¡Mi hijo está todo el día enfadado!

Hace tiempo que tu niño o niña dejó atrás la edad típica de la rebeldía. Sin embargo, sigue enfadándose con mucha facilidad. ¿A qué se debe su comportamiento?

 

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Averigua la causa de su enfado

El hecho de que un niño de 2 años, o incluso de 3, se coja una rabieta cuando no consigue lo que quiere es normal: aún debe aprender a controlar sus emociones.

Pero si a partir de los 5 años tu hijo sigue teniendo una actitud protestona y poco colaboradora de forma habitual, es importante que averigües la causa de este comportamiento. Los estudios muestran que si a esta edad no ha adquirido un buen control emocional, en los siguientes años los problemas irán en aumento.

Cada niño es único y en cada caso la razón de su actitud puede ser distinta. Pero hay tres motivos muy habituales que pueden hacer que un niño esté siempre de mal humor: la falta de límites, el hecho de estar pasando una situación complicada o ser un niño de alta sensibilidad.

Una posible razón: falta de límites

Marcos está continuamente enfadado. Pide mucha atención, no sabe entretenerse solo y aunque ve todos sus deseos cumplidos, nada le parece suficiente. Su problema es que, con tal de ahorrarle disgustos, sus padres no le ponen límites y hacen por él lo que no le sale. Debido a ello no ha aprendido lo que es la frustración y, como consecuencia, no tiene autocontrol ni conoce el gozo de lograr algo por sí mismo. Esto ha hecho de él un niño inseguro y exigente.

Qué hacer

Para acabar con la mala actitud de Marcos es necesario que sus padres le pongan límites de un modo claro y decidido. Al principio protestará, pero a las tres semanas habrá un cambio en él: se sentirá más seguro, empezará a desarrollar el autocontrol, se volverá más colaborador y comunicativo, sabrá jugar solo y estará más feliz.

Otra causa: una época difícil

Mónica está últimamente de mal humor; sus padres se han divorciado y ella expresa su desconcierto y su tristeza mediante enfados continuos. Por su parte, Carlos llora y se enfada a menudo desde que nació su hermano; nota que ahora hay otra persona (el bebé) a la que sus padres prestan atención y no sabe cómo encajarlo. En Mónica y en Carlos esta actitud no es habitual; en ambos casos, si sus padres saben gestionar bien la situación, el mal comportamiento será algo pasajero.

Qué hacer

En cuanto a Mónica, es esencial que sus padres le dejen espacio para expresar sus sentimientos y que organicen bien el tiempo con cada uno: así entenderá que los dos siguen queriéndola y que formará parte de las vidas de ambos. En cuanto a Carlos, si le implican en los cuidados del bebé y le dedican tiempo exclusivo a diario, irá comprendiendo que sigue siendo igual de importante para sus padres.

Puede que sea un niño de alta sensibilidad

Enrique protesta y lloriquea a todas horas. La razón es que es un niño con alta sensibilidad, que vive todo con mucha intensidad y necesitaría una vida sin estrés y tiempo de juego libre para desconectar.
Pero su día está plagado de actividades extraescolares y deberes y cuando llega a la cama no ha tenido tiempo de asimilar lo que ha pasado en la jornada, por lo que su sueño es intranquilo.

Qué hacer

Los padres de Enrique deben aprender a reconocer las señales que reflejan su alta sensibilidad (irritabilidad y nerviosismo) para saber cuándo está saturado su umbral de impresiones. Y tienen que ofrecerle más tiempo de juego libre, así el niño elaborará sus vivencias y expresará jugando lo que le atormenta o le impresiona.

Las claves para que se sienta feliz

En los casos citados, y en general en el de cualquier niño, para que se sienta feliz necesita tener estas condiciones:

- Contar con unos padres entregados y afectivos que le den amor y le pongan normas; que entiendan su carácter y sus peculiaridades y que al mismo tiempo le exijan conductas de acuerdo con su edad.
- Saber que le valoran y le quieren por ser como es.
- Pasar tiempo junto a sus padres, pero disfrutar también de cierta autonomía. Es bueno animarle a ser independiente y a hacer cosas por sí solo.
- Disponer de suficiente tiempo libre diario para jugar.
- Tener contacto con la naturaleza y los animales.

Un caso especial: el ODD

En ocasiones, un comportamiento muy acusado de rebeldía y enfrentamiento continuo puede ser síntoma del llamado Trastorno Oposicionista Desafiante (ODD, en sus siglas inglesas), que hace que el niño mantenga en todo momento una actitud negativa y hostil hacia las personas que representan autoridad.

Se trata de un problema de conducta que hace necesario un tratamiento con ayuda profesional.

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