Actividades para aprender y divertirse en verano

Son vacaciones... ¡Juegos sí, deberes no! Pero hay “tareas de repaso” divertidas para peques de 3 a 5 años que a vuestro hijo
le encantará practicar durante el veraneo.

¿Vacaciones o deberes? He aquí la cuestión. ¿No se suponía que el verano era para descansar? Al fin y al cabo, si los mayores no nos llevamos el trabajo a la playa, ¿por qué estamos tan obsesionados con que los niños no dejen aparcadas sus tareas escolares?

Es cierto que todo el mundo se merece un descanso. Sin embargo, la mayoría de los pedagogos coinciden en que, para un pequeño de entre 3 y 5 años, realizar tareas o actividades educativas en verano, más que una pesada carga, es un entretenimiento.

Aunque, cuidado, no se trata de que sientes a tu hijo en la mesa todos los días para que cuente hasta 20 o haga un puzzle cada vez más deprisa. Se trata de que utilicéis algo tan importante como el juego para afianzar los conocimientosque ha aprendido (o los que han aprendido los niños de su edad que van al cole) y que así, al empezar el nuevo curso, todo le resulte bastante más sencillo. No hay que olvidar que los niños aprenden mucho por repetición.

Por eso, tanto si tu hijo ya ha asistido a algún curso de educación infantil como si no, organizar actividades divertidas que hagan hincapié en el conocimiento de su cuerpo, en el desarrollo de su capacidad sensorial, en la observación del entorno familiar y social y en el acercamiento a los números y a las letras, como contempla el currículo de esta etapa de enseñanza, siempre va a resultar positivo.

Ten en cuenta, eso sí, que los deberes en sí no son necesarios hasta que el niño empieza la Educación Primaria y tiene que enfrentarse a la comprensión y práctica de procesos más complicados, como las operaciones matemáticas, la lectura, la escritura… A esta edad sí que es importante no olvidarse de ellos en las vacaciones.

Pero ahora, hasta que tu hijo tenga la edad para realizar los deberes como tradicionalmente los entendemos, lo que sí puedes hacer es ayudarle a seguir descubriéndose a sí mismo y a conocer mejor el mundo que le rodea y el modo en que puede interactuar con él.

¿Cómo lo hago?

Primero, mentalízate de que sólo se trata de un juego, no una competición, y de que cada niño aprende de manera diferente y a distinta velocidad. Además...

  • Déjale que ponga en práctica la teoría. Ya lo dijo el famoso filósofo chino Confucio hace más de 2.500 años: “Dímelo y lo olvido. Enséñamelo y lo recuerdo. Déjamelo hacer y lo retengo”.
  • Elige el momento. Cualquier circunstancia y cualquier momento puede ser una ocasión idónea para aprender. Pero observa a tu hijo para saber si está más o menos receptivo (por lo general los niños están más frescos por la mañana, pero con los cambios de rutina que ocasionan las vacaciones tendrás que valorar cuándo es un buen momento para enseñarle).
  • Abre tu mente. A tus años está claro que dos más dos son cuatro, pero quizá esto no sea lo más importante que debe aprender tu hijo por el momento. Diversas investigaciones han demostrado que los preescolares piensan con mayor flexibilidad sobre un mundo imaginario que sobre un mundo real. Su pensamiento no está tan limitado a lo que ya saben que es cierto y siguen muy bien las normas del razonamiento deductivo, en lugar de limitarse a los hechos de sentido común. Déjale que explore, descubra y deduzca.
  • Ten en cuenta que no pasa nada por repetir mucho una actividad. Entre los 2 y los 5 años las habilidades del niño están cada vez menos relacionadas con su maduración y más con sus oportunidades, experiencia, práctica, interés y apoyo moral. Si le divierte un juego más que otro, jugad a ese juego más a menudo. Y no te olvides de decirle lo bien que lo hace y lo bien que lo pasáis juntos.
  • Recuerda que no son obligaciones. Estáis de vacaciones, lo que significa que no debe haber lugar para el estrés. Si habías pensado hacer tres actividades con tu hijo y sólo has hecho una, o ninguna, no pasa nada. Porque los meses de verano son ideales, sobre todo, para establecer otros vínculos con tu hijo. Aprovecha este tiempo de relax en que podéis estar juntos para conoceros mejor y dale la oportunidad de recordar dentro de unos meses lo bien que lo pasabais tomando un helado o chapoteando en el agua. La experiencia de ser feliz, junto a ti, es una lección que también le servirá en los siguientes meses.

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