Estreñimiento infantil

Le sucede a uno de cada cuatro niños. ¿El tuyo es uno de ellos? Sigue estos consejos y se sentirá mejor.

Hay dos circunstancias que evidencian que un niño está estreñido: que lleve más de tres días sin hacer caca o que sus heces sean bolitas duras y secas, como las que hacen los corderitos, aunque las expulse varias veces al día.

Debido al estreñimiento, el pequeño estará inapetente, tendrá la tripa hinchada, se sentirá muy molesto debido a los gases y se pondrá rojo cuando intente hacer caca (puede que incluso llore, porque la defecación le resulta dolorosa).

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Aunque es el pediatra quien debe determinarlo, en la mayoría de los casos el estreñimiento es funcional, es decir, no hay ninguna enfermedad que lo provoque y suele deberse a unas causas bien determinadas:

Cambios en la dieta habitual. El niño de 1 año ya no se alimenta sólo a base de líquidos, como cuando era más pequeño. Ahora ya toma sólidos, que dan lugar a heces más consistentes y, aparentemente, menos abundantes.

Escaso consumo de alimentos con fibra. Una gran parte de los pequeños que sufren este problema llevan una dieta escasa en alimentos ricos en fibra, como frutas y verduras. Y además, es frecuente que apenas beban agua y que hagan poco ejercicio.

Factores hereditarios. La herencia genética juega un importante papel en esta alteración. Si el padre, la madre o ambos son propensos al estreñimiento, existen muchas más probabilidades de que el niño también lo sea.

EL TRATAMIENTO ADECUADO

Si tu pequeño está estreñido, debes llevarle al pediatra para descartar que sea un síntoma de un trastorno más importante y para que te diga cómo tratarlo y evitar así que se convierta en un problema crónico. Muy probablemente te dará estos consejos:

  • Asegúrate de que tu hijo come alimentos ricos en fibra todos los días, tales como frutas (naranjas sobre todo), verduras (acelgas, lechuga, alcachofas, espárragos y espinacas principalmente) y legumbres.
  • Acostúmbrale a beber agua en abundancia y al menos un zumo de naranja natural todos los días (si es por la mañana, en ayunas, mejor).
  • Evita que tome alimentos astringentes, como el arroz y las zanahorias.
  • Procura que se mueva más. Llévale al parque aunque haga frío (abrígale bien) o procura que camine un poco, en vez de ir todo el tiempo en la sillita.
  • Una o dos veces al día, cuando le cambies el pañal, aprovecha para darle un masaje suave en la tripa, con movimientos profundos y circulares, en el sentido de las agujas del reloj. Con esta práctica no sólo favoreces el tracto intestinal de tu pequeño, sino que también aceleras la maduración de su sistema gastrointestinal.
  • Cuando veas que se está poniendo rojo porque está haciendo esfuerzos, túmbale boca arriba sobre una superficie en la que se sienta cómodo y flexiónale las piernas hacia el abdomen, ejerciendo una ligera presión sobre él.
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    Jamás administres a tu hijo laxantes, enemas o supositorios sin consultarlo antes con el pediatra. Y si en alguna ocasión te aconseja ponerle un supositorio infantil de glicerina, recuerda que no es necesario que se lo metas en el culete.

    La mayoría de las veces, estimular el ano con la punta del supositorio (nunca con una ramita de perejil ni con un termómetro) basta para que éste haga el efecto deseado.

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