Lecciones de anatomía

El verano, cuando llevamos menos ropa, es un momento ideal para que descubra y acepte su cuerpo y aprenda cómo puede utilizarlo.

A los 3 años el pequeño comienza a tener conciencia de sus diferencias con el medio y busca fórmulas de autoafirmación que constituyen parte del desarrollo de su personalidad. De los 4 a los 6 años va adquiriendo mayor seguridad y autonomía, así como mayor aceptación de su individualidad.

  • Enterrados bajo la arena. Cubre con arena una parte de su cuerpo (una mano, un pie…) y pregúntale qué es lo que le falta (si es un poco más mayor, pídele también que te lo describa). Aprovecha para enseñarle para qué sirven las diferentes partes del cuerpo. Por ejemplo, si le has enterrado los pies y le pides que se levante a coger el cubo y la pala, no podrá hacerlo.
  • Del frío al calor y del calor al frío. Aprovecha un momento de calor para colocar encima de la mesa un abanico, unos cubitos de hielo, una hoja de cartón y un vaso de leche caliente. Pregúntale a tu hijo qué quiere utilizar para refrescarse y déjale que experimente todo el tiempo que desee. Así descubrirá las respuestas sensoriales de su cuerpo.
  • Pies juntos. A la hora de preparar la mesa para comer o de recoger su cuarto, ata uno de tus tobillos a uno suyo. Juntos tenéis que ir colocando los cubiertos, el pan, o recogiendo juguetes… Aunque tardéis bastante, este ejercicio es fantástico para su psicomotricidad gruesa y le enseña el método y las reglas básicas para trabajar en equipo.
  • Espejito, espejito. Ponte ante él, de pie, y haz movimientos con el cuerpo o gestos con la cara. La idea es pedirle que te imite tan rápido como pueda, hasta que lleguéis a hacerlos casi al mismo tiempo.
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