3 frases que no debes decir nunca a tu hijo

Aunque las digas pensando en su bien, pueden afectarle más de lo que crees y hacer que se sienta mal. Descubre por qué.

 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Las decimos con la mejor intención

Hay mensajes que transmitimos a los niños con nuestra mejor intención pero que, en lugar de animarles a mejorar, les confunden o hacen que se sientan mal. Y lo más curioso es que algunos de estos mensajes son los mismos que escuchamos cuando éramos pequeños. ¿Por qué ahora salen de nuestra boca? Probablemente, porque ni siquiera somos conscientes de cómo nos afectaron en su día, y porque, igual que les pasaba a nuestros padres con nosotros, queremos lo mejor para nuestros hijos y pensamos que con estas frases contribuimos a ayudarles.

Por eso lo mejor es que reflexionemos sobre nuestro modo de hablar con nuestros niños y tengamos en cuenta el efecto real que causa en ellos lo que les decimos. Y para ello, podemos empezar con estos tres mensajes, que probablemente hemos utilizado en algún momento.

"Lo entenderás cuando seas mayor"

Este mensaje transmite al niño la idea de que la gente mayor lo sabe todo y él, como es pequeño, es un ignorante. Y es una mala idea por dos motivos: afecta a su autoestima y le convence de que cuando crezca tendrá todas las respuestas, en lugar de enseñarle que habrá muchas cosas que no sepa (y que eso no será malo).

En realidad, el origen de este comentario suele estar en nuestra dificultad para explicar algo al niño, bien porque no lo sabemos, bien porque es un tema complicado para su edad. En el primer caso, lo mejor es decir a nuestro hijo que desconocemos la respuesta, pero que podemos buscarla juntos. Así aumentaremos su confianza en sí mismo, al tener que esforzarse para encontrar una solución y además, hacerlo con nosotros. Y, por otra parte, le enseñaremos que nadie es perfecto, tampoco sus padres.

En el segundo caso, si es un tema difícil de entender para el niño, lo más adecuado es darle una respuesta (así verá que atendemos su necesidad de saber), pero adecuada a su edad.

"Eres malo, ya no te quiero"

Si utilizamos esta frase cada vez que nuestro hijo hace una travesura, se angustiará mucho y su malestar le llevará a portarse aún peor. Los niños necesitan saber que el amor de sus progenitores es incondicional y no cambia en función de su comportamiento.

Si sustituimos esta frase por “no me gusta esto que haces”, estaremos poniéndole límites y enseñándole que no nos gusta su actitud, pero no estaremos criticándole a él como persona. Y esto, en lugar de mermar su autoestima, le animará a cambiar su actitud, a superarse y a ser más obediente.

"Yo, a tu edad, ya sabía hacer esto solo"

Con esta expresión subrayamos la incapacidad del niño para realizar una tarea, lo que aumenta su frustración y puede bloquearle en sus aprendizajes. Además, eliminamos la figura de referencia que somos para él y nos transformamos en su rival.

Claro que podemos hablar al niño de nuestra infancia, pero describiéndonos como niños que tuvieron que enfrentarse a las mismas dificultades que tiene él ahora. De esa forma, nuestro hijo entenderá que aunque ahora hay muchas cosas que le resultan complicadas, con el tiempo logrará hacerlas solo. Y así vivirá esperanzado e ilusionado.

Además de no usar estas frases...

Cuando hables con tu hijo sobre algo que no te gusta de su comportamiento...

- Evita emplear un tono fuerte o despectivo. Puede herirle más que las palabras que le dices.
- Echarle la culpa de todo. “Tardas tanto que no tengo tiempo de nada”, "me paso el día recogiendo la casa"... No sabrá qué es lo que no te ha gustado concretamente de su actitud y qué esperas de él en realidad.
- Corregirle delante de los demás. Se sentirá humillado y ese sentimiento se impondrá al resto y le impedirá centrarse en cambiar su actitud.

En lugar de esto, háblale con firmeza, pero con calma y cariño, déjale claro lo que quieres y atiéndele con interés cuando te explique sus razones. Así estableceréis una comunicación sana que os facilitará mucho la convivencia.

Publicidad - Sigue leyendo debajo