¿Tu hijo te imita? Pues así aprende mucho

La imitación es la principal herramienta de aprendizaje para tu hijo. Pero recuerda que debes cuidar lo que haces delante de él.

 

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Ventajas e inconvenientes

Los niños pequeños son como esponjas y absorben todo lo que ven y escuchan a su alrededor. Pero además, lo imitan, y ahí reside en buena parte su capacidad para aprender tantas cosas en tan poco tiempo.
El problema es que copian lo positivo y también lo negativo, y eso tiene sus riesgos ahora que tu hijo desea dejar clara su “independencia” en cada momento. ¿Cómo aprovechar las ventajas de esta forma de aprendizaje y evitar sus inconvenientes?

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Con tu ejemplo, le enseñas mucho

Por imitación se aprenden habilidades y comportamientos. Aprovéchalo para enseñarle:

• Muestra siempre un lenguaje y comportamiento respetuosos (aunque pienses que está ocupado con un juguete, te escucha).
• Deja que te vea haciendo rutinas que está en edad de aprender (recoger sus zapatos, vestirse...).
Evita estereotipos a la hora de dividir las tareas del hogar y otras obligaciones con tu pareja.
Sigue buenos hábitos alimenticios. Es importante que vea que comes de todo, que no te saltas ninguna comida (haced juntos al menos la más importante del día, el desayuno), que no picas entre horas...
No emplees el cachete como forma de castigo (si no, pensará que pegar a otros niños es justo).

Además, dedica un rato a reflexionar sobre cómo quieres que sea tu hijo; así podrás ser más consciente del modo en que actúas ante él.

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Ojo con las actividades de riesgo

Todas las acciones que realizas ante tu hijo son susceptibles de ser imitadas por él. Por eso debes evitar en su presencia actividades como arreglar un enchufe, limpiar algo con lejía...

Además, sé muy cuidadosa con aquellas tareas que para ti son rutinarias, pero para el niño pueden convertirse en un riesgo: adviértele que los cuchillos sólo pueden ser usados por mayores y aléjalos de su alcance (al igual que los productos tóxicos y medicinas), protege los fuegos de la cocina, no cruces fuera del paso de cebra cuando vayas con él...

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Combatir el mal ejemplo

Aparte de su familia, tu hijo cuenta con otros modelos de imitación (amigos de la guardería, otros adultos) que le dan ejemplos, tanto buenos como malos.

Para combatir los segundos, dile lo mal que te parecen ciertas actitudes mencionándole sus consecuencias negativas (Bandura, psicólogo impulsor de la teoría del “aprendizaje por observación”, comprobó que el grado de imitación dependía de las consecuencias de las acciones).

Si además le enseñas una conducta alternativa, le resultará más fácil inhibir la inapropiada.

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El lenguaje también mejora así

El bebé o el niño en sus primeros años tiene que oír hablar para aprender a hacerlo. Por eso, cuanto más le hables tú, antes y mejor lo hará él.

Estas pautas te pueden ayudar a guiarle en su aprendizaje:

Cuéntale lo que haces, lo que ves... Así le hablas con frecuencia. Y hazlo usando un lenguaje ni muy complejo ni demasiado sencillo, intentando evitar frases muy largas.
No imites su forma de pronunciar. Es él quien está aprendiendo de ti, no al revés.
Cuando diga mal una palabra, no hagas referencia a su fallo, simplemente incluye en tu respuesta lo que él te ha dicho, pero expresado de forma correcta.
Si te pide algo señalándolo, sin hablar, dáselo a la vez que nombras el objeto.

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¿Lo sabías?

Está demostrado que a través de los juegos de imitación, el pequeño empieza a comprender el mundo que le rodea y a sentirse parte de él.

Por eso, independientemente de si es niño o niña, en el baúl de juguetes de tu hijo no deben faltar prendas para disfrazarse, enseres típicos de las tareas del hogar, utensilios de oficios (herramientas, instrumental médico...) y algún muñeco o peluche al que cuidar.

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