Cómo evitar los sustos y accidentes con los niños durante la Navidad

¡Llega la Navidad! Tiempo de luz, calor de hogar y vacaciones. Las casas se llenan de adornos, regalos, dulces... Te damos las claves para que sean días felices y no os llevéis ningún susto.

Navidad sin riesgos para los niños
Getty Images

Luces de colores, canciones, regalos... Los niños son quienes viven la Navidad con más ilusión: les encanta mirarlo todo, disfrutarlo todo y ¡tocarlo todo! Así que, ten cuidado y toma nota para que tu hogar sea seguro y para que las Navidades sean, de verdad, felices.

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Normas generales

Evita sustos con los adornos y las luces y evita los empachos y, aunque te parezca extraño, el estrés. Te contamos cada detalle que debes vigilar a continuación, pero antes, toma nota de dos normas básicas: los niños siempre han de estar vigilados por un adulto (que el jaleo navideño no sea excusa) y nunca hay que dejar objetos peligrosos a su alcance (ceniceros, vasos...), así como recipientes –copas, botellas...– con restos de alcohol.

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El espumillón y los adornos

Decorar el árbol es uno de los momentos con más magia de la Navidad. Pero toma una serie de precauciones: los pequeños pueden meterse esos adornos tan bonitos a la boca, atragantarse con los hilos que suelta el espumillón y cometer cualquier travesura con el aerosol de la nieve artificial.

¿Cómo evitarlo?

Elige adornos grandes (más de 6 cm) para que no pueda metersélos en la boca; tendrán que ser de plástico y sin pinturas tóxicas. En cuanto al espumillón, espera a que tu hijo tenga cuatro años para usarlo. Opta por árboles artificiales, que no tienen púas, y por las bolas grandotas –de tela, plástico o madera– y las tarjetas navideñas. Cambia el aerosol de nieve artificial por harina y sujeta el árbol a una base bien firme, para que el niño no lo tire. Si tenéis belén, que sea de figuras grandes de plástico. Evita el musgo, la arena y las bolitas blancas pequeñas. Por supuesto, no pongas velas. Y presta atención a las etiquetas de cada objeto, así dispondrás de toda la información acerca de la edad mínima del niño para su uso y si requiere supervisión de un adulto.

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Las luces de Navidad

Les encantan, pero pueden ser peligrosas para ellos, sobre todo para los más pequeños: los cables incitan a tirar o, en su afán por alcanzarlas, puede tratar de llegar al enchufe y meter en él sus deditos.

¿Cómo evitarlo?

Si tu hijo tiene menos de tres años, quizá lo más acertado sea evitar las luces. Aun siendo grandecito, conviene que estén fuera de su alcance y, en ningún caso, ha de ponerlas él. Explícale que sí puede participar del resto de la decoración –de hecho, tiene que hacerlo para que se sienta partícipe e ilusionado–, pero que las luces son tarea de los adultos.

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Empachos y atragantamientos

Las celebraciones navideñas giran en torno a la mesa. Y, quizá, muchos de los alimentos que haya sobre el mantel sean totalmente nuevos para tu hijo: turrones, marisco, roscón... Estate atenta: puede sufrir intoxicaciones y empachos bien por comer demasiado o bien por tener algún tipo de alergia o intolerancia.

¿Cómo evitarlo?

El turrón y el mazapán resérvalos hasta bien cumplidos los dos años o podrían sufrir una reacción alérgica. El roscón puede tomarlo a partir de los 18 meses, sin las almendras ni las frutas que lleva por encima y mojado en leche. Ah, recuerda retirar la sopresa. Para comer marisco también conviene que haya cumplido dos años, ya que es muy alergénico. Dáselo cocinado y habiéndolo congelado previamente.

Recuerda que ha de tomar estos alimentos en porciones pequeñas para no empacharse y, que si no han cumplido los tres años, tienden a atragantarse con facilidad, por lo que conviene que se los desmenuces. Ah, las uvas de Nochevieja: peladas, sin pipos y en trocitos pequeños una vez cumplidos los 18 meses. Con dos o tres uvas bastará.

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El estrés

Sí, el estrés, porque, aunque el niño esté de vacaciones, durante estos días recibe un montón de estímulos nuevos y cambia sus horarios. Además, en casa hay visitas, se come más, se duerme menos, se rompen sus rutinas...

¿Cómo evitarlo?

Es muy importante que descanse lo suficiente: si se va a acostar más tarde de lo que lo hace a diario, que duerma una siesta. Si, aunque sea una noche señalada, tiene sueño, acuéstalo. Por el día, intenta que, a pesar del bullicio, no haya un ruido excesivo: cantad y escuchad villancicos a un volumen moderado. Recuerda que los regalos le gustan, pero si tiene demasiados puede abrumarse. Una buena regla es darle uno por año de edad más uno. Así, un niño de tres años recibe cuatro juguetes. Guarda el resto de regalos para otros momentos a lo largo del año y recuerda que no necesita ni muchas cosas ni trasnochar ni estar agobiado: lo que queda en su mente es el ambiente en estas fechas, por lo que intenta que sea relajado, alegre, cálido y familiar.

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Compras y aglomeraciones

Otra de las actividades "reinas" de estas fiestas es llevar a los niños a ver la decoración de las calles, los puestos de artesanía, las luces de los árboles... Y también de compras. Los estímulos son cientos, miles. Y ellos quieren verlo todo. Las calles están llenas de gente, las colas para pagar en las cajas son eternas, se sueltan de tu mano y salen corriendo porque ven a Papá Noel o porque algo les llama la atención en un escaparate... Y, a la mínima, pueden escapar de tu campo de visión.

¿Cómo evitarlo?

Si puedes, huye de los lugares excesivamente tumultuosos: quizá no debas ir al centro y sea mejor buscar los puestos de artesanía del barrio, más tranquilos. Si vas a comprar, queda con alguien para que, mientras tú coges lo que necesitas, esté con tu hijo. Ponle algo llamativo: un gorrito amarillo chillón será suficiente para distinguirlo entre la gente. También puedes atarle un globo de gas. Como medida de precaución, apúntale tu número de teléfono en una mano con un rotulador. Y, por supuesto, explícale con claridad y firmeza que no puede separarse de ti.

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Las discusiones familiares

Estos días de paz, armonía y felicidad, en ocasiones, se transforman en una guerra por los conflictos familiares que surgen. Es bastante común que haya discusiones por varias razones: por las cenas en casa de un familiar u otro, por el presupuesto de los regalos, porque a uno de los miembros de la pareja no le cae bien algún pariente... Y hasta por lo que se sirve en la mesa. Estos conflictos, a veces, se transforman en discusiones de las que los niños son testigos, con las consecuencias que eso tiene para ellos: angustia, tristeza, inseguridad...

¿Cómo evitarlo?

Discutir, a veces, es necesario e inevitable para que la pareja llegue a acuerdos, pero, eso sí, nunca hay que discutir delante de los niños, ya que son muy receptivos a todo lo que ocurre en su ambiente familiar. Cuando os enfrentéis a un problema, es importante que interpretéis estos desacuerdos como algo que puede enriqueceros. Es muy difícil discutir desde la serenidad, pero ése ha de ser el objetivo, así como quitarle hierro al asunto y evitar los reproches y las descalificaciones. La Navidad es un buen momento para estar en familia haciendo cosas juntos, como galletas, así que, si veis un amago de desacuerdo sobre un plan, proponed algo que os apetezca a todos y recordad que vuestro hijo recordará la Navidad, no por los regalos, sino por los buenos o malos momentos vividos en ella.

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