Otitis externas y la OMA

El conducto auditivo, el canal que comunica la oreja con el tímpano, es un túnel estrecho parcialmente cerrado, cuya piel es muy sensible y propensa a la maceración, especialmente si quedan restos de agua, arena, cera, etc., que inciten al rascado.

Las pequeñas lesiones que se producen por el rascado o al introducir objetos favorecen que esta piel se infecte (por pseudomonas, estafilococos, hongos o virus), se inflame todo el conducto y surja una otitis externa difusa (los niños con ezcema y dermatitis y los que acuden a natación son más propensos a este trastorno).

En otros casos la inflamación afecta sólo a una zona del conducto. Un folículo piloso se infecta, generalmente por estafilococos, y se forma un forúnculo lleno de pus.

Esto es lo que se conoce como otitis externa circunscrita. Y en ambos casos, el dolor aumenta al tirar del pabellón auricular o al presionar en el trago.

La OMA

En cuanto a la otitis media (la verás en los informes como otitis media aguda, OMA), la parte afectada es el espacio que queda detrás del tímpano, una bóveda que comunica con la faringe a través de un conducto estrecho llamado trompa de Eustaquio, cuya anatomía nos complica mucho la existencia. Además de que su ubicación favorece la ascensión de gérmenes de la garganta, nariz y faringe, posee un estrechamiento en su parte más cercana al oído que cierra la comunicación ante la más pequeña inflamación.

Este detalle de fabricación es más acusado en los niños, por ello es fácil que sufran estas otitis. En los lactantes, además, una postura muy recostada al tomar el biberón favorece que por la trompa ascienda leche, quede retenida y se infecte.

Cuando hay una otitis media el tímpano, una pared membranosa de color rosa pálido, enrojece y se abomba por la presión interna, causando un dolor intensísimo. En ocasiones el tímpano se perfora espontáneamente y salen al conducto auditivo pus y restos de sangre; el dolor suele mejorar de inmediato y la rotura se cura por sí sola.

Las otitis medias suelen repetirse a lo largo de la infancia y tienen tendencia a remitir cuando el niño crece, su sistema inmunológico madura y su trompa de Eustaquio ensancha (sobre los 7 años).

En algunos casos, se prescribe la ventilación artificial de la zona mediante la implantación de tubos de drenaje en el tímpano que favorezcan la salida del exudado y eviten el problema.

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