¿Qué es el colesterol?

Cuántas veces has oído decir: “No comas eso, deja los bollos, que tienen mucho colesterol”. Y cuánta razón tendrás tú si se lo dices a tu hijo, porque el exceso de colesterol es perjudicial.

En nuestro país las cifras no son nada optimistas: en los últimos 30 años, los niveles de colesterol han aumentado una media de 20 a 30 miligramos por decilitro de sangre, debido a cambios producidos en la dieta y, sobre todo, al consumo de grasa animal y vegetal rica en ácidos grasos saturados.

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Y, en este sentido, los médicos son tajantes: “La prevención frente al colesterol comienza en la infancia”. Cuando surge el problema en la edad adulta, ya es muy difícil cambiar los hábitos alimenticios.

¿De qué estamos hablando?

El colesterol es una grasa indispensable para la vida. Forma parte de la membrana exterior de las células y participa en la síntesis de muchas hormonas (entre ellas las sexuales) y de algunas vitaminas. Pero un exceso de él en la sangre supone un riesgo, ya que se deposita en las arterias, formando una placa o ateroma, y las estrecha, reduciendo el paso de la sangre, lo que puede desencadenar un infarto de miocardio, un infarto cerebral o una angina de pecho.

Para poder circular por la sangre, el colesterol necesita asociarse a unas proteínas (lipoproteínas). Éstas pueden ser de dos tipos: de baja densidad o LDL, que se encargan de llevar el colesterol desde el hígado a los diferentes órganos y entregarlo a las células (¡atención a éstas!, deben estar en un nivel correcto, porque cuando hay un exceso, lo depositan en las arterias), y las de alta densidad o HDL, que recogen colesterol a lo largo del organismo y lo devuelven al hígado para que éste lo elimine. Estas sí son buenas y no perjudica a la salud que su número sea más elevado de lo normal.

¿Cómo sé si mi hijo tiene alto el colesterol?

Nada tan simple como hacerle un análisis de sangre. Aunque lo más probable es que en los que le hayan hecho hasta ahora no aparezca este dato, porque hasta los 18 años no suelen valorarse los índices de colesterol salvo que el padre o la madre sufran cardiopatía isquémica, angina de pecho o infarto prematuro. O si se sospecha que pueda ser por causa genética. Cuando salta la alarma y uno de los progenitores sufre las consecuencias de un índice elevado de colesterol, y si se piensa que puede deberse a la hipercolesterolemia familiar (HF), hay que estudiar a toda la familia.

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“A los niños no se les hace análisis hasta los tres años, pero a partir de esta edad se les estudia y, si han heredado la HF, se establece una dieta y la práctica de ejercicio físico”, indica Pedro Mata, jefe asociado de Medicina Interna de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid y presidente de la Fundación de Hipercolesterolemia Familiar. El tratamiento farmacológico no se establece hasta los 10 años en niños y un año después de la primera regla en niñas, y siempre que las medidas dietéticas no hayan funcionado.

Por si te sirve de referencia, “los niveles de colesterol en los niños deben estar por debajo de los 180 mg/dl hasta los 18 años. Lo más recomendable es que el LDL o colesterol malo no exceda los 130 mg/dl y que el HDL o colesterol bueno se sitúe en 40 mg/dl como mínimo, ya que al ser el beneficioso, si está en niveles altos es aún mejor. En la edad adulta el LDL no debe sobrepasar los 200 mg/dl, aunque las mujeres embarazadas puede que lo tengan más alto porque tienen mayores demandas metabólicas”, explica el doctor Mata.

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