El placer para un niño de jugar en el jardín

Con el buen tiempo llega la oportunidad de practicar con tus hijos la jardinería, una diversión muy instructiva que les enseña a cuidar la naturaleza.

No creas que tu hijo es aún demasiado pequeño para hacer sus primeros “pinitos” ayudándote en el jardín o rellenando de tierra las macetas. La gran ventaja de esta actividad es que no se necesita ningún esfuerzo para que los niños se involucren y comiencen a jugar con la tierra, arena, grava, semillas y con las herramientas que para ellos existen en el mercado.

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Y es que a todos les vuelve locos ensuciarse y manipular a su antojo elementos que les van a permitir, además, ser investigadores creativos y responsables de seres vivos que crecen en un proceso casi mágico.

Tanto si tienes la suerte de disfrutar de un jardín en tu vivienda como si únicamente dispones de jardineras o macetas en la terraza o en el balcón, o incluso en el alféizar de una ventana, el juego de cultivar plantas proporcionará a tus hijos experiencias muy positivas para su desarrollo, como las siguientes:

  1. Tomar conciencia del ciclo de la vida y de la interacción de las plantas con los insectos y otros animales.
  2. Plantearse un objetivo y tener paciencia para conseguirlo.
  3. Desarrollar la motricidad fina (manejo de semillas, herramientas pequeñas...) y gruesa (carretilla, rastrillo...).
  4. Responsabilizarse de seres vivos a los que tendrán que alimentar (regar) y cuidar día a día.
  5. Aprender de dónde provienen los alimentos que comemos, como los tomates y las fresas.

    Amar la naturaleza, entender la importancia del medio ambiente para todos nosotros y aprender a conocer y respetar a las plantas y a los animales, por diminutos que sean.

    En contacto con la tierra

    Si tu hijo tiene 1 o 2 años y dispones de suficiente espacio, prepárale un pequeño cajón con arena y pon en él sus juguetes de playa, le encantará jugar allí. También puede “echarte una mano” mientras trabajas en el jardín, si le dejas manejar la tierra de plantación o, mejor, el substrato, que es más blando y pesa menos: pídele que te ayude a rellenar macetas o proporciónale un pequeño rastrillo para que allane un parterre diseñado para él. Y enséñale a oler las flores y frutos, a observar las lombrices y los insectos...

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    Con 2 años puedes enseñarle a plantar semillas, vigilando que no se las coma. Escoge las de mayor tamaño (girasoles, calabazas, habichuelas...) para que pueda manipularlas mejor y colocarlas donde tú le digas. Y proporciónale una regadera pequeña para que aporte agua a sus experimentos.

    Desde los 3 o 4 años los niños pueden realizar otras labores de mantenimiento del jardín familiar, con guantes y bajo tu supervisión constante, como rastrillar el terreno, empedrar sendas, recoger las hojas caídas, regar con regadera o manguera, cosechar los frutos maduros o eliminar las malas hierbas (vigilando que entre éstas no haya ortigas o zarzas).

    Para los mayorcitos, con 4 o 5 años, un experimento interesante es que elaboren su propio álbum de fotos sobre el desarrollo de sus plantas. Fotografiarlas en diferentes momentos de su crecimiento les proporcionará la experiencia comparada de su desarrollo y les facilitará su identificación. Además, podéis escribir junto a cada foto las partes del proceso que ellos mismos llevaron a cabo y lo que más les sorprendió y gustó.

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