Aplica en casa la filosofía Montessori

Siete tips que te ayudarán a aplicar sus principios con tu hijo.

 

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Del aula a casa

Es complicado resumir en pocas palabras en qué consiste el método de enseñanza que ideó la italiana María Montessori a principios del siglo XX y que ha conquistado a miles de padres que hoy lo eligen para la educación y desarrollo de sus hijos.
Estamos ante una filosofía, una manera de ver el mundo que respeta la psicología natural y el desarrollo físico y social del niño, utilizando un lenguaje que le proporciona expectativas; que le alienta a ser un pensador crítico, independiente y motivado.
Probablemente la mejor manera de explicarlo es escuchando las frases más comunes que los profesores que utilizan este método emplean con sus alumnos.
Te contamos además cómo adaptarlas del aula a casa.

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"He visto que has trabajado duro"

Se trata de que como padres nos centremos en el proceso, más que en el resultado. Es decir, en elogiar todo el desarrollo de su trabajo en lugar de solo concentrarnos en alabar el producto final. Es uno de los principios en los que se basa la educación Montessori y con ello estamos inculcando una mentalidad de crecimiento donde el niño creerá que puede mejorar siempre a través de sus propios esfuerzos.
Eso se consigue diciendo frases del tipo "cuánto me ha gustado cómo te has estado preparando los exámenes", más que el hecho de darle la enhorabuena por las buenas notas. Siempre aprenderá más con un "me ha gustado mucho cómo te has comportado con tu hermano, compartiendo tus juguetes con él cuando estaba llorando", que un simple "buen chico" o cualquier recompensa material.

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¿Qué piensas de tu trabajo?

Recuerda que en Montessori el niño es su propio maestro y el profesor está allí como una guía para darle lecciones y ayudarle, pero él debe descubrir las cosas por sí mismo a través de un ambiente y unos materiales cuidadosamente preparados.
Y aquí entra en juego el autoanálisis, que es esencial para ese descubrimiento. ¿Y cómo se consigue? Muy fácil. Si tu hijo te pregunta algo tan simple como "¿te gusta mi dibujo?" En lugar de decirle que sí, que te encanta, ve más allá, indaga y hazle preguntas sobre él: ¿Por qué has elegido esos colores y no otros? ¿Qué significa ese corazón al lado de mamá?, etc… Tiene que aprender a valorar su trabajo por sí mismo, no buscar siempre tu aprobación.

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¿Dónde crees que has podido ponerlo?

Sí, es cierto que a veces estamos agotados y es más fácil decir “está ahí, en el cajón de la derecha”, pero la clave para darles esa independencia que tanto define a la filosofía Montessori está en ayudarles a hacer las cosas por sí mismos.
Si está buscando algo y no lo encuentra, en lugar de decirle directamente dónde está, ayúdale con estas preguntas: ¿dónde crees que puedes haberlo puesto? ¿dónde crees que mamá ha podido dejarlo? ¿dónde estabas cuando te quitaste los zapatos? Puede ser un poco tedioso, pero al final valdrá la pena cuando veas que tu hijo comienza a tomar la iniciativa en lugar de recurrir siempre a su mamá.

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¿De qué manera puedo ayudarte?

En las aulas Montessori los niños suelen ser responsables de muchas tareas, como regar las plantas, recoger los juguetes, limpiar las mesas… Es bueno que tenga estos pequeños trabajos, pero hay días en los que tu hijo puede estar especialmente cansado y, como todos nosotros, también necesita que le echen una mano.
Antes de lanzarte en su ayuda, porque le estarías mandando el mensaje de que no es capaz de hacerlo por sí solo, pregúntale mejor cómo le puedes ayudar.
Por ejemplo, si aún tiene que recoger su habitación antes de ir a la cama, pero ves que se ha hecho tarde y se le caen los ojos de sueño, pregúntale qué le parece que mamá recoja todos los peluches y él los coches. Este reparto de tareas le aportará responsabilidad y tu ayuda le recordará que a a veces hay que pedir ayuda sin que signifique que no seamos capaces de hacerlo solos en otra ocasión.

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Nuestra familia, nuestra casa…

Como los adultos, los niños quieren forman parte de la comunidad y utilizando el “nosotros” simplemente le estarás recordando cómo funcionan las reglas en esa comunidad. De esta manera, le trasmitirás todas las normas y comportamientos acordados en vuestra familia sin necesidad de usar un imperativo que quizá lo único que provoque sea una negativa o una lucha de poder. Si está, por ejemplo, jugando con la comida y no se concentra en la mesa, en lugar de un "para ya, estate quieto y ponte a comer", prueba con: ¿sabes cariño que en nuestra casa todos nosotros comemos sentados?

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Si está concentrado, no le interrumpas

En las clases Montessori se protege la concentración del niño. Normalmente se les da bloques de tiempo de trabajo ininterrumpido que favorecen el desarrollo de un estado de concentración profunda, sin horarios que le corten y le digan que ha llegado el momento de pasar a otra actividad.
Durante ese momento de trabajo no se le molesta, ni siquiera con el contacto visual, que a veces es suficiente para romper este estado. Cuando le veas en casa jugando, fabricando sus construcciones, no le interrumpas ni quiera para decirle lo bien que lo está haciendo. Déjalo para más tarde, deja que aproveche toda esa concentración.

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Sigue su ritmo, no le impongas el tuyo

No todos los niños se sueltan a andar a la misma edad, ni comienzan a hablar al mismo tiempo. Tampoco aprenden la tabla de multiplicar al mismo ritmo ni leen con la misma fluidez que otros a su misma edad. Y no pasa nada. Hay que confiar en él, hay que confiar en que nuestro hijo está siguiendo su propia línea de desarrollo interno y que todo lo que está haciendo lo hace por una razón. Los profesores Montessori te aconsejaran que “sigas el ritmo de tu hijo”, sin preocuparte los hitos que se supone debe alcanzar, sin obligarle a que él siga el tuyo.

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