5 razones por las que es bueno poner límites a los niños

Descubre por qué los necesita y cómo puedes hacerlo para que resulten efectivos y le ayuden a crecer.

 

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Parte esencial de su educación

Educar a un hijo implica acompañarlo en su crecimiento con amor y dedicación, trabajando día a día para ayudarle a convertirse en una persona segura y confiada. Sin embargo, el afán por conseguir que nuestro pequeño viva una infancia feliz y el deseo de darle lo mejor puede llevarnos a concederle siempre todo lo que quiere, pensando que de este modo evitaremos que sufra frustraciones y pase malos ratos.

Y esto es un error, porque lo mejor para un niño no coincide, en muchas ocasiones, con lo que él desea ni con lo que más le gusta. Por eso es necesario que nosotros le pongamos límites y sepamos decirle “no” a tiempo. Si lo hacemos con cariño pero con firmeza, manteniéndonos seguros en nuestra postura, nuestro hijo irá poco a poco aprendiendo a aceptar el “no” igual que acepta el “sí”. Y esto contribuirá a su educación de una forma muy positiva por cuatro razones concretas.

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Los límites le dan seguridad

Para el niño sus padres son su referente y también la guía que le enseña qué está bien y qué está mal y cuál es la mejor manera de actuar. Si nos comportamos teniendo esto en cuenta, el pequeño se sentirá protegido por alguien más fuerte y que sabe lo que conviene hacer, lo que a la larga repercutirá en su confianza en el mundo que le rodea y en sí mismo.

Sin embargo, si optamos por no marcarle ningún camino y dejar que él sea quien elija qué debe hacer, lo único que conseguiremos será que se sienta perdido. Al fin y al cabo, no tiene ni el conocimiento, ni la madurez ni la experiencia necesarios para poder decidir cuál es la mejor opción. No poner límites al niño le convierte a la larga en un adulto inseguro.

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Hacen que se sienta cuidado

A ningún niño le gusta que le pongan límites. Pero, aunque parezca paradójico, si no lo hacemos nuestro hijo concluirá que “pasamos” de él, que nos da igual lo que haga. A medida que vaya creciendo un poco comparará nuestra actitud con la de los padres que sí ponen normas a sus amigos. Y, en lugar de considerarse afortunado por su "libertad", sentirá que los otros niños son los que tienen suerte porque sus padres los quieren y se interesan por ellos.  Por el contrario, si le decimos “no” ante algo que no le conviene, sentirá que nos importa, que nos preocupamos por él y que le cuidamos.

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Le transmiten valores

Poner límites a los niños implica ir marcándoles día a día las actitudes que están bien, los comportamientos que son incorrectos o en qué modo deben tratar a los demás. Al principio para ellos son solo normas que deben cumplir. Pero a medida que se van acostumbrando a ponerlas en práctica, van comprendiendo e interiorizando las enseñanzas y los valores que hay detrás de ellas: educación, respeto, solidaridad, paciencia...

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Le enseñan a aceptar la frustración

Los expertos en educación aseguran que si un niño no vive pequeñas frustraciones durante sus primeros años de vida, cuando llegue a la edad adulta no sabrá enfrentarse a los obstáculos ni aceptar los fracasos. El resultado: se convertirá en una persona insegura, incapaz de buscar soluciones o de recuperarse de los errores y, sobre todo, infeliz. Por eso son tan importantes nuestros noes en la infancia: aunque nuestro hijo proteste, le ayudan a crecer.

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