El mindfulness en familia hace más felices a los niños

¿Sabes que vivir en “modo mindfulness” puede ser muy beneficioso para ti, pero también para tus hijos? Y lo bueno es que conseguirlo es mucho más sencillo de lo que piensas. Averigua cómo hacerlo.

 

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Múltiples beneficios para todos

Te descubres haciendo tareas de forma automática, llevas al niño a la guardería sin ser consciente del trayecto que has realizado, respondes a tu hijo mientras miras el móvil o piensas en otra cosa... ¿Te sientes reflejada en alguno de estos comportamientos?

Si es así, es importante que conozcas cuanto antes el mindfulness, (que significa algo así como “vivir con conciencia plena”).

Y no solo por ti, también por tus hijos, que pueden beneficiarse de esta terapia basada en una antigua tradición budista. 

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Tiempo de atención plena para el niño

Aunque en general un niño vive más en el presente que un adulto (puede tener una rabieta en un momento y estar jugando felizmente al minuto siguiente), tu modo de vida y el de tu pareja afectan a tu hijo. 

Además, el hecho de que estéis diciéndole constantemente lo que debe hacer (vístete, desayuna rápido, ven aquí, termina pronto los deberes...), puede llevarle a una desconexión consigo mismo. Por eso, es importante que apliquéis el mindfulness en familia. 

Pero, eso sí, antes de nada recuerda que la clave esencial del mindfulness con tu hijo es dedicarle tiempo de atención plena.

Y que tener a mano el móvil durante este tiempo está reñido con ello. Ponlo en “modo silencio” y reprime tu impulso de hacer una llamada o consultarlo en cuanto el peque empieza a jugar. Si lo haces, dejará lo que esté haciendo y te reclamará, como si tuviera un radar que le indicara que no estás prestándole atención. Además, tu mente se dispersará y él lo notará y se sentirá intranquilo. 

Del mismo modo, en la medida de lo posible reserva los quehaceres diarios para los momentos en los que el niño esté viendo los dibujos o dormido. Así vuestro tiempo juntos será más satisfactorio y habrá menos roces. 

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Empieza desde que es bebé

Sí, aunque te parezca mentira puedes comenzar a aplicar la terapia mindfulness en la vida diaria con tu hijo incluso desde sus primeros meses de vida. ¿Cómo hacerlo? 

Practica la meditación con él cuando esté dormido. Envuélvelo en una mantita y siéntate con él en el suelo, apoyando tu espalda contra una pared. Concéntrate en tu respiración y en la suya. Intenta no pensar en nada; considera tus pensamientos como nubes que pasan de largo.

“Suéltalos” y redirige tu atención al momento presente. Sentir tu cuerpo y el contacto físico con tu pequeño te conducirá a un estado de enorme bienestar y relax. Y el bebé lo percibirá.

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Con niños más mayores

A partir de los 3 años ya puedes comenzar a aplicar otros ejercicios con tu hijo: 

Tumbaos juntos, cada uno con un peluche sobre la barriga. Al inspirar (respiración profunda) el vientre y el peluche bajan; al espirar, suben. Así enseñas al niño a ser consciente de su respiración. Hazlo antes de acostarlo o cuando esté nervioso. Y ten paciencia; puede que al principio no colabore, pero seguro que acaba pidiendo este juego. 

Deja que tu hijo se convierta en tu maestro en mindfulness. Proponle practicar juntos un juego con plena atención, en el que él sea el líder.  O dad un paseo “mindfull”, siguiendo su ritmo; esto implicará que os detendréis muchas veces, para subir un muro, examinar un caracol, acariciar un perro... 

Colorea junto a él. Déjale una hoja de papel y rotuladores o lápices de colores mientras tú coloreas plantillas tipo mandalas. Para ti, colorear reduce tu ruido interior y entrena tu capacidad para enfocarte en una sola actividad. Para el niño, hacer dibujos estimula su motricidad fina. Hacerlo juntos contribuye a elevar el placer. 

Acuerda con él no hablar durante varios minutos, para así escuchar mejor los sonidos del entorno. Luego podéis contaros lo que cada uno ha percibido. 

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Ejercicios para ti

Practicar mindfulness significa cambiar los patrones automáticos mediante sencillos ejercicios. Practica estos cada día.

Elige una actividad que hagas a diario (ducharte, preparar el café...). Desde ahora la realizarás conscientemente, sin mirar el móvil y sin pensar en otra cosa, dedicándote simplemente a estar y sentir.   

- Dos veces al día, haz tres inspiraciones lentas por la nariz, espirando el aire por la boca.  

Elige un lugar tranquilo y siéntate diez minutos. Observa tu respiración y siente tu cuerpo. ¿Te duele algo? 

Anota en un diario en qué momentos del día recurres al piloto automático. Y escribe qué te ha producido estrés o alegría esa semana. Presta atención a estas vivencias y no las critiques, solo observa tus anotaciones.

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Prueba de eficacia

Para comprobar los efectos del mindfulness en los más pequeños, en Estados Unidos se dio un curso a niños de 4 años.

Durante tres meses practicaron esta terapia dos veces por semana, durante media hora.

Después se comparó a este grupo de niños con otro que no había recibido el curso.

Todos los niños del primer grupo habían mejorado en control de las emociones e impulsividad, generosidad y rendimiento escolar. 

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