Los beneficios para los niños de estar en contacto con la naturaleza

Jugar en el parque o salir de excursión al campo es necesario para su cuerpo y para su mente. Trata de que tu hijo esté al aire libre el mayor tiempo posible.

 

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¿Trastorno de déficit de naturaleza?

¿Recuerdas el tiempo de ocio de nuestra infancia? Una gran parte se desarrollaba fuera de casa. En cuanto llegaba el calor y los días se alargaban, nos lanzábamos a la calle o al parque, salíamos de excursión con nuestros padres... ¡Qué situación tan distinta a la actual! Ahora el principal escenario de juego de los niños a partir de 3 o 4 años es su hogar. Y los efectos son tan importantes que se habla ya del Trastorno de Déficit de Naturaleza, un término acuñado en 2005 por Richard Louv, asesor del Comité del Desarrollo Infantil del Consejo Científico Nacional de los EE.UU, y muy bien definido en su libro “El último niño de los bosques”.

Según explica Louv, que se basó en investigaciones realizadas en el campo de la educación, la medicina, la psicología y la sociología, varias razones propician que los niños actuales tengan menos contacto con la naturaleza: el aumento del tráfico y la reducción de zonas verdes en las ciudades, la atracción que ejercen los juegos electrónicos y el miedo de los padres a que sus hijos jueguen fuera de casa y por lo tanto, alejados de su vista.

Los efectos negativos...

El problema, advierte Louv, es que pasar la mayor parte del tiempo dentro de casa (o del colegio) y tener poco contacto con la naturaleza causa efectos adversos en el niño:

- La falta de estímulos del entorno natural (los colores, sonidos y olores diferentes, los paisajes con amplias perspectivas...) afecta al uso que hace de sus sentidos.
- No disfruta del poder relajante de la naturaleza, lo que se traduce en más problemas de ansiedad, estrés, hábitos nerviosos...Y esto afecta principalmente al final del curso, cuando el niño está más cansado y nervioso y necesita espacios y momentos relajantes.
- Hay más riesgo de que sufra sobrepeso, porque en casa realiza menos actividad física que si juega fuera y salta, corre, trepa...
- Desconoce de dónde proceden muchos alimentos (la leche, la carne, las verduras...). Para él son productos del supermercado.
- Entiende menos la necesidad de proteger el medio ambiente, lo que traerá consecuencias negativas a largo plazo.
- No recibe suficiente luz del sol, necesaria para que el cuerpo sintetice la vitamina D (ayuda a absorber el calcio) y produzca melatonina y serotonina, hormonas del bienestar.
- Aprende peor. Se sabe que los colegios que no realizan actividades en el exterior ni utilizan métodos para conectar al alumno con su entorno natural obtienen resultados más pobres que aquellos en los que se imparten algunas asignaturas fuera de las aulas.

Lo bueno de jugar fuera

El contacto frecuente con el exterior tiene efectos positivos para el niño:

- Le enseña mucho. Seguir el rastro de las hormigas, ver las distintas plantas, encontrar una tela de araña con una mosca... Le ayuda a comprender mejor el ciclo de la vida y a conocer las cosas que, si no, solo vería en libros.
- Le anima a superarse. Fuera de casa se enfrenta a retos distintos: subirse a un árbol, columpiarse alto en el columpio... Superarlos le da una inyección de autoestima.  
- Estar en un entorno natural estimula su fantasía, al ser un ambiente no estructurado en el que tiene que inventar sus propios juegos.
- Un estudio de la Universidad de Illinois (EE.UU.) demostró que interactuar con la naturaleza reduce los síntomas del Trastorno de Déficit de Atención sin Hiperactividad.

Ideas para disfrutar al aire libre

Ahora que ya sabes lo necesario que es para tu hijo el contacto frecuente con la naturaleza, asegúrate de ofrecérselo. Aquí tienes ideas:

- Llévale al parque a diario y anímale a subirse a los columpios, juega con él junto a otros niños para favorecer que se acerque a ellos...
- Planea escapadas de fin de semana, sobre todo si vivís en la ciudad. Salid a pasear por el monte y anímale a recoger del suelo hojas o piedrecitas que luego podrá usar para hacer manualidades o coleccionar. Esta será su manera de conocer y “poseer” el mundo y le servirá de aprendizaje.  
- Otra idea es llevarte de casa materiales para inventar juegos, como una vieja sábana y pinzas para hacer una cabaña; una caja de cartón para meter sus ‘tesoros’ o una libreta donde él pueda dibujar lo que le llame la atención.
- Déjale hacer cosas que no hace normalmente (eso sí, sin perderle de vista) como trepar a un árbol, meter los pies en un río... Y anímate a hacerlas tú, fomentarás vuestro vínculo.
- Deja en casa la tablet, las maquinitas y otros dispositivos electrónicos. No conviene que los use ni siquiera durante el viaje. Estar totalmente desconectado es necesario para su bienestar mental y físico.
- Del mismo modo, procura desconectar tú también y olvidarte lo más posible del móvil, de las redes sociales, del Whatsapp... Estas distracciones te roban tiempo de calidad y momentos tranquilos con tu hijo.

¿Y los niños que juegan dentro de casa?

Un estudio sobre el juego y el ocio de padres y madres con hijos de entre 3 y 14 años, realizado por Petra Mª Pérez, catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia, ha arrojado estas conclusiones:

- Los niños cada vez tienen menos tiempo para el juego: a diario le dedican una hora, aunque en fines de semana el 50% juegan 4 horas.
- Ese tiempo transcurre principalmente en casa, el juego en la calle es prácticamente inexistente (y a más edad de los padres, más tiempo de juego en el hogar).
- Un tercio de los niños juega solo y sobre todo con maquinitas, videoconsolas...

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