¿Es tu hijo "demasiado bueno"?

Es muy fácil convivir con ellos, pero... requieren un plus de atención para no pasar por alto sus necesidades.

 

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Con él todo parece más sencillo

Un niño obediente y tranquilo resulta más sencillo de educar que uno inquieto y rebelde. Es evidente. Pero en ciertos aspectos requiere un “plus” de atención, para no pasar por alto sus necesidades.
Si tu hijo duerme bien, come sin problemas, tiene reacciones moderadas, se calma con facilidad tras una rabieta y acepta tranquilamente los cambios (personas nuevas en su entorno, sabores diferentes en su alimentación...), ¡estás de enhorabuena! Su buen temperamento le lleva a hacerse querer, facilita su adaptación a situaciones como el inicio del cole y evita que tenga problemas con sus compañeros y maestros.

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Casi nunca protesta

Es fácil presumir de un niño especialmente bueno y resaltar la forma tan ejemplar que tiene de comportarse. Y esto, lógicamente, acentúa sus buenas conductas y su afán de complacer a los que le rodean. Pero has de estar atenta a sus señales para no pasar por alto sus necesidades:
• Atiéndele siempre que te reclame. Como no suele protestar ni reclamar, acudiendo a su lado le animas a comunicarse y le enseñas a expresar sus deseos.
• Si ves que siente rabia, tristeza, miedo, etc. y no lo manifiesta, consuélale y anímale a verbalizar estos sentimientos.

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Tiene mucha empatía

Por otro lado, ten en cuenta que si en general todos los pequeños son sensibles al estado emocional de sus padres y suelen percibir la tensión, las riñas y el mal ambiente, el niño “bueno” lo es en grado sumo. Por eso está pendiente y se preocupa si te nota enfadada o triste. Estas recomendaciones son importantes:
• No comentes tus problemas en su presencia. Si tu pareja y tú discutís y él lo nota, explícale pronto que lo vais a solucionar.
• Si te pregunta si te pasa algo y es así, díselo. Puedes responderle: “Sí, estoy triste (o cualquier otro sentimiento), pero no te preocupes, no tiene nada que ver contigo y se me pasará”.
• Si reñís, haced siempre las paces. Si no, se quedará angustiado.

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Siempre obedece

Es otra característica del niño bueno. Obedece para asegurarse tu afecto, pero también porque percibe claramente vuestras expectativas y las de sus adultos de referencia (abuelos, tíos, maestros...).
Ante esto, un consejo: no le riñas en las pocas ocasiones en las que se decida a llevarte la contraria; que se atreva a expresar lo que piensa y quiere es positivo, ya que le ayuda a descubrir quién es y cuáles son sus deseos.

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Busca ser perfecto

Es posible que tu hijo quiera hacerlo todo bien y cualquier error le parezca inaceptable. Y puede que deje de hacer algo por miedo a fracasar. Si le ocurre:
• Intenta rebajar tu nivel de exigencia, tanto contigo como con él.
• Reconoce tus propios errores delante de él. Le animará a imitar tu actitud.
• Elogia sus actividades por el esfuerzo y su entusiasmo al hacerlas, más que por el resultado final que consiga.
• Ayúdale a buscar la mejora en sus tareas, no la perfección. Y si se equivoca, anímale a intentarlo de nuevo.

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Es curioso...

Hay niños muy perfeccionistas porque creen que el cariño de sus padres está condicionado a lo que hacen, no a su persona. Este convencimiento provoca que se marquen el listón cada vez más alto tratando de no defraudar, lo que aumenta su tensión.

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