje se reduce al 35% si sólo uno es alérgico, y al 8% si ninguno de ellos lo es.

En nuestro país se calcula que un 25% de la población escolar sufre rinitis alérgica y en un 15% de ellos se asocia con asma. Además, existe un alto porcentaje de menores sin diagnosticar.

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Culpables de la rinitis alérgica

Los causantes del 50% de las rinitis alérgicas son los pólenes, pero también la desencadenan los ácaros, los hongos y el pelo de los animales domésticos. La alergia a pólenes suele manifestarse a partir de los 6 años; en cambio, la sensibilización al resto de alergenos se puede dar desde los primeros meses de vida.

  • El polen provoca el mayor número de afectados de rinitis alérgica y, dentro de ellos, las gramíneas son las que más alergias causan, aunque en los últimos años han subido mucho los niveles de sensibilización a pólenes de cupresáceas, debido a la proliferación de plantas arizónicas en nuestros jardines. El plátano de sombra y el olivo son responsables también de muchas alergias, pero se mantienen prácticamente en los mismos niveles desde hace años. Los pólenes son partículas microscópicas suspendidas en el aire de las que cada día inhalamos entre 4.000 y 5.000 granos. Para los que no son alérgicos esta circunstancia pasa inadvertida, pero para aquellos que sí lo son, bastan tan sólo 40 granos para que se produzcan los molestos síntomas.
  • Los ácaros, por su parte, provocan el 25% de las rinitis. Se trata de arañas microscópicas que anidan en colchones, alfombras, moquetas, mantas, etc. Una temperatura cálida y la humedad representan el ambiente propicio para que proliferen estos parásitos, al igual que ocurre con otros alergenos como los hongos, también presentes en las casas. En los domicilios situados en zonas húmedas es habitual encontrarlos en armarios, sótanos, cuartos de baño, frigoríficos, colchones, cubos de basura y muebles tapizados.
  • Otro agente causante de alergias en niños, desde edades muy tempranas, es el pelo de perros y gatos. Esta circunstancia debe ser valorada por el pediatra y los especialistas a la hora de diagnosticar al pequeño.
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