Cómo tratar un orzuelo, un herpes o un ganglio inflamado en niños

Son problemas menores, pero pican, molestan, escuecen y, claro, afean. En muchos de ellos solo tienes que esperar a que se resuelvan solos pero, mientras, puedes ayudar a que el proceso sea más rápido y menos molesto.

orzuelo en niños
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¿Tu hijo tiene un orzuelo, una calentura o se le ha inflamado un ganglio? En principio, son problemas menores, del día a día, pero sobre los que ningún padre está perfectamente preparado para actuar. Los especialistas te explican cómo reconocer cada uno de estos tipos de granitos y lo que puedes hacer para que molesten lo mínimo a los niños.

Orzuelo: limpieza y calor seco

Técnicamente no es más que un grano de grasa, pero al estar situado en el párpado, una zona muy delicada, asusta. “Un orzuelo es una infección de una de las glándulas del párpado cuyo orificio de salida se tapa, acumulando líquido en el interior”, señala el doctor Francisco Salvador, especialista en Oftalmología Pediátrica de la Clínica Creu Blanca. “Cuando tenga un orzuelo, limpia la zona dos veces al día con una toallita oftálmica (las encontrarás en farmacias), plancha un pañuelo y aplica calor seco en esa zona”, explica el doctor. Tienes que ir al oftalmólogo o hablarlo con el pediatra si hay una secreción purulenta, si el orzuelo le dura más de semana y media, si es muy grande o tiene varios a la vez, y si duele el párpado o está muy inflamado. “Es importante no apretarlos como si se tratase de un grano, porque existe el riesgo de diseminar la infección al resto del párpado”, explica el doctor. Eso sí, los orzuelos no se contagian.

Calentura: con cremas secantes

Una calentura es una infección por un virus, el herpes simple, y en cuanto el peque entra en contacto con este virus sale una especie de ampollita en el labio que, con el paso de los días se convierte en costra. “No hay forma de prevenir el tener una calentura; es como una verruga del pie o un molusco, en cuanto entras en contacto con el virus puede salir”, señala la doctora Marta Feito, dermatóloga pediátrica de Clínica Dermatológica Internacional. “Cuando son pequeñitas lo mejor es poner alguna crema secante y otra que tenga antibiótico”, señala la doctora. Pero si aparte de la calentura también salen llagas y molesta toda la zona de la boca –“eso suele ocurrir la primera vez que coges el virus”– hay que dar antibióticos orales. ¿Lo malo de las calenturas? Que no se pueden prevenir y que si tu hijo tiene tendencia a coger ese virus es difícil vencerlo. “Sí que recomendamos a los padres, cuando tienen niños mayorcitos, venir al dermatólogo para intentar un tratamiento supresor si el peque sufre más de 5 calenturas al año”, explica la doctora. Mientras tanto, aguantar y que no se toque mucho: “cuando molesta yo recomiendo poner la crema antibiótica que reseca un poco, luego vaselina y, si está muy inquieto, darle paracetamol”.

Ganglios inflamados: vigilar

En el cuerpo humano existen alrededor de 500 ganglios linfáticos que ayudan a defendernos de las infecciones. Hay ganglios linfáticos en las ingles, axilas y cuello (estos últimos, hasta se ven fácilmente en niños delgados). Coge a tu hijo y, a simple vista, verás como palpando los distingues (son unas estructuras pequeñas, como una lenteja, bultitos palpables que tienen consistencia blanda y son móviles). Cuando el niño tiene una infección vírica o bacteriana, pueden inflamarse, creando lo que los médicos llaman adenopatías. Solo hay que preocuparse con ganglios inflamados que se vuelven duros, que no son móviles, si adquieren un tamaño mayor de tres centímetros o no dejan de crecer, si aparecen de forma generalizada por todo el cuerpo o en la zona del hígado o del bazo. Si tu hijo está malito y se le inflaman durante unos días no pasa nada; pero si no encuentras una causa, consulta con el pediatra.

Quistes de millium: se van solos

Los quistes de millium son esas bolitas blancas diminutas que tienen muchos niños alrededor de los ojos y nariz –algunos incluso nacen con ellas–. “Salen espontáneamente, no hay una causa y es un trastorno absolutamente benigno”, explica la dermatóloga Marta Feito. “Si no se van solos –como pasa la mayoría de las veces– se pueden quitar, aunque tampoco pasa nada por dejarlos, es una cuestión meramente estética. Eso sí, si decides retirarlos ha de hacerlo un dermatólogo, porque si los padres o el propio niño se ponen a tocar no van a conseguir nada”, explica esta experta.

Impétigos: aprende a reconocerlos

“Son unas infecciones bacterianas muy comunes en niños. Su aspecto es el de ampollitas o costras amarillentas que salen en una determinada zona –nariz, boca, manos, zona de pañal...– y es importante que los padres sepan reconocerlas porque los niños, al tocárselas con las manitas, se las van extendiendo de una zona a otra del cuerpo”, señala la doctora Feito. “Cuando nos traen a un peque con impétigo lo importante es que esta infección no se extienda, para eso ponemos antibiótico en crema y una solución secante”, explica la dermatóloga.

Bolitas de grasa: ¡no tocar!

Son unas bolitas un poco más grandes que los quistes de millium pero de color amarillento en su interior. Aparecen espontáneamente en muchos sitios, “y lo importante es no tocar, no apretarlas o se puede causar una sobreinfección”, recomienda la dermatóloga.

¿Lo más importante? Que no se toque...

Es difícil decirle a un niño –y conseguir– que deje sus manitas fuera de un grano, una costra o una zona que le pica o le molesta.
Manos limpias y tratar cuanto antes: Es la recomendación de médicos y pediatras, pues es realmente difícil conseguir que un peque no se toque. Por eso, ante granitos, molestias... que pican hay que actuar cuanto antes y, durante el tiempo que duren, mantener las manos del niño lo más limpias posible.
Mañas de mamá:
Algunas mamis consiguen que no se rasquen poniéndoles, a ratos, unos guantes finitos de algodón.

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