Las más frecuentes

LAGRIMAL OBSTRUIDO

Si el conducto nasolagrimal (que une el ojo desde el párpado inferior hasta el puente nasal) está obstruido, las lágrimas no fluyen y se acumulan en la esquina del ojo o ruedan por las mejillas, aunque el niño no llore.

Si tu hijo tiene este problema será mucho más propenso a padecer conjuntivitis.

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Lo más probable es que se le corrija antes de los 12-18meses (ocurre en el 90% de los casos).

De no ser así, el pediatra te enseñará a hacerle un masaje diario en el lagrimal que facilite su apertura y, si tiene legañas, indicará un colirio antibiótico.

Pero si así no se remedia, hay que abrir el conducto con un drenaje quirúrgico, que requiere anestesia ligera y unas gotas de antibiótico en los días posteriores.

AMIGDALITIS

Es la inflamación de las amígdalas situadas en la parte posterior de la garganta.

Su extirpación se indica si provoca paradas respiratorias (apnea del sueño) o si el niño tiene 4 años y padece más de seis episodios anuales de amigdalitis.

La operación se realiza de forma ambulatoria, pero con anestesia general e intubación.

VEGETACIONES

Cuando el tejido adenoidal, situado tras las fosas nasales y sobre el paladar, crece en exceso y/o se infecta, puede provocar problemas respiratorios (obstruye la vía aérea o produce apnea del sueño) o causar otitis reiteradas.

La intervención consiste en un raspado de las adenoides en quirófano y con anestesia general.

En unas horas el niño vuelve a casa.

LABIO LEPORINO

Es una malformación congénita de la zona media del labio.

Implica un desplazamiento lateral de todas las partes de la zona y va asociada a una malformación nasal.

Afecta a uno de cada 1.000 recién nacidos. Además de su aspecto antiestético, puede provocar problemas en la masticación.

La cirugía plástica se realiza entre los 3 y los 6 meses con buenos resultados, aunque puede precisar otras intervenciones de retoque.

FISURA PALATINA

Es la falta de cierre del paladar secundario, de forma que la cavidad bucal y nasal quedan comunicadas.

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Es preciso operarla, pues puede provocar dificultades en la deglución, en el desarrollo normal del habla y/o problemas de otitis.

La intervención correctora del defecto se realiza entre los 12 y los 18 meses (pueden precisarse otras, cuando el niño crece).

El postoperatorio es más complejo que el de otras intervenciones y es preciso administrar medicación analgésica y alimentar al niño con sonda o por vía parenteral, dadas las molestias del proceso.

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