8 juegos que le enseñan y le hacen feliz

Sí, porque gracias a ellos se divierte y aprende además a relajarse, a tener paciencia, a escuchar, a concentrarse... Y todo esto contribuye a convertirle en un niño feliz y seguro.

 

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Una enseñanza divertida

Nuestros hijos son felices cuando jugamos con ellos. ¡Y a nosotros nos encanta hacerlo! Sobre todo, si de paso podemos aprovechar los ratos de diversión para enseñarles cualidades y valores importantes.

Eso sí, según cuenta Marisol Justo, especialista en estimulación temprana (o “adecuada”, como ella prefiere llamarla), que “es importante disfrutar de la interacción con los niños y no verla como un hábito o una obligación, pues ellos perciben con claridad cuándo un adulto desea jugar y cuándo no. Para que la estimulación produzca resultados óptimos, el adulto debe derrochar entusiasmo y cariño, pues este es el principal ingrediente de calidad”.

Basándonos en esta premisa, os proponemos ocho ideas para las tardes de verano con un objetivo en común: jugar para divertirse. Sin embargo, ocultas en cada una de ellas hay una intención pedagógica y poderosas herramientas con las que nuestros peques irán adquiriendo sin esfuerzo ocho cualidades y valores muy necesarios. ¡Vamos a enseñárselos jugando!

Aprender a relajarse: el Tic tac

La música tiene mucho que ofrecer a la hora de trabajar con niños de 2 a 4 años, ya que capta rápidamente su atención. Además, ya son capaces de seguir las letras y los ritmos y de poner en práctica coreografías más o menos complicadas, en función de su edad y desarrollo psicomotor.

Una buena opción es “El tic tac” de Brujita Tapita en Youtube (https://youtu.be/iHgNpH2l8-M), pues tiene una coreografía fácil de aprender: al cantar “tic tac” movemos los brazos como agujas de un reloj; “pin pon”, manos sobre el corazón latiendo; “chas chas”, pisotones alternos.

Una vez aprendida la coreografría, el juego consiste en cantar y bailar rápido o lento para lograr la relajación a través de la tensión y distensión, y acabar con un tic tac cada vez más suave mientras los niños se dejan caer hacia delante balanceando los brazos como péndulos para relajar músculos, espalda y brazos.

Entrenar el autocontrol: el globo

Para este juego necesitamos un globo, música y despejar el espacio de cosas que puedan romperse. Hinchamos el globo y empezamos a bailar al ritmo de la música mientras vamos dándole toques para que no caiga al suelo. Cada vez que la música deje de sonar, nos olvidamos del globo y nos convertimos en estatuas.

Para los niños pequeños esta transición es muy brusca. Y con toda su concentración puesta en hacer saltar al globo, quedarse quietos y ver cómo este cae al suelo es todo un ejercicio de autocontrol, pues una parte de su mente les dice que se estén quietos y la otra, que sigan el impulso de golpearlo.

Quien no sea capaz de frenarse tendrá una penalización, y a la quinta falta dejará de jugar. Es un incentivo para que la próxima vez se esfuercen más y así prolonguen su tiempo de juego.

Trabajar la atención: cuento personalizado

Existen numerosos juegos que ejercitan la concentración y la capacidad de atención en estas edades: puzles adaptados, encontrar diferencias, descubrir parejas... Sin embargo, nuestra apuesta para que el peque aprenda a mantener su atención es contarle un cuento personalizado, en el que el protagonista sea él. Y mucho mejor si de paso elegimos un tema que le importe, como el miedo (a un animal, a la oscuridad, a otro niño…).

Los personajes serán él y sus amigos, y la solución pasará por hacerle entender que todos sentimos miedo (sus compañeros temen al mismo animal), lo cual requiere valor y un poco de apoyo para ser valiente: siguiendo el ejemplo anterior, al exteriorizarlo los amigos descubren que juntos son fuertes y que todos deben acudir a ayudar al que está “en peligro”. Un juego ideal para enseñar al niño atención... y de paso, valor.

Saber escuchar: Las ranas oyen

Escuchar cuentos sirve para trabajar el lenguaje desde el punto de referencia auditivo, ofreciendo a los niños la oportunidad de desarrollar la conciencia fonológica para entender que las oraciones contienen palabras y estas, sílabas y letras, lo que es un requisito previo para el éxito de la posterior lectoescritura.

Por ello, en el siguiente juego vamos a trabajar la discriminación auditiva convirtiéndonos en ranas con orejas que sólo escuchan una sílaba concreta. Cada vez que la oigan, deben saltar, y la primera que llegue a la meta gana. Así, por ejemplo, asignaremos a cada niño “ma”, “me” y “mo”, y escogeremos palabras como “mamá” (dos saltos), “merienda” (un salto), “memoria” (un salto para “me” y otro para “mo”).

Es importante preparar antes las palabras, partir de lo más simple y ayudarles a discriminar los sonidos separando las sílabas por golpes de voz.

Aumentar la paciencia: "Abuelita, ¿qué hora es?

Con este juego entrenamos la paciencia de niños a partir de 3 años. Tú serás la abuelita e indicarás que todos se coloquen tras una línea imaginaria distanciada de ti, el árbol o la pared, que es la meta. Para avanzar hay que preguntar la hora, por turnos y con la fórmula del enunciado, y asumir la respuesta, ya sea “las dos de gigante” –dando dos pasos con los que se avanza mucho–, “de hormiga” –con los que se avanza poco– o “de cangrejo” –yendo hacia atrás–.

Hay que procurar que todos prueben tanto la emoción de avanzar e ir el primero como la frustración de retroceder e ir el último, intentando recompensar la paciencia del que aparentemente iba a perder. Gana quien toque la meta primero. Se puede jugar con un solo niño, haciéndole avanzar y retroceder, pero es más efectivo con varios.

Favorecer la obediencia: "Juan ha dicho..."

En torno a los 2 años comienza una etapa de autoafirmación en la que es difícil conseguir que tu hijo haga algo sin cuestionarlo. Darle un poco de espacio para que se exprese y ofrecer dos alternativas le ayudará a sentir que su opinión es relevante, aunque hay que hacerle ver que las de los demás cuentan igual, que unas veces son mayoría, otras es el turno de otro y, en ocasiones, son los mayores quienes deben decidir.

Para entrenar la obediencia vamos a jugar a “Juan ha dicho”, ya que basta con que una orden sea divertida para que no haga falta cuestionarla. Además, si contamos con más de un niño trabajaremos la empatía y los turnos, dejando que cada vez mande uno sobre el grupo el mismo tiempo. Después tendrán que ponerse de acuerdo para decidir quién mandará por última vez. Si no lo consiguen, el juego termina.

Fomentar el afán lector: la biblioteca

Aprovecha un rinconcito con estanterías (en su habitación o en vuestra sala común) para poner sus cuentos y recrear la zona infantil de las bibliotecas públicas. Para empezar, vamos a poner nombre a la actividad para que tu hijo sepa qué debe hacer solo con nombrarla.

Después jugamos a que estamos en una biblioteca, para lo que hay que cumplir ciertas normas: no correr, hablar bajito, coger los libros de manera ordenada, entregar el carnet para sacarlos, devolverlos en el tiempo establecido… Además de leer y comentar un cuento, se divertirá con el cambio de rol, de forma que él sea quien te “lea”, te regañe y te recuerde las normas de uso de la biblioteca.

Después, eso sí, hay que visitar una para que pueda poner en práctica lo aprendido, explicándole que en los lugares públicos existen normas de comportamiento que todos, incluidos los niños, debemos cumplir.

Favorecer el habla: Con la boca grande
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